Cogollo de Cebolleo (2.089)

ASCENSIÓN DESDE VILLAR DE VILDAS

IDA Y VUELTA POR EL VALLE DE PIGÜEÑA

El Cogollo de Cebolleo es una cumbre destacada de la divisoria cantábrica en el tramo que, entre los puertos de Somiedo y Leitariegos, separa la comarca leonesa de la Laciana y la asturiana de Somiedo. No tan alto como su vecino famoso, el Cornón, no le faltan sin embargo atractivos, especialmente en su vertiente norte. Allí en el Valle de Pigüeña, aún se usan las viejas brañas para guardar el ganado y, aunque el acceso está restringido, se encuentra un refugio de oso pardo. Todo ello entre bosques de hayas y bajo altas crestas calizas.

La ruta es tan simple como remontar el Valle de Pigüeña hasta el collado cabecero, atacar la cima por la cuerda y regresar luego por el mismo camino.

El Cogollo de Cebolleo, la cima de la izquierda, visto desde el sur

SITUACIÓN:

·         Zona: Montaña Leonesa Occidental (Cordillera Cantábrica)
·         Unidad: Divisoria entre Somiedo y Laciana
·         Base de partida: Villar de Vildas (Asturias)

ACCESO:
La población de Villar de Vildas, perteneciente al concejo asturiano de Somiedo, está situada en el sur de la provincia, al pie de la vertiente norte de la divisoria cantábrica, siendo el pueblo más alto de la cuenca del Río Pigüeña. Aparqué cerca del extremo sur del pueblo, junto al cruce donde Google marcaba el inicio de la “Ruta del Valle del Pigüeña PR.AS-14.1”. Puedes calcular un itinerario desde tu lugar de origen hasta allí en el siguiente link a GoogleMaps.

OTROS DATOS:

  • Cota mínima / máxima: 870 / 2.089
  • Mi tiempo efectivo aproximado: 5h15
  • Mi tiempo total: 6h00
  • Dificultades: Ninguna, en las condiciones del día, con algo de nieve en el acceso a la cima, pero que, por su escaso espesor y nula consistencia, no influyó en la naturaleza ni dificultad de la ascensión. Itinerario por caminos o terreno cómodo.

Mapa tomado del visor Iberpix. ©INSTITUTO GEOGRÁFICO NACIONAL DE ESPAÑA

LA RUTA: Salir de Villar de Vildas por la pista que remonta el Valle del Pigüeña, siguiendo las indicaciones a la Braña de la Pornacal y la Braña de los Cuartos. Al acabar el camino en ese último lugar, seguir remontando el valle por sendas y trazas de ganado hasta el Puerto de Cereizales. Girar a la derecha (N) y seguir la cuerda hasta la cima del Cogollo de Cebolleo. El retorno, por el mismo camino.

Croquis de la ruta sobre ©GOOGLE EARTH

COMENTARIOS: Ésta es la ruta más fácil y corta para subir al Cogollo de Cebolleo desde el lado asturiano. Hay opciones más interesantes, pero, debido al tiempo inseguro de ese día, decidí ir y volver siguiendo el Pigüeña. Otras opciones que había barajado eran ir por la Rebollada y recorrer todo el cordal de los Recuestos a la Peña el Cuechu, o bien alcanzar la cresta en el Pico Cogollo, subiendo por el Lago Bueno. En ambos casos el cresteo es más largo y en el segundo, además, hay una subida por ladera donde la niebla podría haberme desorientado. Por eso escogí esta ruta cómoda y, sobre todo, muy clara de principio a fin y expuesta al viento sólo en los últimos tres cuartos de hora de ascensión.

Con buen tiempo, se trata de una ascensión al alcance de cualquiera que mantenga una forma física decente. Pese a transcurrir en su mayor parte por pista, atraviesa parajes muy bonitos; además, las brañas son algo más que una curiosidad turística pues todavía se usan para recoger al ganado. Desde esta cima, las vistas deben de ser magníficas; pero, hablar de ellas, mejor lo dejo para otra ocasión.

RELATO GRÁFICO:

A las diez y media de la mañana estaba todavía en Villar de Vildas, estudiando el tiempo y decidiendo qué hacer. Durante el trayecto en coche habían caído ocasionalmente algunos copos y ahora las nubes cubrían el Cogollo de Cebolleo y su vecino el Cogollo, que podía ver entre los tejados. Hacía mucho frío y, por la velocidad a la que iban las nubes, arriba debía soplar de firme. Por ello, me decidí por hacer ida y vuelta íntegramente por el Valle del Pigüeña, ruta muy clara y protegida casi toda del viento.

Salí del pueblo caminando por la pista asfaltada cerrada al tráfico privado que remonta el curso del Pigüeña. Al principio, caminaba sin ganar apenas altitud entre campos. Dejé atrás algunos desvíos que claramente no conducían valle arriba; además, el camino a las brañas de Pornacal y Cuartos, por donde pasaba mi ruta, es un PR marcado. Cuando el valle se estrecha, la pista cruza el río por un puente y pasa a ser de cemento.

Una vez en la ribera derecha, comencé a ganar altura con rapidez mientras los campos iban quedando atrás al alcanzar la linde del hayedo.

Cuando llegué a la pintoresca Braña de La Pornacal, el frío era tal que no apetecía mucho parar. Intermitentemente, caían breves nevadas, en copos diminutos pero densos. Llevaba algo menos de una hora de camino y las nubes empezaban a cubrir también la parte baja del valle.

Tras rodear un lomo y pasar un pequeño alto donde hay una fuente con pilón, el valle cambió, ensanchándose y aplanándose su fondo para formar un bucólico paisaje de prados bajo el Collado de la Enfistiella y las Peñas del Nuncio. Aquí la pista es ya de tierra y grava, pero sigue siendo casi una carretera.

Cambié de rumbo, siguiendo camino y valle, de sureste a suroeste. Enfrente, veía ahora la Cascada del Corralón despeñarse bajo las Peñas del Nuncio y el Alto de Fontarente, tras el que asomaba oscuro el Cornón de Peña Rubia.

Al culminar un cambio la pendiente, descubrí la Braña de los Cuartos, más modesta que la de la Pornacal, pero enclavada en un entorno más hermoso, si cabe. Al fondo veía ya el Puerto de Cereizales entre la Sierra Pelada y el Cogollo de Cebolleo. Las nubes aclaraban a veces para volver a cerrarse, como llevaba siendo la tónica toda la mañana. Aquí si paré algo, pues pasaban las doce, llevaba hora y media andando y para entonces tenía ya el desayuno en los talones. Eso sí, al reparo de una cabaña pues a partir de aquí empecé a recibir el embate del viento. Aquí se acabó la pista y continué hacia el collado remontando el valle por un antiguo camino, bastante borroso, que encontré en la vertiente derecha.

La traza se esfumaba y volvía a aparecer de vez en cuando, pero daba un poco igual; los despejados prados que atravesaba, con su pendiente suave, no opusieron la menor incomodidad a la marcha. Al pasar bajo la cresta del Pico de los Rasos, ya en la embocada del collado, el viento aumentó, arrastrando nieve que difuminaba el paisaje.

Al alcanzar el Puerto de Cereizales y volverme al este, vi cómo llegaba, remontando el Pigüeña, una masa de nubes que iba a unirse con las que llevaban toda la mañana en las crestas. La laguna que aparece en el mapa al pie del collado era en realidad un prado encharcado, no sé si permanentemente o debido al otoño tan seco de este año.

Al otro lado, al oeste, la cosa no pintaba mejor; aunque se llegaba a distinguir la silueta oscura del Cueto de Arbas asomando al fondo. Aquí, el viento ya era como para echar a volar, así que me refugié tras unas piedras para dar un trago tranquilo y me llevé la sorpresa de encontrar el agua dentro de la cantimplora llena de trocitos de hielo. Pues sí que hacía frío. En vista del panorama, tampoco me entretuve mucho aquí y enseguida retomé la subida, siguiendo ahora la loma que salía del puerto a mi derecha (N).

Esta cuerda es ancha y suave por el flanco occidental, a diferencia de la vertiente de Pigüeña, más rocosa. Para refugiarme del viento en lo posible, comencé la subida por ese mismo lado, donde encontré además…

… un estrecho y no muy claro trazo cortando el pasto. Debía llevar ganados unos 150 m de desnivel desde el puerto cuando…

… el trazo que iba siguiendo me sacó a plena cuerda, muy ancha por aquí.

Al poco y coincidiendo con el límite de la nieve, me envolvieron las nubes. La ventisca soplaba cada vez más, arrastrando perdigonadas de nieve, así que ya terminé de taparme la poca piel que llevaba al aire. Me resultó curioso que la nieve fuera inconsistente en estas condiciones de viento y frío.

Los neveros alternaban con tramos de hierba y roca igualmente helados. La aparición de esta falsa cima me anunció la llegada al nudo de cuerdas cerca del Alto de las Camposas. Girando a la izquierda (O), una…

… brevísima bajada me llevó al arranque de la subida final al Cogollo de Cebolleo. Este tramo de arista está recorrido por un crestón de pizarra que me vino muy bien para parapetarme del viento durante los últimos metros de ascensión.

En la cima del Cogollo de Cebolleo se estaba francamente mal. Hacía frío y la ventisca era ensordecedora, así que apenas pasé dos minutos allí. El tiempo de sacar una foto al hito cimero, donde alguien había dejado un Belén, y…

… comenzar el descenso. Eran las dos de la tarde cuando dejé la cumbre para bajar por el mismo itinerario. Sólo interrumpí el descenso en la Braña de Cuartos para comer algo, refugiado en una cabaña abandonada.

Más abajo, el tiempo no estaba mal del todo, pero no apetecía nada quedarse parado al aire. Así llegué bajé a buen ritmo hasta…

… Villar de Vildas, donde llegué hacia las cuatro y media de la tarde, coincidiendo con el comienzo de una nevada bastante más intensa y espesa que antes, así que al final me libré de lo peor.

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