Pico Grande de Eriste (3.056)

ASCENSIÓN DESDE EL VALLE DE ERISTE

POR LA AIGÜETA DE LA VALL, CON LOS PICOS BERALDI (3.031) Y BAGÜEÑOLA (3.041)

Los Picos de Eriste son tres hermosas pirámides que culminan el núcleo suroeste del Macizo de Posets, formando una cresta donde convergen las cuencas del Sein, Barbarisa, Millaris y Bagüeña. Como es común en esta parte del Pirineo, se trata de cimas descarnadas y agudas, que no presentan grandes paredes, pero sí empinadas laderas pedregosas que se alzan sobre los pequeños lagos glaciares que alojan las cabeceras de los barrancos. Un mundo de roca y agua elevado sobre los profundos valles de un verdor denso y fresco que hace aún más patente la desolación de las cimas.

La visita a los tres picos se realiza por las correspondientes normales, casi ascensiones independientes, a partir del alto rellano que, sobre los 2.800 m de altitud y por encima de los lagos más altos, corta la cara oriental de la montaña, la que da a Bagüeña. Para llegar allí, y regresar luego, seguiremos la Aigüeta de la Vall, que es quizá el más recóndito de los barrancos del macizo, haciendo noche en la Cabaña de Pardines.

Cresta del Macizo de Posets vista desde el sureste, con los Picos de Eriste a la izquierda, culminado el grupo de roca más clara.

SITUACIÓN:

  • Zona: Alto Sobrarbe (Pirineos)
  • Unidad: Macizo de Posets
  • Base de partida: Eriste (Huesca)

ACCESO: La población de Eriste, perteneciente al municipio oscense de Sahún, está situada en el noroeste de la provincia, en el alto valle del Ésera, en el tramo que corre entre los macizos de Posets y el Ampriú, ya en la Ribagorza. La ruta comienza cruzando el Puente Románico de Tramarrius, al que se llega tomando la pista forestal que remonta el Valle de Eriste y, al cabo de 3 km, desviándose a la izquierda (NO) por el breve ramal (300 m) que baja al pequeño aparcamiento (apenas 3 ó 4 coches) que hay junto al puente mismo. Puedes calcular un itinerario desde tu lugar de origen hasta allí en el siguiente link a GoogleMaps.

OTROS DATOS:

  • Cota mínima / máxima: 1.250 / 3.056
  • Mi tiempo efectivo aproximado: 10h00 en dos jornadas (2h30 + 7h30)
  • Mi tiempo total: 13h00 (descontando la pernocta) en dos jornadas (3h30 + 9h30)
  • Dificultades: F. Trepada de unos 10 m de desnivel por placa tumbada (I grado) para subir al Beraldi. Además, durante todo el paso por los picos hay numerosas trepadas muy cortas casi sin dificultad y mucha pedrera.

Mapa tomado del visor Iberpix. ©INSTITUTO GEOGRÁFICO NACIONAL DE ESPAÑA

LA RUTA: Cruzar el Puente de Tramarius y tomar, pocos metros a la izquierda, la senda que remonta la Aigüeta de la Vall por su ribera derecha. Subir por la misma hasta topar con el camino de la Vall, que viene de Guayente; tomarlo a la derecha (NO) y seguirlo, pasando junto a la Cabaña de la Aigüeta, hasta la Pleta de la Vall. Vadear el torrente a la entrada de este rellano y tomar una clara senda que sube al SO hasta la Cabaña de Pardines

Dirigirse al barranco que baja del Ibón del Paso, cruzarlo y desviarse a la derecha (N) por una terraza que permite alcanzar el Ibón de Bagüeña sin perder cota, rodeando por su base el pico homónimo. Remontar el Valle de Bagüeñola y, a la vista del ibón alto, desviarse a la izquierda (NO) hasta la base del espolón SE del pico norte. Rodearlo por la derecha y luego subir paralelo a él hasta una fácil placa (I) que permite encaramarse al lomo pocos metros por debajo de la cima del Pico Beraldi (F).

Bajar por el mismo camino hasta estar al pie del espolón y girar a la derecha (O) para cortar la ladera en diagonal hasta llegar a la brecha entre los picos central y meridional. Atravesar la horcada y tomar a la derecha (N) una canal adosada a la cara oeste de la cresta, que va a salir junto a la cima del Gran Pico de Eriste (F).

Volver a la horcada y bajar a la derecha (SE) para acercarse a la base de la pared del pico meridional. Girar a la derecha (O) para rodearla hasta alcanzar el lomo que cae de la cumbre al sureste. Subir por lo alto del mismo hasta alcanzar el Eriste Sur.

Bajar inicialmente por el mismo camino, pero seguir por lo alto del lomo citado hasta que se funde en una amplia ladera. Continuar el descenso por esta vertiente, paralelo al eje del Valle de Bagüeñola y manteniéndose a media altura, hasta las cercanías del Ibón de Bagüeña. Sin necesidad de llegar a alcanzarlo, regresar a la Cabaña de Pardines, por el mismo itinerario de la terraza que a la ida y, luego, al Puente de Tramarrius.

Croquis de la ruta sobre ©GOOGLE EARTH

COMENTARIOS: Con frecuencia, la Aigüeta de la Vall se remonta saliendo de Eriste o del Santuario de Guayente. Salí del Puente de Tramarius, por dos motivos; primero, es más corto; segundo, de esta forma seguí barranco en su integridad, desde la desembocadura en el valle principal, incluyendo en la ruta un tramo que es muy bonito y salvaje que, de otra manera, quedaría sin visitar. Claro que ese tramo inicial es tan agreste y poco visitado que, además de empinado, incluye sitios donde prácticamente se ha perdido el trazado. También es muy variado, incluyendo pasos vertiginosos y otros claustrofóbicos, según nos asomemos al torrente y nos metamos entre la densa vegetación. Una delicia para aventureros (esto lo escribí en 2009; igual ahora hay una autopista, aunque lo dudo). Pero, con todo y con ello, senda hay; y si dejamos de ir, aparte de perdernos un puñado de rincones fascinantes, terminará de borrarse.

Respecto a la ascensión a los Eristes desde Pardines, en hermosa y muy fácil; incluso más de lo que había leído en guías. Realmente, en condiciones estivales, casi toda la dificultad es la que te quieras buscar. Dormir en la Cabaña de Pardines permite hacer los tres picos en el día con cierta tranquilidad; hacerlo en el día, poderse, se puede, pero se disfrutaría menos. Encontré las perspectivas desde los tres picos inesperadamente distintas, así que merece la pena ir sobrado de tiempo para hacer una buena parada en cada cima.

RELATO GRÁFICO:

Salí del Puente de Tramarius hacia las cinco de la tarde para subir a dormir a Pardines. Aunque todavía hacía mucho calor, no quise retrasarme más. Tras cruzarlo y girar al sur, hacia Eriste, dejé el camino a los pocos metros, tomando a la derecha (O)…

… una senda que se abre paso entre la densa vegetación y remonta la ribera derecha de la Aigüeta de la Vall. Es estrecha y empinada pero muy clara.

Tras dejar atrás el acceso a una pequeña presa, el estado del camino se deteriora, con zonas poco claras y pasos escabrosos donde el terreno ha cedido o un árbol caído interrumpe el trazado. A veces, la senda va en balcón sobre el cauce.

Otras veces, se separa del agua y atraviesa rellanos en el bosque, muy denso y húmedo en este cerrado vallecito.

A veces, saliendo a la derecha del camino unos pocos metros, algún ramal permite llegar hasta la misma orilla, lo que hice para tomarme un descansito junto a estos bonitos saltos y, de paso, refrescarme un poco.

Tras un último tramo por bosque, el más confuso, pero no tanto como para no poder seguir el rastro de la senda, salí al claro formado por una pedrera. Unos hitos indicaban remontarla y, a los pocos metros, me topé con…

… el Camino de la Vall, amplio y bien acondicionado, que desde Guayente remonta toda la Aigüeta. Lo tomé a la derecha (NO), volviendo enseguida a internarme en el bosque.

De vez en cuando, pasaba por algún claro y podía ver, al fondo aguas arriba, la cresta de Sillerets, sobre la que asomaba tímidamente la cima de la Llantia. Volviéndome, veía…

… cómo el sol hacía brillar todavía los picos de Cerler, Basibé y Gallinero, mientras las sombras de la tarde me alcanzaban.

Poco después, pasé a la vertiente izquierda de la Aigüeta por un puente, donde me crucé a la única persona que crucé durante la subida. Tras otro tramo empinado entre árboles, …

… al salir a un nuevo prado, apareció el refugio Baquerizal, pequeño, que carecía de puerta y tenía el piso de tierra. Un abrigo precario, pero que puede sacar de un apuro. Tras rodear la cabaña por detrás, la senda me llevó por una zona rocosa entre pinos antes de girar para tomar dirección oeste y…

… seguir remontando el barranco por los prados de la orilla izquierda, ya con el Collado de la Ribereta a la vista.

Tras un paso estrecho, el valle se abre en la Pleta de la Vall, donde el río forma varios brazos y un remanso bajo escarpadas vertientes, mientras atraviesa un gran llano herboso. La senda lleva al principio por la misma orilla izquierda, pero cruza enseguida los brazos más cercanos.

Luego, atravesé el prado central hacia la ladera meridional del valle, donde debía buscar la senda que sube a Pardines. Enseguida distinguí un corte en el pinar de la parte baja de la ladera y, aprovechando ese pasillo despejado, un caminillo que remonta la vertiente. Además, fijándome arriba a la derecha, también vi algo brillar: el tejado de una de las Cabañas de Pardines. Pero me quedaba por cruzar el brazo sur, el más caudaloso.

Afortunadamente, me encontré este par de troncos caídos que, mediante algo de funambulismo, me permitieron pasar sin una sola salpicadura. Menos mal porque, en una anterior visita, hube de descalzarme y remangarme los pantalones, llegándome el agua casi a las rodillas.

Hacía rato que oía estruendo de agua caer y, al empezar a remontar la ladera, fui descubriendo a mi espalda, poco a poco, la gran cascada en que desaguan los ibones de Bagüeña, realmente impresionante al salvar ese escalón de 300 metros.

Al dejar atrás los últimos pinos, me encontré ante un arroyuelo, al otro lado del cuál, sobre un alto, vi por fin la Cabaña de Pardines.

Había, en realidad, dos edificios, aunque sólo uno está habilitado como refugio, siendo el otro un simple cobijo.

Eran más de las ocho de la tarde cuando llegué a la cabaña. Estaba solo y, tras instalarme, pasé un buen rato sentado en la hierba, contemplando…

… al este cómo el sol vespertino iba tiñendo de anaranjado…

… el Macizo de la Maladeta.

Luego, llegó otro montañero, Miguel de nombre, que dormiría también en Pardines, pero para ir a la Llantia y con quien iniciaría ruta al día siguiente. Para ir de la Cabaña de Pardines a la cuenca de Bagüeñola no es necesario bajar a la Pleta de la Vall. Puede hacerse sin perder cota atravesando la cara oriental del Pico Bajo de Bagüeña por las pedreras que se extienden por debajo del roquedo culminante. Con ese propósito…

… salimos hacia la parte de atrás de las cabañas, antes de las siete de la mañana, atravesando el llano para entrar por el barranco que baja del Ibón del Paso, donde encontramos una senda que remonta la ribera derecha. Al poco, unos hitos al otro lado del torrente, bajo un característico grupo de pinos, nos indicó que llegaba el momento de cruzar el arroyo y dirigirse al norte rodeando la cabecera de la Pleta de la Vall.

Los hitos fueron guiándonos, primero por un breve rellano de hierba y luego por una pedrera no muy inclinada y de mejor pasar de lo que parece. Fuimos alternando tramos de travesía casi llana con subidas de cara a la pendiente, cuando alguna banda herbosa permitía ganar altitud con más comodidad. A nuestra derecha, …

… el sol empezaba a tocar las crestas mientras la Pleta de la Vall permanecía en sombras.

Cuando alcanzamos el reborde del Valle de Bagüeñola, desde donde se despeña la cascada, pudimos contemplar atrás las Cabañas de Pardines brillar sobre la hierba bajo la Tuca de Cambra, más allá de las pedreras que acabábamos de atravesar.

Poco después llegamos al Ibón Bajo de Bagüeña, dominado por mis tres objetivos del día. Mi camino estaba claro: dado que quería empezar por el Eriste Norte, tenía que remontar el barranco que baja del lago superior. Así, que tras cruzar el desagüe del lago y rodearlo por su orilla oriental, fui subiendo por la orilla izquierda del torrente, caminando por terreno cómodo, cubierto de hierba entre rocas y de pendiente muy llevadera.

Al poco, me separé de Miguel y, ya solo, continué remontando el barranco, pasando junto a unos pequeños estanques donde cambié a la orilla derecha, antes de llegar a la vista del Ibón Alto de Bagüeña. Éste ocupa el fondo de un impresionante circo dominado por la Punta Millaris y los picos de la Forqueta, además del…

… Eriste Norte o Pico Beraldi, mi primera cima del día, que me dominaba ya a la izquierda (NO). Así que, sin llegar al lago y tomando como referencia la propia cumbre, gané altura en diagonal por la pedrera que se extiende bajo el espolón sureste del pico. Al llegar a la roca, giré a la derecha (NE) y rodeé el obstáculo llaneando por una repisa cubierta de nieve, al final de la cual me volví a la izquierda (NO) para…

… remontar la pedrera que forma la cara oriental del Eriste Norte, siguiendo la base del lomo de roca que llevaba a mi izquierda. Había hitos marcando el paso más cómodo, pero, antes de llegar a la cumbre, un poco cansado de tanta piedra, los abandoné por la izquierda para trepar a la cresta por…

… unas placas inclinadas, muy fáciles (I).

Luego, el trecho de arista que me restaba hasta la cima es ancho y subí caminando esos últimos metros.

Si algo atrae la mirada enseguida en la cumbre del Eriste Norte, es la cercana Cresta de las Espadas o, mejor dicho, los coloreados estratos de su cara suroeste.

También tiene un impresionante aspecto la Tuca de la Llantia, en lo alto de la recortada silueta de la Arista de Cristal.

Pero pasaban de las 10 y no quería bajar muy tarde, así que apenas estuve 20 minutos en la cumbre antes de reemprender camino hacia el Gran Pico de Eriste.

Tras deshacer camino, esta vez siguiendo los hitos y obviando el tramo de arista, hasta el pie del espolón sureste, atravesé directamente en diagonal la ladera, alternando pedrera y brevísimos neveros de mínima pendiente, hacia la brecha que se abre entre los picos central y meridional.

Al llegar a la brecha, pasé a la vertiente oeste y se abrió a mi derecha (N)…

… un corredor pedregoso, muy descompuesto, adosado a la cara occidental del Gran Pico de Eriste. Subí por el fondo del mismo, aprovechando trazas de paso en busca de alguna estabilidad.

Antes de las 12, había hecho cumbre en el más alto de los Picos de Eriste.

Atrás quedaba el Eriste Norte, aunque la vista a ese lado la dominaban Espadas y Posets.

Al oeste, resultaba curiosa la simetría de los Lagos de Millares y Leners. Más allá, las nubes iban entrando sobre los Culfredas y Bachimala.

Aquí sí que me explayé. Era más de la una cuando abandoné la cima por el mismo sitio por donde la había alcanzado, para encaminarme al Eriste Sur. Tras descender el corredor de la subida, pasé…

… de nuevo a la vertiente oriental de la cresta. Luego, bajé en diagonal al sureste para ir rodeando por su base el Eriste Sur, caminando primero por pedrera y después sobre la nieve. Al alcanzar un lomo pedregoso que baja de la cumbre al sureste, giré a la derecha (NO) y…

… subí por el mismo, guiado por unos hitos que me guiaron a una rampa herbosa, de fuerte pendiente, por la cual…

… salí a cresta muy cerca de la cumbre, que quedaba a mi derecha, al otro lado de una ancha arista pedregosa. Era ya la una y media cuando llegué al Eriste Sur.

Seguía atrayendo la mirada el grupo de Posets y las Espadas, que se veía ahora enmarcado por los otros dos Eristes.

Claro que, en dirección este, tampoco desmerecen la cresta de la Forqueta a la Tuca de la Llantia. Escorvets e Ixeia asomando detrás y, al fondo, el Macizo de la Maladeta cubierto de unas nubes que se iban adensando.

Al sur, más allá del Ibón Bajo de Bagüeña se llegaba a ver el Valle de Benasque y, más allá, las alturas de Gallinero, Castanesa, etc. Pero, como las nubes se hacían densas y el calor empezaba a ser bochornoso, anunciando tormentas, comencé enseguida a bajar, tras apenas diez minutos en cumbre. Luego, no estallarían hasta última hora de la tarde, cuando ya estaba yo en Benasque; pero eso no podía saberlo. Empecé bajando por el mismo camino que había subido.

Al llegar al lugar del lomo en que lo había alcanzado a la venida del Gran Pico de Eriste, continué por lo alto del mismo hasta alcanzar su extremo. Allí giré a la izquierda (SE) para seguir por los neveros que…

… se extendían por la pedregosa vertiente hacia el ibón bajo de Bagüeña. Según llegué a la nieve, desaparecieron los hitos, no sé si por que se desvían y no lo vi o porque quedaban cubiertos.

En todo caso, el descenso fue rápido y cómodo, alternando sucesivos neveros de pendiente moderada con cortos tramos de pedrera.

Sin necesidad de llegar al mismo lago, reencontré los hitos y el lugar donde había alcanzado el reborde de Bagüeñola esa mañana. Desde allí, me dirigí por el mismo camino de ida hacia la Cabaña de Pardines, que ya veía desde ahí, pues tenía material que recoger; si no fuera así, podía haber bajado directamente a la Pleta de la Vall por la ruta habitual de la repisa inclinada. Alcancé la cabaña hacia las cuatro de la tarde y, tras recoger y tomar un buen descanso a la sombra (la tarde se había vuelto agobiante), bajé a Tramarius a por el coche, lo que me llevó algo menos de dos horas, por el mismo itinerario de la subida.

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