Croquis
de la ruta sobre ©GOOGLE EARTH
COMENTARIOS: Con
frecuencia, la Aigüeta de la Vall se remonta saliendo de Eriste o del Santuario
de Guayente. Salí del Puente de Tramarius, por dos motivos; primero, es más
corto; segundo, de esta forma seguí barranco en su integridad, desde la
desembocadura en el valle principal, incluyendo en la ruta un tramo que es muy
bonito y salvaje que, de otra manera, quedaría sin visitar. Claro que ese tramo
inicial es tan agreste y poco visitado que, además de empinado, incluye sitios
donde prácticamente se ha perdido el trazado. También es muy variado, incluyendo
pasos vertiginosos y otros claustrofóbicos, según nos asomemos al torrente y
nos metamos entre la densa vegetación. Una delicia para aventureros (esto lo
escribí en 2009; igual ahora hay una autopista, aunque lo dudo). Pero, con todo
y con ello, senda hay; y si dejamos de ir, aparte de perdernos un puñado de
rincones fascinantes, terminará de borrarse.
Respecto a la ascensión a
los Eristes desde Pardines, en hermosa y muy fácil; incluso más de lo que había
leído en guías. Realmente, en condiciones estivales, casi toda la dificultad es
la que te quieras buscar. Dormir en la Cabaña de Pardines permite hacer los
tres picos en el día con cierta tranquilidad; hacerlo en el día, poderse, se
puede, pero se disfrutaría menos. Encontré las perspectivas desde los tres
picos inesperadamente distintas, así que merece la pena ir sobrado de tiempo
para hacer una buena parada en cada cima.
RELATO GRÁFICO:
Salí del
Puente de Tramarius hacia las cinco de la tarde para subir a dormir a Pardines.
Aunque todavía hacía mucho calor, no quise retrasarme más. Tras cruzarlo y
girar al sur, hacia Eriste, dejé el camino a los pocos metros, tomando a la
derecha (O)…
… una
senda que se abre paso entre la densa vegetación y remonta la ribera derecha de
la Aigüeta de la Vall. Es estrecha y empinada pero muy clara.
Tras
dejar atrás el acceso a una pequeña presa, el estado del camino se deteriora,
con zonas poco claras y pasos escabrosos donde el terreno ha cedido o un árbol
caído interrumpe el trazado. A veces, la senda va en balcón sobre el cauce.
Otras
veces, se separa del agua y atraviesa rellanos en el bosque, muy denso y húmedo
en este cerrado vallecito.
A veces,
saliendo a la derecha del camino unos pocos metros, algún ramal permite llegar
hasta la misma orilla, lo que hice para tomarme un descansito junto a estos
bonitos saltos y, de paso, refrescarme un poco.
Tras un
último tramo por bosque, el más confuso, pero no tanto como para no poder
seguir el rastro de la senda, salí al claro formado por una pedrera. Unos hitos
indicaban remontarla y, a los pocos metros, me topé con…
… el
Camino de la Vall, amplio y bien acondicionado, que desde Guayente remonta toda
la Aigüeta. Lo tomé a la derecha (NO), volviendo enseguida a internarme en el
bosque.
De vez en
cuando, pasaba por algún claro y podía ver, al fondo aguas arriba, la cresta de
Sillerets, sobre la que asomaba tímidamente la cima de la Llantia. Volviéndome,
veía…
… cómo el
sol hacía brillar todavía los picos de Cerler, Basibé y Gallinero, mientras las
sombras de la tarde me alcanzaban.
Poco
después, pasé a la vertiente izquierda de la Aigüeta por un puente, donde me
crucé a la única persona que crucé durante la subida. Tras otro tramo empinado
entre árboles, …
… al
salir a un nuevo prado, apareció el refugio Baquerizal, pequeño, que carecía de
puerta y tenía el piso de tierra. Un abrigo precario, pero que puede sacar de
un apuro. Tras rodear la cabaña por detrás, la senda me llevó por una zona
rocosa entre pinos antes de girar para tomar dirección oeste y…
… seguir
remontando el barranco por los prados de la orilla izquierda, ya con el Collado
de la Ribereta a la vista.
Tras un
paso estrecho, el valle se abre en la Pleta de la Vall, donde el río forma
varios brazos y un remanso bajo escarpadas vertientes, mientras atraviesa un
gran llano herboso. La senda lleva al principio por la misma orilla izquierda,
pero cruza enseguida los brazos más cercanos.
Luego,
atravesé el prado central hacia la ladera meridional del valle, donde debía
buscar la senda que sube a Pardines. Enseguida distinguí un corte en el pinar
de la parte baja de la ladera y, aprovechando ese pasillo despejado, un
caminillo que remonta la vertiente. Además, fijándome arriba a la derecha,
también vi algo brillar: el tejado de una de las Cabañas de Pardines. Pero me
quedaba por cruzar el brazo sur, el más caudaloso.
Afortunadamente,
me encontré este par de troncos caídos que, mediante algo de funambulismo, me
permitieron pasar sin una sola salpicadura. Menos mal porque, en una anterior
visita, hube de descalzarme y remangarme los pantalones, llegándome el agua casi
a las rodillas.
Hacía
rato que oía estruendo de agua caer y, al empezar a remontar la ladera, fui
descubriendo a mi espalda, poco a poco, la gran cascada en que desaguan los
ibones de Bagüeña, realmente impresionante al salvar ese escalón de 300 metros.
Al dejar
atrás los últimos pinos, me encontré ante un arroyuelo, al otro lado del cuál,
sobre un alto, vi por fin la Cabaña de Pardines.
Había, en
realidad, dos edificios, aunque sólo uno está habilitado como refugio, siendo
el otro un simple cobijo.
Eran más
de las ocho de la tarde cuando llegué a la cabaña. Estaba solo y, tras
instalarme, pasé un buen rato sentado en la hierba, contemplando…
… al este
cómo el sol vespertino iba tiñendo de anaranjado…
… el
Macizo de la Maladeta.
Luego,
llegó otro montañero, Miguel de nombre, que dormiría también en Pardines, pero
para ir a la Llantia y con quien iniciaría ruta al día siguiente. Para ir de la
Cabaña de Pardines a la cuenca de Bagüeñola no es necesario bajar a la Pleta de
la Vall. Puede hacerse sin perder cota atravesando la cara oriental del Pico
Bajo de Bagüeña por las pedreras que se extienden por debajo del roquedo culminante.
Con ese propósito…
… salimos
hacia la parte de atrás de las cabañas, antes de las siete de la mañana,
atravesando el llano para entrar por el barranco que baja del Ibón del Paso, donde
encontramos una senda que remonta la ribera derecha. Al poco, unos hitos al
otro lado del torrente, bajo un característico grupo de pinos, nos indicó que
llegaba el momento de cruzar el arroyo y dirigirse al norte rodeando la
cabecera de la Pleta de la Vall.
Los hitos
fueron guiándonos, primero por un breve rellano de hierba y luego por una
pedrera no muy inclinada y de mejor pasar de lo que parece. Fuimos alternando
tramos de travesía casi llana con subidas de cara a la pendiente, cuando alguna
banda herbosa permitía ganar altitud con más comodidad. A nuestra derecha, …
… el sol
empezaba a tocar las crestas mientras la Pleta de la Vall permanecía en
sombras.
Cuando
alcanzamos el reborde del Valle de Bagüeñola, desde donde se despeña la
cascada, pudimos contemplar atrás las Cabañas de Pardines brillar sobre la
hierba bajo la Tuca de Cambra, más allá de las pedreras que acabábamos de
atravesar.
Poco
después llegamos al Ibón Bajo de Bagüeña, dominado por mis tres objetivos del
día. Mi camino estaba claro: dado que quería empezar por el Eriste Norte, tenía
que remontar el barranco que baja del lago superior. Así, que tras cruzar el
desagüe del lago y rodearlo por su orilla oriental, fui subiendo por la orilla
izquierda del torrente, caminando por terreno cómodo, cubierto de hierba entre
rocas y de pendiente muy llevadera.
Al poco,
me separé de Miguel y, ya solo, continué remontando el barranco, pasando junto
a unos pequeños estanques donde cambié a la orilla derecha, antes de llegar a
la vista del Ibón Alto de Bagüeña. Éste ocupa el fondo de un impresionante
circo dominado por la Punta Millaris y los picos de la Forqueta, además del…
… Eriste
Norte o Pico Beraldi, mi primera cima del día, que me dominaba ya a la
izquierda (NO). Así que, sin llegar al lago y tomando como referencia la propia
cumbre, gané altura en diagonal por la pedrera que se extiende bajo el espolón
sureste del pico. Al llegar a la roca, giré a la derecha (NE) y rodeé el
obstáculo llaneando por una repisa cubierta de nieve, al final de la cual me
volví a la izquierda (NO) para…
…
remontar la pedrera que forma la cara oriental del Eriste Norte, siguiendo la
base del lomo de roca que llevaba a mi izquierda. Había hitos marcando el paso
más cómodo, pero, antes de llegar a la cumbre, un poco cansado de tanta piedra,
los abandoné por la izquierda para trepar a la cresta por…
… unas
placas inclinadas, muy fáciles (I).
Luego, el
trecho de arista que me restaba hasta la cima es ancho y subí caminando esos
últimos metros.
Si algo
atrae la mirada enseguida en la cumbre del Eriste Norte, es la cercana Cresta
de las Espadas o, mejor dicho, los coloreados estratos de su cara suroeste.
También
tiene un impresionante aspecto la Tuca de la Llantia, en lo alto de la
recortada silueta de la Arista de Cristal.
Pero
pasaban de las 10 y no quería bajar muy tarde, así que apenas estuve 20 minutos
en la cumbre antes de reemprender camino hacia el Gran Pico de Eriste.
Tras
deshacer camino, esta vez siguiendo los hitos y obviando el tramo de arista,
hasta el pie del espolón sureste, atravesé directamente en diagonal la ladera,
alternando pedrera y brevísimos neveros de mínima pendiente, hacia la brecha
que se abre entre los picos central y meridional.
Al llegar
a la brecha, pasé a la vertiente oeste y se abrió a mi derecha (N)…
… un
corredor pedregoso, muy descompuesto, adosado a la cara occidental del Gran
Pico de Eriste. Subí por el fondo del mismo, aprovechando trazas de paso en
busca de alguna estabilidad.
Antes de
las 12, había hecho cumbre en el más alto de los Picos de Eriste.
Atrás
quedaba el Eriste Norte, aunque la vista a ese lado la dominaban Espadas y Posets.
Al oeste,
resultaba curiosa la simetría de los Lagos de Millares y Leners. Más allá, las nubes
iban entrando sobre los Culfredas y Bachimala.
Aquí sí
que me explayé. Era más de la una cuando abandoné la cima por el mismo sitio
por donde la había alcanzado, para encaminarme al Eriste Sur. Tras descender el
corredor de la subida, pasé…
… de
nuevo a la vertiente oriental de la cresta. Luego, bajé en diagonal al sureste
para ir rodeando por su base el Eriste Sur, caminando primero por pedrera y
después sobre la nieve. Al alcanzar un lomo pedregoso que baja de la cumbre al
sureste, giré a la derecha (NO) y…
… subí
por el mismo, guiado por unos hitos que me guiaron a una rampa herbosa, de
fuerte pendiente, por la cual…
… salí a
cresta muy cerca de la cumbre, que quedaba a mi derecha, al otro lado de una
ancha arista pedregosa. Era ya la una y media cuando llegué al Eriste Sur.
Seguía
atrayendo la mirada el grupo de Posets y las Espadas, que se veía ahora
enmarcado por los otros dos Eristes.
Claro
que, en dirección este, tampoco desmerecen la cresta de la Forqueta a la Tuca
de la Llantia. Escorvets e Ixeia asomando detrás y, al fondo, el Macizo de la
Maladeta cubierto de unas nubes que se iban adensando.
Al sur,
más allá del Ibón Bajo de Bagüeña se llegaba a ver el Valle de Benasque y, más
allá, las alturas de Gallinero, Castanesa, etc. Pero, como las nubes se hacían
densas y el calor empezaba a ser bochornoso, anunciando tormentas, comencé enseguida
a bajar, tras apenas diez minutos en cumbre. Luego, no estallarían hasta última
hora de la tarde, cuando ya estaba yo en Benasque; pero eso no podía saberlo. Empecé
bajando por el mismo camino que había subido.
Al llegar
al lugar del lomo en que lo había alcanzado a la venida del Gran Pico de
Eriste, continué por lo alto del mismo hasta alcanzar su extremo. Allí giré a
la izquierda (SE) para seguir por los neveros que…
… se
extendían por la pedregosa vertiente hacia el ibón bajo de Bagüeña. Según
llegué a la nieve, desaparecieron los hitos, no sé si por que se desvían y no
lo vi o porque quedaban cubiertos.
En todo
caso, el descenso fue rápido y cómodo, alternando sucesivos neveros de
pendiente moderada con cortos tramos de pedrera.
Sin
necesidad de llegar al mismo lago, reencontré los hitos y el lugar donde había
alcanzado el reborde de Bagüeñola esa mañana. Desde allí, me dirigí por el
mismo camino de ida hacia la Cabaña de Pardines, que ya veía desde ahí, pues
tenía material que recoger; si no fuera así, podía haber bajado directamente a
la Pleta de la Vall por la ruta habitual de la repisa inclinada. Alcancé la
cabaña hacia las cuatro de la tarde y, tras recoger y tomar un buen descanso a
la sombra (la tarde se había vuelto agobiante), bajé a Tramarius a por el
coche, lo que me llevó algo menos de dos horas, por el mismo itinerario de la
subida.
Comentarios
Publicar un comentario