Croquis
de la ruta sobre ©GOOGLE EARTH
COMENTARIOS: Otra
posibilidad más, y son muchas, de subir al Abantos desde el Escorial, con sus
parajes plácidos y sus amplios panoramas; esta vez, con el añadido del Cerro de
la Cabeza. También está la visita a La Torrecilla, curioso monolito de unos 15
m de altura, por donde no había ido desde hacía casi 30 años; entonces, era una
excursión muy popular; ahora, no debe serlo tanto pues no encontré rastro de la
senda que había entonces y ni siquiera de los hitos que la marcaban.
Precisamente, la única dificultad de la ruta está en el tramo entre el final de
Las Zetas y el encuentro de la pista del pinar; es decir, precisamente la
visita a la Torrecilla, que supone hacer una travesía con fuerte pendiente
lateral, entre matorral y cantos. Pero creo que merece la pena; ahí están las
fotos.
Se puede trepar a la
Torrecilla sin afrontar gran dificultad (III-), aunque es muy expuesto, por el
lado derecho de la arista norte, donde la abundancia y calidad de los apoyos
permiten una escalada más fácil de lo que la verticalidad de la roca haría esperar.
En su día lo hice y estoy, por tanto, en condiciones de advertir que la
perspectiva desde lo alto no mejora a la de los alrededores. Esta vez, no
repetí; voy estando mayor.
RELATO GRÁFICO:
El parking llamado “El Escorial Monte Abantos” está dominado por la
presa del Embalse del Romeral. Comencé por dirigirme a su extremo izquierdo, es
decir, occidental. De ahí, sale de la carretera una senda marcada con trazos
verdiblancos, que se dirige al sur remontando la ladera boscosa.
A los
pocos metros, se bifurca y yo continué por la izquierda (O), abandonando las
marcas de puntura, para tomar como referencia una cerca de alambre que llevaba
a la izquierda.
Luego,
pasé por un restaurante y, por la calle de acceso al mismo, volví a la
civilización, a una zona de chalés. Al llegar a un cruce, giré a la derecha
(SO).
No tardó
en desaparecer el asfalto y, tras cruzar la cancela que lo cierra al tráfico,
me encontré caminado por el Horizontal Bajo que, haciendo honor a su nombre, va
atravesando el pinar. Al poco de iniciar, dejé de lado un primer desvío a la
derecha.
De vez en
cuando, un hueco en los árboles me dejaba ver las Machotas a mi izquierda o...
... el
Cerro de la Cabeza al otro lado.
Pasó un
ratito antes de encontrar un segundo desvío a la derecha (O). Es la salida de
la senda llamada de Las Zetas, que, si no tan ancha como el Horizontal, está en
estupendas condiciones y remonta el pinar trazando suaves lazadas.
Al poco,
sale a un claro, donde es interrumpida por un carril más amplio, que tomé a la
izquierda (SO), para...
...
dejarlo enseguida por la derecha (O), por la continuación de las Zetas.
Como ya
dije, esta senda está muy bien trazada y acondicionada y se gana altura casi
sin sentir.
Hacia la
cota 1.350 desemboqué, ya definitivamente, en otro camino horizontal, que tomé
a la izquierda (SO).
Tras
perder algo de altitud frente a los riscos del barranco de la cabeza, el
camino...
... acabó
bruscamente en mitad del pinar. Delante tenía una torrentera y, paralela a la
misma, una cerca de piedras reforzada con otra de alambre que dificultaba el
aspo. Recurriendo a viejos recuerdos, estimé que estaba demasiado bajo y giré a
la derecha (NO) para...
...
remontar la despejada ladera bajo los pinos, paralelo al barranco, hasta que...
... la
cerca pasó al otro lado del cauce seco y apareció un hueco. Y no una zona
derrumbada, sino hecho a propósito, como se aprecia por las losas levantadas
para contener los cantos del muro. Además, el mallazo estaba ahí abierto y
enrollado a los lados. Recordaba este paso de cuando vine hace muchos años,
pero, ahora, no había rastro de la senda horizontal que llegaba aquí desde el
este, desde el Arboreto Luis Ceballos, y...
...
tampoco del trazo con hitos que la prolongaba al otro lado del muro y conducía
a La Torrecilla. Estimando que estaba a la altitud adecuada, tras girar a la
izquierda (SO) y cruzar el muro, atravesé la ladera al suroeste. El terreno no
era de los peores, pero resultaba incómodo progresar por él, más que por el
matorral, por lo inestable del piso y la pendiente lateral. Eso sí, las vistas
eran despejadas con la Machotas enfrente y...
... el
Abantos, la Pedriza y la Sierra de Hoyo de Manzanares que se iban descubriendo
a mi espalda.
Delante
apareció la Almenara, asomando sobre un cancho que baja del Cerro de la Cabeza,
al otro lado del cual...
... me
encontré con La Torrecilla unos metros más abajo.
Sorprende
este monolito de 15 metros de altura aquí en medio. Ésta es la vertiente norte
y el sitio más fácil para escalarlo (III-) es por en medio de la zona
sombreada, donde la roca forma una ligera concavidad. Es vertical, pero menos
difícil de lo que parece, merced a la calidad y cantidad de las presas. Eso sí,
salvo por espíritu de juego, no merece la pena subirlo, pues...
... no
mejora las vistas desde su base, que tampoco son una maravilla. Aquí, el lado
oeste del risco y la llanura madrileña al fondo.
Tras un
piscolabis, continué hacia el suroeste, hacia la linde de un pinar cercano, por
cuyo interior sabía que iba una pista.
Atrás
queda La Torrecilla.
Al llegar
cerca del pinar fui derivando hacia la izquierda, hasta tomar dirección sur. La
progresión cambió en los últimos metros previos a la linda; la presencia de la
jara la hizo aún más incómoda.
Una vez
bajo los pinos, el terreno se despejó y, tras pasar un par de terrazas de
repoblación manteniendo dirección (S), topé con la pista que buscaba, muy
abandonada pero reconocible y, tras lo pasado, me pareció una maravilla. La
tomé a la derecha (O) y pasé a remontar gradualmente el bosque.
En la
única bifurcación que pasé, continué por la derecha (SO). Poco después salí a
un claro cercano al collado (1.466), donde topé con este cernícalo que aguantó
mi presencia con firmeza, poco dispuesto a abandonar una presa que tenía
agarrada.
Luego, el
carril comenzó a seguir la cuerda a la derecha (N), hasta que desapareció al
entrar en una nueva arboleda. Salí de la misma frente a la valla que recorre el
cordal y la traspuse, apoyándome en el canto que se ve a la izquierda. Al otro
lado, tomé a la derecha (N)...
... la
pista que recorre el cordal. Va dando unas grandes lazadas, que atajé por los
correspondientes carriles.
Al ganar
altitud, fueron surgiendo en el horizonte, a ver a mi espalda, las crestas de
Gredos y la Paramera, más allá de los montes de la comarca de Los Pinares.
Los pinos
rodean la cima del Cerro de la Cabeza, limitando el panorama en casi todas
direcciones.
Sólo al
sureste la perspectiva es amplia, hacia el indeterminado horizonte de la
Meseta, enmarcada la llanura próxima por el Monte Abantos y las Machotas.
Para
dirigirme ya hacia la cumbre del día, no podía ser más obvia y fácil la ruta:
cuerda adelante, al noreste, por el pedregoso carril que, al poco, ...
... se
empinó súbitamente y, girando al norte para evitar por esa vertiente el
subibaja de la cresta, entró en el pinar.
Salí del
mismo a la vez que desembocaba en una pista horizontal que tomé a la derecha
(NE), para flanquear, como ya dije, la cuerda por el norte, camino del Puerto
de Malagón y Abantos.
A mi
izquierda, se extendía el gran altiplano de Malagón y Pinares Llanos.
Al llegar
al Puerto de Malagón, donde mi pista y la carretera que lo atraviesa se tocan
si cruzarse, continué recto (N) por esta última, contorneando la cuerda por el
flanco occidental.
Al poco,
tras acabar el asfalto ante esta curva, dejé la carretera por un camino que
sale del exterior (NE) y se introduce en el pinar.
Alternado
trechos boscosos y de matorral, fui remontando ahora el lomo suroeste de Los
Tientos, modestísimo cabezo donde el Monte Abantos entronca con la divisoria
del Sistema Central. Al encontrar un carril horizontal, continué recto,
siempre...
... por
lo alto de esta anchísima cuerda. Ahora, a mi espalda, además de las crestas de
Gredos, había una buena perspectiva de Las Machotas, La Almenara, San Benito y
otros cerros vecinos.
A mi
derecho, fue asomando la cima del Abantos, pero, como en medio el terreno se
hunde en una vaguada, mejor seguir el lomo hasta...
... Los
Tientos, sobre cuya culminación asomaban algunos de los “grandes” del
Guadarrama: la Mujer Muerta, Siete Picos y Peñalara. Allí, encontré el GR-10 y
lo tomé a la derecha, para dejando la divisoria castellana, recorrer...
... el
breve cordal que conduce a la cumbre del Monte Abantos, que no está donde el
vértice, sino en ese roquedo que se ve a la izquierda del muro. Hay que
visitarlo, no sólo porque es el punto más alto de la montaña, superando en 10
metros al vértice geodésico, sino también porque...
... desde
allí se tiene la mejor perspectiva sobre el arco central del Guadarrama, desde
Cueva Valiente a la Pedriza, pasando por la Mujer Muerta, Siete Picos, Peñalara
y media Cuerda Larga.
Pero el
vértice lo pusieron donde está por algo y, tras la cumbre, me dirigí a él, o
mejor dicho a la cruz, que se alza en un balcón natural tendido sobre...
... el
Escorial y la llanura madrileña. Era verano y la vista daba lo que daba, pero,
en días más claros se llegan no sólo a ver sino a identificar los picos en los
Montes de Toledo.
Al
suroeste, podía ver el Cerro de la Cabeza, delante de San Benito y Gredos. Para
bajar, habría de ir hacia allí, pero no directamente, siguiendo el GR por el
lomo, sino...
... por
una buena senda que sale al noroeste desde el vértice, dejando a la derecha el
repetidor. Esta alternativa acorta el trayecto sin renunciar a la comodidad.
El
camino, al poco, giró al suroeste, pasando a descender la cabecera del Arroyo
del Romeral (el mismo de la presa de donde salimos y cuyo curso que marcará el
descenso). Al dar con una pista, la tomé a la izquierda (SE) y, a los pocos
metros, topé con...
... las
marcas del GR 10, precisamente en el lugar en que dejan la pista para seguir
por una pedregosa vereda que entra en un pinar. Yo, girando a la derecha (S),
me incorporé a la misma, pasando al poco por el claro de la Fuente del Cervunal
y volviendo enseguida al bosque, muy denso.
Sólo muy
de vez en cuando, se abrían los árboles, dejando ver, por ejemplo, los cerros
de San Benito y la Cabeza.
También
vislumbré alguna vez los riscos de La Arista, pero muy tapados.
La
cercanía de las Machotas me anunció la cercanía del final del descenso y, poco
después, topé con...
... una
primera pista, que travesé manteniendo dirección (S) y, enseguida, una segunda
(ésta), que tomé a la izquierda (SE), para desembocar...
... a los
pocos metros en una carretera. Aquí, giré a la derecha (NO), siguiéndola
hasta...
... salir
de una curva en herradura. Entonces, dejé el asfalto por la derecha (SO), por
el primero de dos caminos de tierra que salen juntos, el cual cruzó al poco un
cauce seco (se ve a la derecha de la foto).
No tardé
en dar con otro camino, más ancho, que ostentaba las marcas verdiblancas del
inicio. Tomándolo a la derecha (SE), fui...
...
bordeando a cierta altura el Embalse del Romeral, hasta encontrar una senda a
la izquierda (E), señalada por ese cartel y por donde se iban las marcas. La
tomé y una rauda bajada por el pinar...
... me
dejó en el primer cruce de la mañana y el punto de salida de la ruta, bajo la
presa.
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