Tuca de la Glera (2.489)

ASCENSIÓN DESDE LLANOS DEL HOSPITAL

POR EL ESPOLÓN SO

La Tuca de la Glera está situada junto al puerto del mismo nombre, sobre la curva que hace el Valle del Ésera para tomar dirección este. Es un pico un tanto olvidado pese a su estratégica posición como mirador y rocosa belleza, ya que siendo el más bajo de la zona, su acceso es el más difícil. La cima está formada por una angosta arista de flancos verticales, rematada por dos puntas, siendo la occidental la más alta. Una cuchilla de roca que se alza 130 metros sobre los prados y collados circundantes, prominencia considerable para una cima que no alcanza los 2.500 de altitud.

La ruta consiste en remontar la vertiente septentrional del alto Valle del Ésera hasta la base del espolón SO de la Tuca de la Glera y superar éste hasta la cima. Para el descenso, buscando abreviarlo en lo posible, opté por destrepar el cancho cimero hasta encontrar una buena bajada directa hacia el Ibón de Gorgutes, para tomar junto a su orilla del camino del puerto, por el que bajé de vuelta al valle.

Espolón suroeste y cima de la Tuca de la Glera, vistos desde el otro lado del Barranco de Gorgutes

SITUACIÓN:

  • Zona: Alta Ribagorza (Pirineos)
  • Unidad: Alto Ésera
  • Base de partida: Benasque (Huesca)

ACCESO: Benasque es el municipio más alto del valle del Ésera, que atraviesa de norte a sur la comarca de la Ribagorza, en el noreste de Huesca. Yo partí del aparcamiento del Hotel Llanos del Hospital, situado 12 km aguas arriba del pueblo, que sólo se puede usar por los clientes; en otro caso, hay un aparcamiento público y gratuito unos 500 m antes de llegar. Puedes calcular un itinerario desde tu lugar de origen hasta el punto de partida de la ruta en el siguiente link a GoogleMaps.

OTROS DATOS:

  • Cota mínima / máxima: 1.750 m / 2.489
  • Mi tiempo efectivo aproximado: 3h30
  • Mi tiempo total: 4h45
  • Dificultades: PD+. Un paso corto de III- en arista, evitable por II grado muy expuesto. Entre 120 y 140 metros de escalada poco difícil (máximo II+).
  • Dificultades de orientación: Camino borroso a veces, pero reconocible, hasta la base del espolón. La vía no está marcada, pero es fácil encontrar el paso.

Mapa tomado del visor Iberpix. ©INSTITUTO GEOGRÁFICO NACIONAL DE ESPAÑA

LA RUTA: Salir de Llanos del Hospital remontando el Torrente de Gorgutes hasta salir al Camino del Puerto de la Glera. Tomarlo a la derecha (N) y seguirlo hasta superar los Ibones de la Solana de Gorgutes. Buscar entonces una buena subida a la derecha (NO), a través de la ladera, para alcanzar la base del espolón SO de la Tuca de la Glera. Encaramarse a su filo escalando una chimenea tumbada de su cara oriental (I+) y seguir luego por el filo hasta la cuerda (II+). Seguir la arista a la derecha (SE), superando nuevas dificultades (III-) hasta la cima de la Tuca de la Glera (PD+).

Volver por el mismo camino hasta la horcada que remata la primera chimenea de la subida por el espolón. Bajar a la derecha (O), por una empinada ladera de hierba y cantos, hasta las cercanías del Ibón de Gorgutes. Al encontrar de nuevo el camino del Puerto de la Glera, tomarlo a la izquierda (S), y seguirlo para deshacer el camino de ida y retornar a Llanos del Hospital.

Croquis de la ruta sobre ©GOOGLE EARTH

COMENTARIOS: Hacía algún tiempo que me venía intrigando este pico bajito, airoso y medio escondido entre sus hermanos mayores. Para tentarme más su ascensión, sólo había encontrado dos referencias a la misma, en las guías Armengaud-Jolis y Tera i Camins. En ambos casos, sin definir el grado de dificultad, simplemente se dice que hay que ponerse en la base del espolón y “trepar por la roca ganando fácilmente la pared” (es todo...) o “treparemos verticalmente hacia la cima. La pendiente se acentúa a medida que nos acercamos” (vale...). Aunque en el segundo caso, la guía de Tera i Camins, se advierte que, en general, el acceso a esta montaña “no es fácil”.

David Atela, en su guía “Aneto”, da una reseña a este pico, pero no por esta vía; se va a la vertiente francesa, cruzando la arista entre el Puerto de la Glera y el pico mediante una compleja travesía, que debe ser más fácil, pero no tan elegante. Es más; evita la arista porque es “quebradiza y difícil”. Sin embargo, cuando en la guía Armengaud-Jolis, que he seguido infinidad de veces, no se especifica la dificultad, es que la escalada es asequible. Total, que me decidí y éste es el resultado.

El espolón suroeste tiene una ascensión elegante y bonita en un entorno magnífico. La dificultad, la justa para divertirse y la roca no la encontré floja; lo normal en este sector de cresta pirenaica, incluso más bien buena durante buena parte de la escalada. La idea original era volver por el norte, por donde dice David Atela, pero el tiempo inseguro me hizo preferir el destrepe del espolón para perder altitud lo más rápido posible. Con tiempo seco y despejado, la combinación de ambas rutas creo que es la opción más interesante y, de hecho, es lo que se hace en las dos reseñas modernas que, ya en 2026, he encontrado en Wikiloc.

RELATO GRÁFICO:

Desde el aparcamiento del hotel, crucé el Plan del Hospital, tomando como referencia el Torrente de Gorgutes, que se despeña por la ladera septentrional del valle y sobre el que se ve, a la derecha, la Tuca de la Glera. Eran las nueve y media de la mañana y el día estaba brumoso y un poco sofocante; sin amenazar lluvia inmediata, no parecía aconsejable embarcarse en rutas largas. De momento, atravesé el llano herboso, cruzando varios arroyos por las correspondientes pasarelas. Luego subí por un trazo de senda (se lo distingue en la hierba del fondo) que, llevando el Torrente de Gorgutes a la derecha, me metió en el pinar.

Bajo los pinos, me encontré otro sendero algo más claro y con hitos; lo tomé a la derecha y, pese a que en algunos sitios se vuelve borroso, no tarde en alcanzar el camino del Puerto de Gorgutes, que sube desde el final de la carretera del valle. Ya que la senda por donde llegué no estaba muy clara, memoricé el sitio con vistas a la bajada: un pequeño alto a la salida del bosque frente al cual se alza impresionante la Tuca del Ésera.

Tomé el camino a la derecha (N) y fui subiendo suavemente a través de los prados, con la rocosa doble cumbre de la Tuca de la Glera recortándose contra el cielo. Al encontrar de nuevo el Torrente de Gorgutes, de cuyo cauce me había separado al entrar en el bosque, y tras caminar por su misma orilla un trecho, lo crucé por una pasarela, dejando atrás la senda del Puerto Viejo.

Una vez en la ribera izquierda, el camino se separa del cauce, yendo al este a través de un amplio rellano para subir por las pendientes praderas, evitando un resalte rocoso y dando la espalda al Pico de la Montañeta.

Tras superar este escalón, me detuve un momento a mirar alrededor, pues ya el panorama era magnífico. A mi espalda, la esquina occidental del Macizo de la Maladeta, coronada por…

… el Pico de Alba y dominando…

… el Valle de Benasque.

Aquí, cambió el decorado, pasando a predominar la roca y la nieve sobre lo vegetal. Enseguida, dejé abajo la cubeta que aloja los Ibones de la Solana de Gorgutes bajo las crestas del Pico de la Montañeta.

Allí, la senda gira para rodear por debajo el Turonet de Gorgutes, que se alza bajo el espolón SO. Por mi parte, dejé el camino para subir por un pasillo de hierba nevado que cortaba el roquedo hacia la derecha. Luego, giré a la izquierda (NO), por…

… una terraza herbosa que rodea la base del espolón SO de la Tuca de la Glera, por el cual debía trepar “verticalmente hacia la cima”, “ganando fácilmente la pared”, según las guías. De momento, sin llegar a la arista, me desvié a la derecha (N) y gané altura hacia el tubo que cae de una horcada, por encima de un primer resalte, donde crecía un característico pinito.

La chimenea en cuestión es una mezcla de hierba y cantos, empinada pero fácil (I+). Fueron unos 40 metros de dificultad sostenida hasta salir a la brecha culminante, desde donde…

… descubrí el hoyo del Ibón de Gorgutes dominado por Mall Pintrat. A otro lado, mirando atrás, veía…

… la cresta divisoria hasta la Montañeta, con el Salvaguardia asomando por detrás y la cabecera del Valle del Ésera abajo. Al fondo de ésta, impresionaba, pese a la distancia, la doble cima de…

… la Forcanada. Pero el tiempo se iba agrisando por momentos y no era cuestión de quedarse pasmado.

Efectivamente, tal y como decían las guías, “la pendiente se acentúa a medida que nos acercamos” y el segundo capítulo de la trepada, para salir de la brecha, es un muro de roca de unos 40 metros que comienza en una placa inclinada (I+) de 20 y luego un resalte de otros 20 metros, casi vertical pero lleno de apoyos que facilitan la escalada (II). Precisamente en la transición de ambas zonas está el paso más difícil, en la superación de un pequeño saliente que me obligó a tirar de brazos (II+).

Llegué así a otro pequeño alto, desde donde se veía muy bien la cumbre a la derecha, al extremo de una arista afilada sostenida por una imponente pared. Entonces, empezó a chispear y llegué a plantear si seguir adelante o no. Un destrepe con la roca mojada podía ser algo serio, pero, como, entre lo escaso de la lluvia y el considerable calor, el agua se evaporaba al poco de caer, decidí ir algo más lejos, a ver qué tal.

Me separaban de la cuerda divisoria unos pocos metros de arista, bastante afilada (I), y un murito de unos 10 metros, que superé aprovechando la fisura que se ve subir en diagonal a la derecha (II+). Una vez en la arista, giré a la derecha (SE) para dirigirme a la cumbre, primero…

… por un tramo más o menos ancho, aunque empinado. La roca no es que fuera fastuosa, pero tampoco me iba quedando con los cantos en la mano, así que... adelante. Mirando atrás, podía ver cómo iba quedando abajo lo que acababa de superar. Además, la lluvia no arreciaba y el calor seguía secando la roca con rapidez.

Tras una pequeña prominencia, la arista se torna horizontal y, durante unos 50 ó 60 metros, encadena cortos pasos de toda la gama del II grado. Al fondo, ponía ambiente el Salvaguardia asomando sobre el Pico de la Montañeta.

El paso que más difícil me pareció, calculo que un III-, fue superar esta punta, con su breve proa casi vertical y poco apoyo. Se puede rodear por la derecha, por una vira cubierta de piedra suelta (II) que me pareció, cuando la tomé de bajada, mucho más expuesta que el filo.

Al llegar a la Tuca de la Glera, lo primero que aparece es la cresta espectacular hacia la cima oriental, la Montañeta y el Salvaguardia. Eran las doce y veinte y seguía chispeando, pero el efecto principal era atenuar el calor que hacía, con lo que la temperatura no era desagradable. A la izquierda, …

… el Luchonnais aparecía como un mar de suaves lomas verdes, mientras que, al lado contrario, …

… el Macizo de la Maladeta se levantaba tremendo sobre el Plan del Hospital, de donde había partido.

Destacaba, obviamente, la vista sobre el sector occidental de la cresta, del Pico de la Maladeta al de Alba.

Pese a las vistas y la buena temperatura, procuré no pasarme de tiempo en cumbre; las nubes se iban cerrando paulatinamente y no quería arriesgarme a que me pillara un chaparrón ahí arriba. Así que en menos de 15 minutos reemprendí el regreso, optando por lo que me pareció más corto, aunque fuera algo más difícil: deshacer camino por la cuerda y luego el espolón, hasta llegar a aquella horcada del pinito, la que remataba la chimenea herbosa. Desde ahí, bajé hacia la derecha (O), por…

… una ladera ligeramente cóncava, herbosa con algún canto y empinada, hacia el Ibón de Gorgutes. Más directo aún hubiera sido la chimenea, deshaciendo el camino de ida, no mucho más difícil y seguro que más cómodo. Pero quería conocer este lago, en cuya orilla no había estado nunca.

Poco antes de llegar al borde del estanque, impresionante semihelado y dominado por el Mall Pintrat, reencontré el camino del puerto. Lo tomé a la izquierda (S) y no había salido de la cuenca cuando empezó a llover de firme.

Apreté el paso y enseguida pasé bajo al Turonet de Gorgutes y llegué al lugar donde, a la subida.

Y ya sólo me restó deshacer el camino de la ida, rapidito por que llueve (literalmente), hasta el Plan del Hospital. Aún no eran las dos de la tarde cuando salí de los árboles frente al hotel. Cinco minutos después, mientras atravesaba la pradera sin molestarme en seguir trazo ni senda alguna, tal y como suele pasar en estos casos, escampó cuando estaba a punto de ponerme a cubierto.

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