Croquis
de la ruta sobre ©GOOGLE EARTH
COMENTARIOS: Bonita y
tranquila ascensión; con fama de algo sosa en verano, cuando en primavera aún
persiste la nieve en la arista y su acceso, gana interés, pero sigue siendo una
actividad bastante accesible. Las trepadas, además de cortas, son aéreas, pero no
demasiado y con exposición moderada. En pleno invierno, el problema será
acercarse pues, habrá que sumar a la ascensión los 16 km (ida y vuelta) que
supone el cierre de la pista de Rioumajou. Pese al día nuboso que puede
apreciarse en las fotos, pude ver lo suficiente de vez en cuando como para
poder asegurar que el entorno es. De hecho, la visión de algunos picos ganaba
mucho al estar, además de cargados de nieve, abrazados por los vapores
RELATO GRÁFICO:
Hacia las
7 y media de la mañana, salí del aparcamiento del Puente de Fredançon por la
pista que, tras cruzarlo, se dirige al suroeste, llaneando entre árboles.
Aunque la temperatura era agradable y el tiempo apacible, el día estaba nublado
y un velo blanco ocultaba las cumbres.
Al encontrar
la pista el Arroyo de la Piarre, lo cruza por un puente de cemento; justa antes,
tomé una senda muy clara que sale a la izquierda (NO) y entra bajo los árboles.
A los pocos metros, el camino vadea el torrente por unas piedras y…
…
continua la subida por la otra orilla. Al ratito, me encontré bastante separado
del cauce, pero subiendo paralelo al mismo, por medio de una ancha cinta de
hierba que corta el bosque.
El camino
tiene zonas más y menos marcadas o anchas, pero en ningún momento tuve
dificultades para seguirlo. Al rato, salí de los árboles cerca de una cascada
que cae en la otra vertiente del barranco. Según remontaba el arroyo, fui
girando gradualmente al suroeste.
Al llegar
a un rellano despejado, unos grandes hitos me indicaron el lugar en que girar a
la izquierda (NE), vadear el arroyo y subir por la ladera de hierba y matorral
de la orilla opuesta. Mientras remontaba esta empinada ladera, vi una piedra en
que alguien había marcado la cota 2.000. La senda gira poco después hacia la
derecha (SE) para contornear un modesto promontorio y alcanzar el rellano en
que asienta la Cabaña de Thou.
Al
volverme, pude ver el fondo del valle bajo las nubes que ocultaban las crestas.
Continué
subiendo por la senda, que atraviesa ahora una ladera herbosa, ondulada y de
pendiente moderada. Empecé a encontrarme entonces los neveros y, poco después,
entré en un mundo blanco.
Nieve
continua y niebla en medio del silencio absoluto. Por fortuna, tenía una
referencia que nunca falta en la montaña: la pendiente. No había huella; senda
e hitos quedaban bajo la nieve; pero sabía que subiendo terminaría topando de
alguna manera con la Cresta de Lustou y que el collado de la vía normal
quedaría a mi izquierda.
Cuando
las nubes hicieron intención de abrir, vi efectivamente, a mi izquierda (N) y casi
a mi altura, el Col de Lustou, por donde pasa la vía marcada. Estuve a punto de
dirigirme a él, pero…
…
entonces pude ver también varias canales amplias y de pendiente accesible que
ganaban la cresta por encima de mí. Escogí una y hacia ella me fui. No llegaba
a los 45º y también era posible subir por los bloques de la derecha. Por
comodidad y no tener que quitarme los pinchos, escogí la nieve.
Llegando
a la cuerda, las nubes se retiraron lo suficiente como para dejarme admirar una
maravillosa imagen del Guerreys.
También
el Culfreda era visible, al menos en parte.
Aprovechando
la tregua, también pude echar una ojeada a lo que llevaba subido.
Pero duró
poco la cosa, enseguida volvió a cerrarse y lo que encontré cuando alcancé la
cuerda, cerca de la cota 2.750, fue de nuevo el blanco envolvente. Pero estaba
en un plano inclinado de nieve que subía, liso y regular, unos 30º de
pendiente, a mi derecha (SE) y, como tenía que ir siempre subiendo, hacia allí
me fui.
Al culminar
esta primera subida y llegar a…
… un
pequeño domo de nieve, otro instante despejado me permitió ver el aspecto de lo
que seguía; al menos, del tramo inmediato, donde la arista se fue afilando…
… hasta convertirse
en una cuchilla de nieve.
Como
estaba el manto consistente y el paso, por tanto, seguro, fue agradable de
pasar.
Tras un
cambio de pendiente, viene un tramo donde roca y nieve helada se mezclan en la
arista. La subida es de poner atención, pero cómoda. Lástima que la visibilidad
no fuera mejor; esto en un día claro debe ser magnífico.
El tramo
termina en un rellano estrecho pero alargado, donde un palo vertical sobresalía
como un metro de la nieve (misterios de la montaña...). Entonces las nubes me
dejaron ver incluso un trocito de cielo azul y lo que parecía la cumbre. Estaba
en la gloria. Subí ese último tramo de pendiente a todo trapo... ¿será posible
que me encuentre en cumbre sobre las nubes? Al culminar esta subida, …
… una
cresta horizontal y estrecha me separaba de la cumbre, que debía ser una de esas
puntas. No se veía ningún hito; igual por la nieve.
Finalmente,
llegué a una joroba alargada de nieve, culminada por un montoncito de piedras
que no parecía natural y que podía ser lo más alto. Las nubes me rodeaban y…
… sólo
abajo, hacia el Valle de la Pez, se llegaba a ver algo; y sólo por momentos.
Tras un ratito en cumbre, no mucho pues ya he dicho que apenas veía nada y el
tiempo, sin ser malo, no estaba muy seguro, comencé…
… el
descenso, siguiendo la misma ruta que a la subida.
Ya había
dejado la cuerda y bajaba por las pendientes de nieve superiores cuando las
nubes fueron abriéndose, dejándome ver este panorama, donde destacaba, a la
izquierda, …
… una
bonita imagen del Culfreda.
Dejando
atrás los neveros, pude incluso ver la cumbre que acababa de subir, junto a su
satélite el Pico de Tour.
Todavía
más abajo, por debajo de la cabaña, el Culfreda volvió a aparecer, así de
bonito. Claro que la levantada de las nubes tuvo un precio: cuando llegué al
coche, hacia las cuatro de la tarde, llevaba media hora aguantando una lluvia
intensa, caminando a todo trapo con la capucha y la mirada bajas. Aunque las
perspectivas fugaces de montañas nevadas rodeadas de nubes durante la jornada,
ésas no me las quitaría ningún chaparrón.
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