Punta Alta (3.014)

ASCENSIÓN DESDE LA PRESA DE CABALLERS

CORREDOR NO

Frente a los Besiberris, se alza un tresmil aislado que remata el macizo que cierra por el sur el Circo de Colieto y lo separa del Valle de San Nicolás. La Punta Alta supera por muy poco los 3.000 m; nada que ver con los gigantes rodeados de glaciares. Pero es una montaña hermosa, un solitario nudo de crestas aéreas, que se elevan muy altas sobre unos valles en cuyo fondo el azul oscuro ribeteado de verde de los ibones pone una nota colorida y suave en el roquedo desolado.

La ruta comienza remontando el Barranco de Comalespada, pero, antes de llegar al Coll Arenós, se desvía a la derecha para rematar la ascensión por un corredor que corta la acra noroccidental de la Punta Alta, saliendo a la horcada inmediatamente al sur de la cumbre. Para el regreso, utilicé la conocida ruta, normal “bis”, de los lagos y barranco de Comalesbienes.

Vertiente noroeste de la Punta Alta, con el corredor señalado

SITUACIÓN:

  • Zona: Alta Ribagorza (Pirineos)
  • Unidad: Macizo de Colieto
  • Base de partida: Barruera (Lérida)
ACCESO: La población de Barruera es la capital del municipio leridano de La Vall de Boí y está situada en el noroeste de la provincia, en el valle que da nombre al municipio y se abre paso entre los macizos de Besiberri y Colieto, en la parte oriental de la comarca catalana de Alta Ribagorza. La ruta parte del Aparcament Presa de Cavallers, situado a 13 km valle arriba del pueblo. Puedes calcular un itinerario desde tu lugar de origen hasta allí en el siguiente link a GoogleMaps.

OTROS DATOS:

  • Cota mínima / máxima: 1.700 / 3.014
  • Mi tiempo efectivo aproximado: 6h30
  • Mi tiempo total: 9h30
  • Dificultades: PD, en las condiciones del día, con el corredor bien innivado de nieve dura y, en general, una capa continua y poco espesa por encima de los 2.500 m. Corredor de nieve de unos 320 m de altura, con pendiente media de 45º y máxima de 55º. Numerosas pequeñas trepadas (I), con poca exposición en general. La mayor parte de la ruta transcurre por terreno movido e incómodo, sin senda y a veces sin balizar. La entrada en el barranco requiere buena orientación y algo de intuición.
  • Track para descargar en Wikiloc
Mapa tomado del visor Iberpix. ©INSTITUTO GEOGRÁFICO NACIONAL DE ESPAÑA

LA RUTA: Salir de la presa del Pantà de Cavallers y rodearlo por el camino que recorre su orilla oriental hasta la desembocadura del torrente de Comalespada. Girar a la derecha (E), rodeando la cascada final por la ribera derecha antes de entrar al barranco de Comalespada (F) y remontarlo hasta un rellano hacia los 2.500 m de altitud. Subir a la derecha (S) hacia la boca del corredor NO, entrar en el mismo y remontarlo hasta ganar cresta en el Coll de Comalesbienes (PD). Girar a la izquierda (NE) y trepar por su lomo a la Punta Alta.

Volver al collado cabecero del corredor y seguir la cresta al SO, pasando una cota anónima antes de alcanzar el Pico de Comalesbienes (F). Girar a la izquierda (SE) y bajar siguiendo la arista que cae hacia los Estanys de Comalesbienes. Cuando el terreno lo permite, hacia los 2.700 m, girar a la derecha (SO) y bajar directamente al Barranc de Comalesbienes, que se alcanza por debajo de los lagos. Seguirlo a la derecha (O) y, cuando la pendiente aumenta bruscamente, dejarlo a la izquierda según marcan abundantes hitos, para bajar en diagonal a través de pedreras primero, y el bosque luego, hasta un barranco tributario que baja hacia la presa del Pantà de Cavallers (F).

Croquis de la ruta sobre ©GOOGLE EARTH

COMENTARIOS: Magnífica ascensión, directa y entretenida, a un hermoso tresmil. La idea de subir por aquí surgió un par de años antes, cuando, desde la cresta de los Besiberris, vi ese hermoso tajo en el roquedo de la Pinta Alta; precisamente, de ese día data la foto de portada. Eso sí, esperé una primavera con la nieve suficiente como para hacer la subida del corredor cómoda; no recomiendo meterse ahí cuando están todos los cantos al aire como en la foto. Sin que sean necesarias condiciones invernales, es conveniente que la nieve persista por encima de los 2.500 m para que cubra bien el canchal del tubo.

Si bien me cuesta creer que nadie hubiera pasado antes por el corredor NO, ni había hitos marcándolo ni encontré reseña alguna (en 2010; aunque ahora la cosa no es muy diferente). Sí que hallé en varias guías la subida por Comalespada hasta el Coll Arenós, pero, mirando desde el rellano donde me desvié al corredor NO, esta otra opción me pareció mucho más atractiva, y con poco incremento de dificultad. Claro que tampoco me encontré sendas ni nada de eso en el tramo común de las dos vías: un solo, y solitario, hito en toda la subida por Comalespada... que no sé qué señalaba exactamente. No parece éste un lugar muy frecuentado.

Casi la parte más comprometida es la entrada a Comalespada. Había leído que un hito señalaba el lugar donde desviarse del camino que bordea el embalse; pues bien, si fue así, yo no lo encontré. El rodeo de la cascada transcurre por terreno muy abrupto, entre árboles que impiden ver más que a unos pocos metros y yo calificaría ese tramo de aventurero. Es corto pero un despiste podría conducir al enroque.

Finalmente, desde el Pic de Comalesbienes, me fijé en otro corredor, más estrecho y empinado, que sale unos 30 ó 40 m bajo el collado a la izquierda del corredor NO; me hubiera permitido alcanzar la cresta directamente en cumbre. Además, se lo parecía en la foto Bueno, no iba a volver, pero... ahí está la idea para los obsesos de las subidas directas.

RELATO GRÁFICO:

A las siete y pico de la mañana, salí del aparcamiento bajo la presa del Estany de Cavallers. Las nubes bajas persistían, pero al menos no llovía, el viento estaba en calma y la temperatura era agradable. Tras subir al nivel del agua por una senda que arranca de la entrada al aparcamiento, comencé a rodear el embalse por el camino que va por la orilla meridional.

Más abajo el cielo estaba más despejado, dando lugar a una imagen tan sugestiva como l’Aüt y la cresta de Roques Blanques reflejándose en el agua del pantano.

A punto de alcanzar la cola del embalse, crucé el torrente que baja de Comalespada despeñándose por un gran escalón de roca. Poco después, giré a la derecha (SE) para subir por una rampa de hierba que parece evitar el resalte de la cascada. Había leído en guías y reseñas que un gran hito señalaba el lugar; si lo hubo, no lo encontré o ya no existía; la única referencia es la vista cercana de un cartel indicando el límite del parque nacional. La rampa me llevó pronto a entrar entre pinos, dejando de tener otra referencia que la pendiente.

Cuando salí de los árboles, me topé con un resalte de roca húmeda; no viendo mejor salida hacia los lados, lo superé por fracturas y repisas (I+ / 10 m).

Arriba, me encontré una terraza herbosa rematada en un segundo resalte; la recorrí hacia la derecha (S) hasta encontrar un contrafuerte donde tuve que volver a trepar (I / 8 m). Desde su lomo, alcancé una segunda terraza (ésta) que baja un poco a la derecha (S) antes de seguir atravesando la ladera hacia ese lado, y donde creí ver una evidente traza de paso. Esa terraza me llevó fuera de los árboles, entrando en…

… el barranco de Comalespada cuya ribera derecha, en la que me encontraba, era una banda de hierba empinada, pero libre de obstáculos. Giré a la izquierda (E) y subí por ella, llevando ahora al lado el torrente, que corre aquí por una profunda trinchera. Desde luego, había superado la cascada, no sin alguna peripecia, y la superficie del lago comenzaba a quedar abajo.

Poco después, llegué junto al cauce, lo que me permitió ir cambiando de orilla cuando las rocas me cerraban el paso.

Con la altitud, fui ganando perspectiva sobre la orilla opuesta de Cavallers; es decir la falda de los Besiberris, que muestra unas altísimas placas de roca bajo el Boni de l’Orri.

Hacia los 2.200 m, me encontré con una confluencia de torrentes. Continué por el de la izquierda que, según el mapa, es el principal. Además, es más ancho y menos empinado que el otro.

Poco después, el terreno se abrió a mi alrededor en una ladera cubierta de hierba y rocas a partes iguales y con pinos dispersos. Buscando el paso más cómodo, dejé el torrente bastante a la izquierda para subir por lo alto de un lomo poco marcado, donde el suelo era menos pedregoso. Luego, cuando se incrementa de nuevo la pendiente, volví a irme a la izquierda, ya bajo la cresta de Comalespada, para retomar el eje del barranco.

Para entonces, estaba llegando al nivel de las nubes, que seguían sin dejar ver gran cosa de las montañas que me rodeaban.

Sólo la cresta de Comalespada se mostraba altiva sobre mis pasos. Una fuerte pendiente donde se mezclaban roca y neveros me llevó a…

… un segundo rellano, a unos 2.500 m de altitud, donde empecé a pisar nieve. Precisamente a su entrada, sobre una peña, había tres o cuatro piedras apiladas en lo que me pareció un hito. Me detuve y busqué algún otro alrededor... nada. Pero la pila no parecía casual ¿qué hace un hito sólo? No sé, pero la cosa es que tenía que seguir subiendo.

Frente a mí, la niebla llenaba el tubo que sube al Coll Arenós; a su derecha, otra pala de nieve sube también. ¿Sería el corredor que buscaba?

Entonces, las nubes se abrieron lo justo para dejarme ver buena parte de la subida al Coll Arenós y, a la derecha, algo …

… más arriba, la boca de un corredor. ¡Bingo! Subí hacia la canal, de la que aún me separaban unos 150 m de desnivel con una pendiente creciente, hasta llegar a los 30º hacia el final.

Un vistazo a mi izquierda, aprovechando que se descubrió parte de la cresta de Comalespada, antes de…

… meterme en este estrecho pasillo entre rocas. Comienza con una pendiente bastante regular entre 40 y 45º durante 100 m. El ambiente es magnífico y encima las nubes bajas le dan un toque misterioso.

Luego viene el tercio central del corredor, otros 100 m de similar inclinación entre dos giros, derecha e izquierda. Sólo en las curvas la pendiente aumenta, superando claramente los 45º. Mirando hacia abajo, parece que el día se aclaraba y pude ver la superficie del pantano, mil metros más abajo.

Tras la última curva, quedan otros 120 m, donde la pendiente no baja ya de 45º y debe llegar a los 55º en el tercio final. Y en ese momento, cuando ya me habían rodeado las nubes, empezó a nevar. Al principio creí que eran copos arrastrados desde la cresta, hasta que vi que me seguían cayendo cuando la alcancé.

Desde el Coll de Comalesbienes, pude ver a mis pies el circo homónimo, con sus lagos apenas perceptibles.

Estaba justo al sur de la cima de la Punta Alta, de la cual me separan sólo 35 m de desnivel. Girando a la izquierda (NE), una breve trepada por los bloques apilados, fácil, pero para poner cuidado por la nieve fresca que los cubría, me llevó a la cumbre de la Punta Alta en pocos minutos.

Eran las doce y media de la mañana y allí estaba yo, en medio de un mundo blanco de nieve y niebla, solo con el hito y tres palomas (sí, palomas) que dieron un par de vueltas volando en torno a la cima antes de desparecer. Bueno, al menos había parado de nevar y, la verdad, no se estaba mal.

Sólo durante un momento las nubes subieron los suficiente para dejarme ver los Pics de Comalespada rematando una aérea cresta. Pese a no verse nada, el silencio y la calma total me hicieron abismarme en mis pensamientos y permanecí en cumbre una buena hora, hasta que se levantó un airecillo helado que me devolvió a la realidad.

Pasada la una y media de la tarde volví a la horcada donde había ganado cresta y continué por la arista al suroeste, pasando por una cota secundaria y anónima camino del Pic de Comalesbienes. La cresta cimera de esta montaña no plantea demasiados problemas; es amplia, no presenta cortes bruscos y los bloques que la forman son estables y cómodos de pasar. Pero ese día la nieve fresca imponía ciertas precauciones pues un mal resbalón puede ser grave en estas soledades.

En el Pic de Comalesbienes, cambié de dirección para descender a la izquierda (SE), por…

… un lomo que cae hacia los lagos, apenas visibles hoy. La bajada parecía impresionante desde arriba pero luego no fue tan fiera. Además, encontré entonces abundantes hitos que me facilitaron ir por el paso más conveniente.

Mientras iniciaba el descenso, la cumbre se descubrió por un momento, como para despedirme.

Fui alternando trozos por el filo del espolón con otros por una u otra vertiente. También hay algún paso empinado, pero no llegué nunca a tener que destrepar. A la vista de una prominencia en la arista, entre los 2.700 y 2.800 m de altitud, los hitos me llevaron claramente a la derecha (S), por…

… una empinada ladera helada por donde bajé rápidamente hacia el fondo del barranco. Pese a la capa de nieve, a estas alturas era ya perceptible la discontinuidad de una senda en la pendiente. Pero, para hacer el descenso más suave y breve, dejé la senda y atravesé directamente la ladera nevada en diagonal a la derecha, hacia una collada (2.634), de donde…

… un suave tuve de nieve bajaba a converger con el Barranc de Comalesbienes, que alcancé bastante por debajo de los lagos; calculo que entre los 2.500 y 2.400 m de altitud, en un tramo de poca pendiente, justo antes de…

… un brusco incremento de la pendiente. Acabó la nieve y, en las rocas de la derecha, reencontré los hitos, siguiendo los cuales continué el descenso. Aquí, una vez por debajo de las nubes me calló el chaparrón del día. Qué hermoso bajar triscando por estas piedras que, ahora, no sólo se mueven, sino que también resbalan.

Al menos, las vistas consolaban algo, como la de este risco medio embozado en la vertiente de Besiberri.

O el verdor del valle más abajo.

Los hitos me fueron pues conduciendo sin demasiados sobresaltos hasta llegar al pinar, donde también se me abrió el día y hasta me dio algo de sol. La senda, cada vez más marcada, me llevó pendiente abajo derivando ligeramente a la derecha.

Al cabo, salí de los árboles y hube de destrepar un escaloncillo de roca fácil y breve (I / 3 m) y luego esta especie de diedro algo más alto (I / 6 m), muy señalado pues por cualquier otro lado el paso es difícil.

Llegué así a un barranco estrecho y empinado, tributario del de Comalesbienes, por el que realicé la última parte de la bajada. Ya se veían las explanadas al pie de la presa de Cavallers y, al poco, la senda me dejó en…

… un amplio camino cubierto de hierba a la vista de la presa. Lo tomé al otro contrario del embalse, a la izquierda (S), que es la manera cómoda de acabar el descenso. El camino de marras desemboca en…

… una carretera que crucé para tomar un carril que sale prácticamente enfrente y que no es sino la entrada al aparcamiento del pie de la presa del Estany de Cavallers, donde había dejado el coche esa mañana. Eran las cinco de la tarde cuando llegué al mismo y, tras la tormentita que me pilló bajando por las pedreras, la tarde se presentaba de lo más tranquilo y agradable.

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