Pic de Lustou (3.021)

ASCENSIÓN DESDE FREDANÇON

RUTA NORMAL POR EL COL DE LUSTOU

El Lustou es un pico situado totalmente en territorio francés. Se alza en el cordal que, proyectado al norte de la divisoria pirenaica desde el Macizo de Culfreda, separa los valles de Rioumajou y la Pez. Como es habitual en esta zona del Pirineo, se trata de una pirámide bastante prominente, con un importante desnivel sobre los valles circundantes, en la cual convergen varias crestas; el conjunto es altivo y afilado, pero está formado por roca mediocre. Unas ascensiones siempre largas y la escasez de refugios alejan a las masas de esta bonita montaña.

El trazado de la ruta es natural, pues, desde el fondo del Valle de Rioumajou, consiste en ir remontando los sucesivos barrancos (Peguère y Piarre) que descienden del collado situado al noroeste de la cumbre, desde el cual se remata la ascensión por la arista.

Vertiente occidental del cordal que va de los Picos de Culfreda al de Lustou, en la izquierda de la foto

SITUACIÓN:

  • Zona: Bigorre (Pirineos)
  • Unidad: Macizo de Culfreda
  • Base de partida: Tramezaïgues (Hautes-Pyrénées)

ACCESO: La población de Tramezaïgues está situada en el sureste del Departamento de Hautes-Pyrénées; concretamente, donde el Valle de Lustou desemboca en el de Aure, entre los macizos de Néouvielle y Culfreda. La ruta parte del parking Fredancon, junto al puente del mismo nombre, a unos 8 km del pueblo remontando el Valle de Rioumajou. Puedes calcular un itinerario desde tu lugar de origen hasta allí en el siguiente link a GoogleMaps.

OTROS DATOS:

  • Cota mínima / máxima: 1.380 / 3.021
  • Mi tiempo efectivo aproximado: 7h00
  • Mi tiempo total: 8h30
  • Dificultades del terreno: F+. Trepadas cortas (I grado) en la arista. Con nieve, pendientes ligeramente inferiores a 45º en el acceso a la cresta.

Mapa tomado del visor Iberpix. ©INSTITUTO GEOGRÁFICO NACIONAL DE ESPAÑA

LA RUTA: Cruzar el puente de Fredançon y continuar por la pista hasta el Puente de Péguère. Sin cruzarlo, tomar la senda que, a la izquierda (E), remonta el Arroyo de la Piarre. Al llegar a un rellano, entre los 1.900 y 2.000 metros de altitud, girar a la izquierda (NE), vadeando el arroyo, y ascender por la ladera herbosa al otro lado, siempre por senda. Pasar por la rústica Cabaña de Thou y continuar ladera arriba hasta alcanzar la Cresta de Lustou, sea en el Collado de Lustou, siguiendo el sendero, o por cualquiera de las canales que suben más directamente si, como era el caso, hay nieve; resultará más cómodo y práctico. Una vez en la arista (F+), seguirla a la derecha (SE) hasta el Pico de Lustou (F). El regreso, por el mismo itinerario.

Croquis de la ruta sobre ©GOOGLE EARTH

COMENTARIOS: Bonita y tranquila ascensión; con fama de algo sosa en verano, cuando en primavera aún persiste la nieve en la arista y su acceso, gana interés, pero sigue siendo una actividad bastante accesible. Las trepadas, además de cortas, son aéreas, pero no demasiado y con exposición moderada. En pleno invierno, el problema será acercarse pues, habrá que sumar a la ascensión los 16 km (ida y vuelta) que supone el cierre de la pista de Rioumajou. Pese al día nuboso que puede apreciarse en las fotos, pude ver lo suficiente de vez en cuando como para poder asegurar que el entorno es. De hecho, la visión de algunos picos ganaba mucho al estar, además de cargados de nieve, abrazados por los vapores

RELATO GRÁFICO:

Hacia las 7 y media de la mañana, salí del aparcamiento del Puente de Fredançon por la pista que, tras cruzarlo, se dirige al suroeste, llaneando entre árboles. Aunque la temperatura era agradable y el tiempo apacible, el día estaba nublado y un velo blanco ocultaba las cumbres.

Al encontrar la pista el Arroyo de la Piarre, lo cruza por un puente de cemento; justa antes, tomé una senda muy clara que sale a la izquierda (NO) y entra bajo los árboles. A los pocos metros, el camino vadea el torrente por unas piedras y…

… continua la subida por la otra orilla. Al ratito, me encontré bastante separado del cauce, pero subiendo paralelo al mismo, por medio de una ancha cinta de hierba que corta el bosque.

El camino tiene zonas más y menos marcadas o anchas, pero en ningún momento tuve dificultades para seguirlo. Al rato, salí de los árboles cerca de una cascada que cae en la otra vertiente del barranco. Según remontaba el arroyo, fui girando gradualmente al suroeste.

Al llegar a un rellano despejado, unos grandes hitos me indicaron el lugar en que girar a la izquierda (NE), vadear el arroyo y subir por la ladera de hierba y matorral de la orilla opuesta. Mientras remontaba esta empinada ladera, vi una piedra en que alguien había marcado la cota 2.000. La senda gira poco después hacia la derecha (SE) para contornear un modesto promontorio y alcanzar el rellano en que asienta la Cabaña de Thou.

Al volverme, pude ver el fondo del valle bajo las nubes que ocultaban las crestas.

Continué subiendo por la senda, que atraviesa ahora una ladera herbosa, ondulada y de pendiente moderada. Empecé a encontrarme entonces los neveros y, poco después, entré en un mundo blanco.

Nieve continua y niebla en medio del silencio absoluto. Por fortuna, tenía una referencia que nunca falta en la montaña: la pendiente. No había huella; senda e hitos quedaban bajo la nieve; pero sabía que subiendo terminaría topando de alguna manera con la Cresta de Lustou y que el collado de la vía normal quedaría a mi izquierda.

Cuando las nubes hicieron intención de abrir, vi efectivamente, a mi izquierda (N) y casi a mi altura, el Col de Lustou, por donde pasa la vía marcada. Estuve a punto de dirigirme a él, pero…

… entonces pude ver también varias canales amplias y de pendiente accesible que ganaban la cresta por encima de mí. Escogí una y hacia ella me fui. No llegaba a los 45º y también era posible subir por los bloques de la derecha. Por comodidad y no tener que quitarme los pinchos, escogí la nieve.

Llegando a la cuerda, las nubes se retiraron lo suficiente como para dejarme admirar una maravillosa imagen del Guerreys.

También el Culfreda era visible, al menos en parte.

Aprovechando la tregua, también pude echar una ojeada a lo que llevaba subido.

Pero duró poco la cosa, enseguida volvió a cerrarse y lo que encontré cuando alcancé la cuerda, cerca de la cota 2.750, fue de nuevo el blanco envolvente. Pero estaba en un plano inclinado de nieve que subía, liso y regular, unos 30º de pendiente, a mi derecha (SE) y, como tenía que ir siempre subiendo, hacia allí me fui.

Al culminar esta primera subida y llegar a…

… un pequeño domo de nieve, otro instante despejado me permitió ver el aspecto de lo que seguía; al menos, del tramo inmediato, donde la arista se fue afilando…

… hasta convertirse en una cuchilla de nieve. 

Como estaba el manto consistente y el paso, por tanto, seguro, fue agradable de pasar.

Tras un cambio de pendiente, viene un tramo donde roca y nieve helada se mezclan en la arista. La subida es de poner atención, pero cómoda. Lástima que la visibilidad no fuera mejor; esto en un día claro debe ser magnífico.

El tramo termina en un rellano estrecho pero alargado, donde un palo vertical sobresalía como un metro de la nieve (misterios de la montaña...). Entonces las nubes me dejaron ver incluso un trocito de cielo azul y lo que parecía la cumbre. Estaba en la gloria. Subí ese último tramo de pendiente a todo trapo... ¿será posible que me encuentre en cumbre sobre las nubes? Al culminar esta subida, …

… una cresta horizontal y estrecha me separaba de la cumbre, que debía ser una de esas puntas. No se veía ningún hito; igual por la nieve.

Finalmente, llegué a una joroba alargada de nieve, culminada por un montoncito de piedras que no parecía natural y que podía ser lo más alto. Las nubes me rodeaban y…

… sólo abajo, hacia el Valle de la Pez, se llegaba a ver algo; y sólo por momentos. Tras un ratito en cumbre, no mucho pues ya he dicho que apenas veía nada y el tiempo, sin ser malo, no estaba muy seguro, comencé…

… el descenso, siguiendo la misma ruta que a la subida.

Ya había dejado la cuerda y bajaba por las pendientes de nieve superiores cuando las nubes fueron abriéndose, dejándome ver este panorama, donde destacaba, a la izquierda, …

… una bonita imagen del Culfreda.

Dejando atrás los neveros, pude incluso ver la cumbre que acababa de subir, junto a su satélite el Pico de Tour.

Todavía más abajo, por debajo de la cabaña, el Culfreda volvió a aparecer, así de bonito. Claro que la levantada de las nubes tuvo un precio: cuando llegué al coche, hacia las cuatro de la tarde, llevaba media hora aguantando una lluvia intensa, caminando a todo trapo con la capucha y la mirada bajas. Aunque las perspectivas fugaces de montañas nevadas rodeadas de nubes durante la jornada, ésas no me las quitaría ningún chaparrón.

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