Croquis
de la ruta sobre ©GOOGLE EARTH
COMENTARIOS: Aunque fue en
junio, considero esta ascensión como en condiciones invernales, pues, aunque
con la aproximación limpia, la cantidad de nieve en altura era asimilable a las
de un mes de febrero o marzo. Las circunstancias fueron extraordinarias ese año
y, es curioso, hubo menos espesores en abril, pero las nevadas tardías de mayo
fueron mucho más abundantes de lo habitual. Lo malo es que las temperaturas no
acompañaban y había que tener cuidado especial con el estado del manto
(entonces no había tanto estudio nivológico a disposición del público y había
que manejarse a base ojo clínico).
Por otro lado, esta ascensión
es bastante interesante, pese a tener como objetivo un pico secundario (muy
secundario, de hecho). Pero sus aristas afiladas, su carácter panorámico y
aprovechar para visitar un valle solitario y fascinante que siempre queda como
a trasmano, valen el esfuerzo. Puede que este pico no sea un tresmil ni una
gran cumbre; que en la mayoría de los mapas ni figure con su nombre, pero la
ruta es bonita. (Esto lo escribí en 2008; ahora sí viene el nombre, aunque
escrito Torets; una deformación, pues turó en benasqués es una peña no muy
grande y turet, por tanto, una peña pequeña o una agujita; no hay más que mirar
la arista que va al Forcau para saber el por qué del nombre).
Mi intención inicial era
ir a los picos de Eriste atravesando la arista de la Llantia, pero el día
resultó caluroso desde el amanecer y, cuando llegué a la misma, hacia las 10 de
la mañana (tras costarme casi tres cuartos de hora superar una ladera nevada de
200 metros, hundiéndome hasta la cintura), la nieve estaba tan inestable al
otro lado que descarté bajar hacia Bagüeña y decidí ir hacia la Forqueta por la
arista. Cuando alcancé el Turets, decidí dejar la Forqueta y seguir por la
arista hacia el Forcau, primero porque el aspecto de esa arista me gustaba y,
segundo, porque así dedico una ascensión al Turets, en que éste es la cumbre
(esto puede parecer una tontería, pero a mí me gusta hacer estas cosas). Sobre
todo, porque ya había disfrutado bastante como para dar la jornada por bien
empleada.
RELATO GRÁFICO:
Hacia las
dos de la tarde del día 12, junto la iglesia de Eriste, tomé la calle que sale a
la izquierda de dicho edificio, indicada por un cartel al Refugio Ángel Orús.
Al poco, siempre siguiendo indicaciones, salí del pueblo por un camino de
cemento entre campos que, poco después, se estrecha haciéndose sendero y entra
bajo los árboles.
Cuando el
camino baja, tomé a la derecha (E) una senda más estrecha que lleva a un puente
que cruza la Aigüeta de Eriste. Al otro lado, una corta subida me llevó a la
pista que remonta dicho valle, la cual tomé a la izquierda (N). Enfrente, podía
ver la boca de La Ball, bajo las alturas de Cambra.
La pista
asciende suavemente y termina en una explanadita, frente a la cual, en la
vertiente oeste del valle, se despeña la Cascada de la Espigantosa. Del extremo
de la pista, sale al norte la senda que sube al Refugio Ángel Orús, cruzando
por un puente la Aigüeta de Eriste.
El camino
es ahora estrecho, pero está bien acondicionado. Alterna tramos más o menos
empinados, así como zonas arboladas y praderas. En todo caso, no tiene pérdida
y está además bien señalizado. Cuando iba llegando al mismo, hacia las cinco y
media, el Escorvets dominaba mis pasos al otro lado del valle.
Al día
siguiente, eran las siete menos cuarto cuando abandoné el refugio, dirigiéndome
hacia la boca del Valle del Forcau, visible desde la parte trasera del
edificio, más allá de la estación meteorológica. El cielo estaba totalmente
despejado y el sol iluminaba ya las crestas del Tucón Redondo y el Forcau.
Remonté la ladera por donde mejor me fue pareciendo, alternando hierba y
neveros todavía endurecidos pese a que no hacía nada de frío.
De vez en
cuando, encontraba trazas de senda, pero enseguida se esfumaban. Llegué así a
un rellano desde donde se domina el refugio, con el Escorvets al otro lado.
Por
encima, la nieve predominaba en el barranco, que fui remontando el valle,
primero por las pedreras de la ladera norte, al pie de la cresta del Forcau, y
luego por el eje de un tubo ancho y de pendiente muy llevadera.
Dejé a la
izquierda, bastante separado de mi ruta, este bonito ibón.
Luego,
llegué al inicio de otro rellano, desde el cual descubrí, al mirar atrás, lo
más alto de la Maladeta asomando sobre las crestas cercanas.
Seguí
adelante, girando gradualmente con el valle a la izquierda (O) y perdiendo algo
de altura para cruzar su eje y tomar una especie de terraza que sube en
diagonal por la vertiente sur.
Con la
curva del valle, aparecieron el Turets y el circo cabecero. Volviéndome antes
de entrar del todo en el mismo, pude ver…
… parte
de lo recorrido y las montañas de Vallibierna y Cerler en el horizonte.
Desde el
fondo del circo, una pendiente de nieve se levantaba hasta la cuerda, cubierta
de pequeñas coladas de nieve. Tenía que ir a la horcada justo a la izquierda
(S) del Turets. A la vista de la pendiente, en vez de subir directamente,
decidí atacar justo a la izquierda de la vertical de la cota que aprecia en el
centro, rodeando así por ese lado la banda de roca a media altura y acabar
subiendo en diagonal a la derecha. La nieve en el fondo del circo estaba consistente,
pero, según empecé a ganar altura, cada vez estaba más blanda y empinada; era
como subir una duna de frente. A la altura de la banda de roca, la pendiente se
superó los 50º y más arriba llegaría a acercarse a los 60... y yo hundiéndome
hasta la cintura. Así que decidí tirar por derecho, dirigirme a la roca más
cercana y acabé ganado la cresta un poco a la derecha de la prominencia
intermedia.

Al salir
a la arista, pude ver al otro lado los Picos de Eriste. Paré a pensar. Había
tardado casi una hora en superar 200 metros de desnivel; a saber cómo estaría
la nieve cuando llegara allí; y encima la bajada hacia Bagüeña era empinadísima
y vi cómo rodaba pendiente abajo algún bolo de nieve. Así que decidí cambiar de
objetivo.
Mi primer
pensamiento fue para la Tuca de la Llantia, que nunca había subido. Pero no me
fiaba de la estabilidad de la nieve en la arista. Sin embargo, al otro lado,
era…
… roca lo
que me separaba de Turets. Hacía 15 años había subido ahí por Llardaneta y me
gustó. Luego podría seguir hacia vecina la Forqueta y completar un bonito
recorrido. La primera parte de esta arista, hasta la horcada previa a la
pirámide cimera del Turets, es una sucesión de bloques aérea y movida, pero sin
dificultades significativas (I).
La
horcada es una escotadura estrecha en la que, para salir, tuve que superar un
resalte de unos 5 metros, asequible (II+) pero impresionante por el entorno y
que es el paso en roca más difícil del recorrido. Quizá pueda rodearse yéndose
por los neveros de los lados, pero es más bonito, y posiblemente menos
expuesto, atacar directamente. Tras esa corta trepada, seguí…
… por la
arista, ahora más tendida, apoyando con frecuencia las manos (I). La subida
final a la cumbre se volvió a empinar, pero la cuerda es ancha.
Por
cierto, la perrita del Ángel Orús me acompañó durante todo el recorrido; ese
tramo de arista lo rodeó por la nieve, ya que, con su poco peso, apenas se
hundía... ¡Quién pudiera! Una vez en cumbre, las vistas eran impresionantes.
Increíble estar en junio con tanta nieve. Como hacía muy buena temperatura, no
eran ni las 11 y el día iba a ser más corto de lo previsto inicialmente, me
quedé allí casi hora y media. Al otro lado de la arista por donde había
llegado, destacaba afilada…
… la Tuca
de la Llantia. Girando a la derecha, …
…
Cotiella, los Eristes, la Forqueta y, en medio, las lejanas cumbres de…
… las
Tres Sorores.
Volviendo
al entorno cercano, las Espadas y…
… Posets,
dominando medio horizonte.
También,
en la lejanía, Perdiguero y…
… toda la
cresta de la Maladeta, con un Aneto imponente junto al Pico Maldito.
En fin,
había que seguir. La arista que me separaba de la Forqueta SE no tenía mala
pinta y además la conocía ya.
Pero
entonces, mientras repasaba las vistas otra vez, mirando abajo ahora, …
… me fijé
en la arista este, que se dirige al Forcau. Pensé: no la conozco y parece
accesible pero entretenida. Así que me dispuse a seguirla al menos hasta que
las dificultades subieran o hasta el collado previo al Forcau. Así la ascensión
sería sólo al Turets, que también lo merece.
La arista
comienza como amplio lomo de nieve de inclinación ligera. Luego viene un tramo
horizontal y estrecho, convirtiéndose en la típica sucesión de bloques (I).
Después,
me encontré un modesto gendarme que preferí rodear por la derecha (S),
aprovechando unas fisuras y viras más expuestas que difíciles (II). Lo más
complicado viene justo antes de alcanzar la horcada del otro lado, defendida
por una placa lisa e inclinada hacia el vacío, pero breve (II+ / 3 m).
Tras la
horcadita, la arista vuelve a ser horizontal y después de unos metros, que
recorrí caminando con cierto tiento por los bloques del filo, llegué a …
… un hombro, donde la cresta se cubre otra vez
de nieve y baja hasta el collado previo a la primera aguja de la Cresta del
Forcau.
La bajada
por este lomo fue cómoda, con la nieve menos blanda de lo que me temía y su
pendiente regular y moderada.
Llevaba a
la izquierda esta perspectiva de la Llantia, que iba a perder de vista al
llegar...
… a la
horcada previa a la Cresta del Forcau. Bajé de ahí a la izquierda (N) para…
…
descender por una pala que empieza en 45º pero luego atenúa enseguida la
pendiente y acaba bastante suave, hacia el fondo del Valle de Llardaneta.
Éste se
presentaba como un amplio tubo nevado con las tucas Alta y Baja al fondo. El
ibón sólo se distinguía por la superficie plana del manto. La nieve empezaba a
estar otra vez incómodamente blanda y me fui a rodear el lago por su lado
izquierdo (N) para unirme a las numerosas huellas que bajaban del Collado de
Eriste.
Al
alcanzar la orilla noreste del ibón, donde queda el desagüe, me volví a
despedirme del Turets, humildísimo pico, pero hermoso mirador.
A partir
de ahí, las huellas me llevaron por el barranco por donde en verano corre el
torrente, más allá del cuál apareció al poco el Escorvets. Siguiendo este claro
rastro, llegué al poco a un cartel indicador, donde esta senda se une a la ruta
normal del Posets.
A partir
de ahí, marcas de pintura hitos y huellas me llevaron hacia la derecha (SE)
para rodear el Forcau.
Luego, la
nieve fue desapareciendo poco a poco y apareció la amplia y marcada senda que
desciende en diagonal por la ladera occidental del Valle de Eriste.
Pasé por
el Refugio Ángel Orús, donde aproveché que eran las dos para comer algo. A
partir de ahí, deshaciendo el camino del día anterior, volví al pueblo de
Eriste, que alcancé poco antes de las cuatro de la tarde.
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