Croquis
de la ruta sobre ©GOOGLE EARTH
COMENTARIOS: Hacía algún
tiempo que me venía intrigando este pico bajito, airoso y medio escondido entre
sus hermanos mayores. Para tentarme más su ascensión, sólo había encontrado dos
referencias a la misma, en las guías Armengaud-Jolis y Tera i Camins. En ambos
casos, sin definir el grado de dificultad, simplemente se dice que hay que
ponerse en la base del espolón y “trepar por la roca ganando fácilmente la
pared” (es todo...) o “treparemos verticalmente hacia la cima. La pendiente se
acentúa a medida que nos acercamos” (vale...). Aunque en el segundo caso, la
guía de Tera i Camins, se advierte que, en general, el acceso a esta montaña
“no es fácil”.
David Atela, en su guía
“Aneto”, da una reseña a este pico, pero no por esta vía; se va a la vertiente
francesa, cruzando la arista entre el Puerto de la Glera y el pico mediante una
compleja travesía, que debe ser más fácil, pero no tan elegante. Es más; evita
la arista porque es “quebradiza y difícil”. Sin embargo, cuando en la guía
Armengaud-Jolis, que he seguido infinidad de veces, no se especifica la
dificultad, es que la escalada es asequible. Total, que me decidí y éste es el
resultado.
El espolón suroeste tiene
una ascensión elegante y bonita en un entorno magnífico. La dificultad, la
justa para divertirse y la roca no la encontré floja; lo normal en este sector
de cresta pirenaica, incluso más bien buena durante buena parte de la escalada.
La idea original era volver por el norte, por donde dice David Atela, pero el
tiempo inseguro me hizo preferir el destrepe del espolón para perder altitud lo
más rápido posible. Con tiempo seco y despejado, la combinación de ambas rutas
creo que es la opción más interesante y, de hecho, es lo que se hace en las dos
reseñas modernas que, ya en 2026, he encontrado en Wikiloc.
RELATO GRÁFICO:
Desde el
aparcamiento del hotel, crucé el Plan del Hospital, tomando como referencia el
Torrente de Gorgutes, que se despeña por la ladera septentrional del valle y
sobre el que se ve, a la derecha, la Tuca de la Glera. Eran las nueve y media
de la mañana y el día estaba brumoso y un poco sofocante; sin amenazar lluvia
inmediata, no parecía aconsejable embarcarse en rutas largas. De momento,
atravesé el llano herboso, cruzando varios arroyos por las correspondientes
pasarelas. Luego subí por un trazo de senda (se lo distingue en la hierba del
fondo) que, llevando el Torrente de Gorgutes a la derecha, me metió en el
pinar.

Bajo los
pinos, me encontré otro sendero algo más claro y con hitos; lo tomé a la
derecha y, pese a que en algunos sitios se vuelve borroso, no tarde en alcanzar
el camino del Puerto de Gorgutes, que sube desde el final de la carretera del
valle. Ya que la senda por donde llegué no estaba muy clara, memoricé el sitio
con vistas a la bajada: un pequeño alto a la salida del bosque frente al cual
se alza impresionante la Tuca del Ésera.
Tomé el
camino a la derecha (N) y fui subiendo suavemente a través de los prados, con
la rocosa doble cumbre de la Tuca de la Glera recortándose contra el cielo. Al
encontrar de nuevo el Torrente de Gorgutes, de cuyo cauce me había separado al
entrar en el bosque, y tras caminar por su misma orilla un trecho, lo crucé por
una pasarela, dejando atrás la senda del Puerto Viejo.
Una vez
en la ribera izquierda, el camino se separa del cauce, yendo al este a través
de un amplio rellano para subir por las pendientes praderas, evitando un
resalte rocoso y dando la espalda al Pico de la Montañeta.
Tras
superar este escalón, me detuve un momento a mirar alrededor, pues ya el
panorama era magnífico. A mi espalda, la esquina occidental del Macizo de la
Maladeta, coronada por…
… el Pico
de Alba y dominando…
… el
Valle de Benasque.
Aquí,
cambió el decorado, pasando a predominar la roca y la nieve sobre lo vegetal.
Enseguida, dejé abajo la cubeta que aloja los Ibones de la Solana de Gorgutes
bajo las crestas del Pico de la Montañeta.
Allí, la
senda gira para rodear por debajo el Turonet de Gorgutes, que se alza bajo el
espolón SO. Por mi parte, dejé el camino para subir por un pasillo de hierba
nevado que cortaba el roquedo hacia la derecha. Luego, giré a la izquierda
(NO), por…
… una
terraza herbosa que rodea la base del espolón SO de la Tuca de la Glera, por el
cual debía trepar “verticalmente hacia la cima”, “ganando fácilmente la pared”,
según las guías. De momento, sin llegar a la arista, me desvié a la derecha (N)
y gané altura hacia el tubo que cae de una horcada, por encima de un primer
resalte, donde crecía un característico pinito.
La chimenea
en cuestión es una mezcla de hierba y cantos, empinada pero fácil (I+). Fueron
unos 40 metros de dificultad sostenida hasta salir a la brecha culminante,
desde donde…
… descubrí
el hoyo del Ibón de Gorgutes dominado por Mall Pintrat. A otro lado, mirando
atrás, veía…
… la
cresta divisoria hasta la Montañeta, con el Salvaguardia asomando por detrás y
la cabecera del Valle del Ésera abajo. Al fondo de ésta, impresionaba, pese a
la distancia, la doble cima de…
… la
Forcanada. Pero el tiempo se iba agrisando por momentos y no era cuestión de
quedarse pasmado.
Efectivamente,
tal y como decían las guías, “la pendiente se acentúa a medida que nos
acercamos” y el segundo capítulo de la trepada, para salir de la brecha, es un muro
de roca de unos 40 metros que comienza en una placa inclinada (I+) de 20 y
luego un resalte de otros 20 metros, casi vertical pero lleno de apoyos que
facilitan la escalada (II). Precisamente en la transición de ambas zonas está
el paso más difícil, en la superación de un pequeño saliente que me obligó a
tirar de brazos (II+).
Llegué
así a otro pequeño alto, desde donde se veía muy bien la cumbre a la derecha,
al extremo de una arista afilada sostenida por una imponente pared. Entonces,
empezó a chispear y llegué a plantear si seguir adelante o no. Un destrepe con
la roca mojada podía ser algo serio, pero, como, entre lo escaso de la lluvia y
el considerable calor, el agua se evaporaba al poco de caer, decidí ir algo más
lejos, a ver qué tal.
Me
separaban de la cuerda divisoria unos pocos metros de arista, bastante afilada
(I), y un murito de unos 10 metros, que superé aprovechando la fisura que se ve
subir en diagonal a la derecha (II+). Una vez en la arista, giré a la derecha
(SE) para dirigirme a la cumbre, primero…
… por un
tramo más o menos ancho, aunque empinado. La roca no es que fuera fastuosa,
pero tampoco me iba quedando con los cantos en la mano, así que... adelante.
Mirando atrás, podía ver cómo iba quedando abajo lo que acababa de superar.
Además, la lluvia no arreciaba y el calor seguía secando la roca con rapidez.
Tras una
pequeña prominencia, la arista se torna horizontal y, durante unos 50 ó 60
metros, encadena cortos pasos de toda la gama del II grado. Al fondo, ponía
ambiente el Salvaguardia asomando sobre el Pico de la Montañeta.
El paso que
más difícil me pareció, calculo que un III-, fue superar esta punta, con su breve
proa casi vertical y poco apoyo. Se puede rodear por la derecha, por una vira cubierta
de piedra suelta (II) que me pareció, cuando la tomé de bajada, mucho más
expuesta que el filo.
Al llegar
a la Tuca de la Glera, lo primero que aparece es la cresta espectacular hacia
la cima oriental, la Montañeta y el Salvaguardia. Eran las doce y veinte y
seguía chispeando, pero el efecto principal era atenuar el calor que hacía, con
lo que la temperatura no era desagradable. A la izquierda, …
… el
Luchonnais aparecía como un mar de suaves lomas verdes, mientras que, al lado
contrario, …
… el
Macizo de la Maladeta se levantaba tremendo sobre el Plan del Hospital, de
donde había partido.
Destacaba,
obviamente, la vista sobre el sector occidental de la cresta, del Pico de la
Maladeta al de Alba.
Pese a
las vistas y la buena temperatura, procuré no pasarme de tiempo en cumbre; las
nubes se iban cerrando paulatinamente y no quería arriesgarme a que me pillara
un chaparrón ahí arriba. Así que en menos de 15 minutos reemprendí el regreso,
optando por lo que me pareció más corto, aunque fuera algo más difícil: deshacer
camino por la cuerda y luego el espolón, hasta llegar a aquella horcada del
pinito, la que remataba la chimenea herbosa. Desde ahí, bajé hacia la derecha
(O), por…
… una
ladera ligeramente cóncava, herbosa con algún canto y empinada, hacia el Ibón
de Gorgutes. Más directo aún hubiera sido la chimenea, deshaciendo el camino de
ida, no mucho más difícil y seguro que más cómodo. Pero quería conocer este
lago, en cuya orilla no había estado nunca.
Poco
antes de llegar al borde del estanque, impresionante semihelado y dominado por
el Mall Pintrat, reencontré el camino del puerto. Lo tomé a la izquierda (S) y
no había salido de la cuenca cuando empezó a llover de firme.
Apreté el
paso y enseguida pasé bajo al Turonet de Gorgutes y llegué al lugar donde, a la
subida.
Y ya sólo
me restó deshacer el camino de la ida, rapidito por que llueve (literalmente), hasta
el Plan del Hospital. Aún no eran las dos de la tarde cuando salí de los
árboles frente al hotel. Cinco minutos después, mientras atravesaba la pradera
sin molestarme en seguir trazo ni senda alguna, tal y como suele pasar en estos
casos, escampó cuando estaba a punto de ponerme a cubierto.
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