Gildar (2.078)

ASCENSIÓN DESDE PANDERRUEDAS

POR EL VALLE DE FRAÑANA Y CRESTEO CON EL CEBOLLEDA (2.054)

En el extremo oriental de la Montaña Leonesa, encajado entre Picos de Europa, el Alto Carrión, Riaño y el Mampodre, nacen los modestos ríos que dan origen al Esla, rodeados de altas crestas, algunas de cuyas cumbres superan los 2.000 metros de altitud, aunque, con vecinos tan ilustres, pasan un tanto desapercibidas. El Gildar es el pico más alto de estas sierras y se levanta en el tramo de divisoria cantábrica entre los puertos de Pandetrave y Panderruedas que separa las cabeceras de los ríos Cares y Orza. Respecto al Cebolleda, es una punta secundaria pero defendida por aristas afiladas y grandes llambrias que le dan un aspecto imponente.

El Gildar es la típica montaña cantábrica, verde y suave, con sus bosques en el fondo de los valles y sus prados en altura. Sin embargo, las culminaciones se afilan cuando aparece la roca. También es habitual en esta comarca una relativa soledad. Pese a ser la cumbre más visitada del conjunto de la cabecera del Orza, las subidas al Gildar están poco marcadas y las sendas van a los collados; no a la cima, que no atraía para nada a los ganaderos que las abrieron.

Tras acercarse al curso del Cares desde Panderruedas, la ruta remonta el río, superando su cabecera hasta el collado que se abre al norte del Gildar. Sigue a continuación la cuerda pasando por dicha cima y el Cebolleda, hasta la peña Pequeñina. Desde allí, desciende al norte por el cordal de las Cerrás de Cuénabre, que desemboca en el puerto.

La pareja Gildar y Cebolleda sobre la cabecera del Cares, vistos desde el noroeste

SITUACIÓN:

  • Zona: Montaña Leonesa Oriental (Cordillera Cantábrica)
  • Unidad: Alto Esla
  • Base de partida: Puerto de Panderruedas (León)
ACCESO: El Puerto de Panderruedas está situado en el noreste de la provincia de León y se abre entre la divisoria de la Cordillera Cantábrica y las estribaciones meridionales del Macizo del Cornión, en los Picos de Europa. Carente de servicios, las poblaciones de cierta entidad más cercanas son Riaño (22 km) si se llega por el sur, Oseja de Sajambre (16 km) por el norte y Posada de Valdeón (10 km) por el este. Puedes calcular un itinerario desde tu lugar de origen hasta el lugar de partida de la ruta en el siguiente link a GoogleMaps.

OTROS DATOS:

  • Cota mínima / máxima: 1.300 / 2.078
  • Mi tiempo efectivo aproximado: 4h15
  • Mi tiempo total: 6h00
  • Dificultades: F+, en las condiciones del día, con nieve continua de buena consistencia por encima de los 1.500 m de altitud. La subida a la cumbre desde la Horcada de Cable mantiene pendientes de entre 30 y 40º. La subida al Cebolleda, prácticamente limpia ese día, es una arista aérea con un par de pasos cortos de II grado y muchos de I.
Mapa tomado del visor Iberpix. ©INSTITUTO GEOGRÁFICO NACIONAL DE ESPAÑA

LA RUTA: Salir del Puerto de Panderruedas hacia el sur, por el camino antiguo a Posada de Valdeón. Tras cruzar el Río Cares, tomar una senda a la derecha (S), que entra en el Valle de Frañana. Cuando la traza se esfuma, seguir remontando el barranco por donde mejor parezca hasta la cuenca donde se levanta la Cabaña de Frañana. Girar a la izquierda (E) y subir por la vaguada a la Horcada de Cable (F). Seguir la loma a la derecha (SE) hasta la cumbre del Gildar (F+).

Continuar por la arista a la derecha (SO), pasando por el Pico Cebolleda (F+), hasta la Peña Pequeñina. Girar a la derecha (NO) para seguir la loma que baja por las Cerrás de Cuénabre hasta el Collado de la Vieja. Allí, con la referencia de un tendido eléctrico, buscar el camino que va debajo para tomarlo al NE hasta el Puerto de Panderruedas.

Croquis de la ruta sobre ©GOOGLE EARTH

COMENTARIOS: Bonita y amena ascensión a un fantástico mirador. La variedad de parajes que recorre esta ruta incluye bosque, prados de altura, lomas e incluso un corto tramo de arista aérea donde trepar un poquito. Muy aconsejable, aunque quien tenga vértigo hará mejor en prescindir del Cebolleda, o bien rodearlo por el norte y alcanzar la cima desde el collado oeste.

Con nieve, sin oponer dificultades adicionales, hacen falta crampones y el piolet es muy aconsejable para remontar con seguridad las rampas más empinadas. Respecto a la arista, al ser aguda, la encontré prácticamente despejada de nieve.

RELATO GRÁFICO:

Salí del Puerto de Panderruedas pocos minutos después de las diez de la mañana. El día estaba claro y despejado; sin embargo, no hacía mucho frío. Ideal para salir al monte. Comencé a caminar por una pista de tierra y grava, cerrada con cadena, que sale al sur del puerto y baja suavemente entre hayas, a través de cuyas copas desnudas iba viendo las crestas nevadas que más tarde recorrería. Poco después de cruzar el Río Cares, tomé un desvío que sale a la derecha (S).

El camino, más estrecho y peor acondicionado, atravesaba el bosque ganando suavemente altura. En algunos tramos, estaba marcado por hileras paralelas de grandes piedras. Tras vadear un arroyo, salí a un prado amplio rodeado de árboles. Volviéndome en medio del claro, podía ver la Sierra del Caballo, límite sur del Cornión, y la Peña Santa asomando un poco a la izquierda.

Seguía ahora un trazo en la hierba, estrecho, pero bien claro para seguirlo.

Al entrar de nuevo en el bosque, desapareció todo trazo de senda, pero, no siendo incómodo el terreno y contando con la referencia del curso de agua a mi derecha, continué remontando el valle.

Cuando clareó el bosque, me encontré que el terreno se empinaba y además estaba poblado por un incómodo matorral. Bajé entonces al cauce y lo vadeé para terminar de remontar el valle por la otra orilla, cubierta de prado y menos escabrosa. Al llegar a una cuenca donde confluyen varios barrancos, vi un camino en la otra vertiente, pero no sé de dónde arranca, aunque, en todo caso, la subida tal como la hice no fue mala. En ese lugar también pude ver con claridad el Gildar por primera vez en el día, que asomaba sobre un resalte.

Por encima de la confluencia, en otro rellano a la derecha según se sube, está la Cabaña de Frañana. Sin llegar a ella, giré a la izquierda (E) para continuar subiendo por…

… una terraza que sube en diagonal hacia la Horcada de Cable, que se abre al norte del Gildar. La nieve era ya continua y estaba bastante consistente, permitiendo un avance cómodo y rápido. Siempre con la referencia del collado, …

… crucé un par de barranquillos mientras ganaba altitud por una pendiente que nunca es fuerte. Cada vez que me volvía, me encontraba con la Cordillera Cantábrica, que iba asomando gradualmente al oeste. Lo más destacado de momento, la sucesión de peñas del Cordal de Ponga sobre las Cerrás de Cuénabre, por donde luego bajaría.

Sin llegar a la Horcada de Cable, giré a la derecha (SE) para remontar una pala de nieve en el flanco derecho del lomo del cordal, lo que me pareció más práctico y también cómodo, pues la cuerda desnuda de nieve y parecía cubierta de cantizal o matojos. A mi derecha, levantando la vista, podía ver…

… el Pico Cebolleda. Con esas grandes llambrias bajo la cresta aérea, tiene un aspecto más agreste que el del Gildar. Al otro lado, eran visibles…

… las sierras del Caballo y Beza, más todo el frente sur del Cornión y…

… parte de los Urrieles sobre la rampa nevada que iba superando. Por cierto, que fue en el último tercio donde encontré las zonas más empinadas, con una pendiente que se mantuvo bastantes metros entre los 30 y 40º. Cuando empezó a tenderse, vi a mi derecha…

… el hito cimero y me dirigí hacia él. Alcancé la cumbre del Gildar hacia las doce y media. Al oeste, me impresionó especialmente…

… la agreste cara norte de los Picos de Mampodre. Más a la derecha, bajando la mirada, encontraba…

… el valle de Frañana, por donde había llegado, con Peña Ten y el cordal de Ponga al fondo. Siguiendo el giro, ya…

… los Picos de Europa llenaban el horizonte septentrional.

Al este y el sur, la Sierra mediana, el Alto Carrión y los cordales meridionales del Alto Esla dominaban el panorama como un mar de picos, incluyendo…

… la placidez del Coriscao frente al…

… carácter vertical y descarnado de un Espigüete cargado de hielos.

Tras un rato en la cumbre, a la una y cuarto decidí reemprender camino, impulsado más por las nubes oscuras que veía llegar del oeste que por voluntad de dejar este privilegiado mirador. Como tenía intención de visitar su satélite Cebolleda, me dirigí al suroeste por el cordal que los une que, al principio, encontré horizontal y con ancho suficiente para caminar por el mismo lomo.

Enseguida, la cuerda desciende acusadamente hacia el Collado de Cebolleda, desde donde pude ver completo el pico homónimo, que me pareció realmente hermoso.

El collado está dividido por un pequeño cueto, que rodeé por la derecha para llegar al pie de la arista. Allí, me encontré un primer resalte, que superé por una placa inclinada del flanco derecho. Es una trepada de apenas 6 metros por roca lisa y empinada, pero llena de apoyos (II). Superado el escalón, encontré un corto tramo horizontal, aéreo, pero con el lomo suficientemente ancho y regular como para caminar por el mismo.

A continuación, me encontré ante un segundo resalte. Había rastros de paso por una repisa en el lado izquierdo, pero, no fiándome de la estabilidad de la nieve que la cubría, preferí rodear la arista por la derecha, por una rampa de nieve consistente. Enseguida, tras dejar atrás una curiosa “ventana”, encontré una corta chimenea (4m / II-), por la que regresé a la arista.

Sigue un tramo de arista regular pero más afilado, donde de vez en cuando tuve que apoyar las manos para asegurar el equilibrio. Se puede rodear bajando un par de metros a la izquierda; incluso hay rastro, pero ir por el filo mismo es más bonito y entretenido y no resulta caro (I).

Antes de las dos menos cuarto estaba pisando la cima del Pico Cebolleda. Echando una mirada atrás, podía ver la arista que acababa de recorrer desde el Gildar y, más lejos, los Picos de Europa.

Por lo demás, el panorama desde aquí es bastante parecido al de la cumbre principal, excepto un mejor ángulo hacia el sur, donde se apreciaba el tajo abierto por el Río Orza entre el Pandián y los montes de Riaño, donde destacaban…

... las Peñas Pintas detrás del Yordas.

Como no dejaban de entrar nubes y el viento empezaba a refrescar, no me quedé mucho tiempo, apenas diez minutos, antes de retomar la marcha. Me dirigí al principio al oeste, por un lomo horizontal que se proyectaba hacia el Mampodre. Enseguida, giré con el cordal a la derecha (NO) para…

… bajar por la amplia cuerda, cubierta sólo a medias de nieve. Desde aquí podía ver casi todo el descenso, por la cresta de la sierra al primero y luego por la de las Cerrás de Cuénabres, que sale a la derecha (N).

La nieve empezó a escasear en algunos tramos mientras avanzaba por el cordal.

Tras una bajada más intensa, pasé una zona movida, de …

… cantos irregulares, pero que no planteó más problema que mirar dónde ponía el pie.

Así llegué a Peña Pequeñina, modesta prominencia que forma el nudo de varias crestas, donde cambié aquí de cordal, tomando el que sale a la derecha (NO). No sin antes volverme a…

… echar otro vistazo al Gildar y el Cebolleda, que no me cansaba de mirar.

La loma pasa por una serie de pequeñas prominencias, llamadas Cerrás de Cuénabres, separando el Valle de Frañana, de…

… su vecino occidental, llamado de la Iglesia y cuya cabecera aparecía así de bonita.

En fin, que, para acabar la jornada, encontré una tranquila bajada, de las de demorarse, dejando que los ojos recorran, por ejemplo, al Cornión, más allá de los omnipresentes Gildar y Cebolleda.

Según avanzaba por la arista, fui acercándome también al bosque que prospera en sus zonas bajas. A estas alturas, me encontré ya con una senda que, cuando la nieve la dejaba ver, estaba bastante clara. Pasando una última prominencia, el Pico Alto, llegué…

… al bosque y entré en la Poza Perro, que es una especie de depresión donde la loma se ensancha y aplana entre densa vegetación. Siendo la nieve continua en este rellano abrigado del viento, se me hizo bastante difícil determinar a veces la buena dirección, pero conseguí llegar, no sin alguna revuelta, a un claro que se abre en su extremo norte, el Collado de la Vieja.

Ahí busqué y encontré la referencia de un tendido eléctrico. Bajo el mismo va un ancho camino, casi una pista, en dirección noreste. El carril deja de lado la referida línea para continuar bajando, abriendo un pasillo en los árboles sobre el que impresiona el paredón de la Sierra del Caballo, hacia el Puerto de Panderruedas. Mientras bajaba hacia allí, empezó a chispear, por lo que aceleré el paso. Hacia las cuatro de la tarde llegaba al coche mientras la lluvia arreciaba. Justo a tiempo.

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