Croquis
de la ruta sobre ©GOOGLE EARTH
COMENTARIOS: Corto y
bonito paseo al alcance de casi cualquiera; además, puede hacerse en días de
mucho calor pues buena parte del mismo transcurre a la sombra. Aunque hacía más
de cinco que no iba, este recorrido ha sido mi opción recurrente durante años cuando
quería hacer algo de monte acabando a media mañana, fuera por el mucho calor o
por otros motivos. Esta vez, en 2026, la novedad ha sido encontrarme, a poco de
dejar el Puerto del Cardoso, una zona despejada de arbolado donde había crecido
un matorral bastante incómodo que, además, se había comido el sendero que, hace
unos años, podía ser estrecho, pero siempre estaba claro en todo su trazado.
RELATO GRÁFICO:
En el
Puerto del Cardoso, comencé a caminar hacia el sureste, rodeando la casa de los
forestales en busca de…
… una senda
más que borrosa que se interna en el pinar y remonta la pendiente suave del
anchísimo lomo del cordal.
Al poco,
me encontré un claro, que hace pocos años no estaba. Parece el resto de un
pequeño incendio, casi recuperado, salvo por la falta de arbolado. Aquí, la
traza se perdía en medio de un matorral denso, bastante incómodo.
Afortunadamente, esta zona es breve y enseguida estuve en su borde superior,
desde donde se veía así la Loma del Recuenco al otro lado del puerto, y entré…
… de
nuevo en el bosque, reencontrando la senda que ahora estaba tan clara como la
recordaba. De todas formas, en algunos sitios la traza volvía a perderse, o
casi, pero las interrupciones fueron siempre muy cotas y sin incomodidad.
Al
alcanzar la cresta del monte, salí también de los árboles y pude ver las
alturas del Cerrón y el Santuy a mi izquierda. Al lado contrario, …
… se
distinguían, muy borrosos, los dos brazos del Guadarrama. En realidad, apenas
se reconocía nada más allá del Mondalindo.
Siguiendo
la senda llegué ante un cancho que superé por un estrecho pasillo marcado con
hitos, sin poner siquiera las manos.
Alternando rodales de pinos con prados entre rocas, continuando progresando por
la cuerda.
Tras
pasar bajo el cancho cimero de las Picayuelas, que la senda rodea por el este (izquierda), y volver
a…
… la
cuerda, pude ver ya lo que quedaba de cresteo: la Gargonilla y el Bañaderos,
mientras que, a la derecha, …
… hacia el
este, podía contemplar la silueta del Ocejón, más allá de varias líneas de
lomas. Volviendo la cabeza, …
… veía, al
oeste, los cordales que flanquean el Valle del Lozoya, ahora algo más claros;
incluso se adivinaba la masa de Peñalara.
Tras una
breve bajada y paso por un amplio collado, una subida suave me llevó al modesto
alto de la Gargonilla, desde donde, mirando atrás, podía ver la mayoría de
grandes cimas de Ayllón, del Tres Provincias a la Cebosa, pasando el Lobo y el
Cerrón, más allá del alto de Picayuelas.
Una casi
imperceptible bajada me llevó al collado previo al Bañaderos, donde la senda
pasa a la vertiente oeste (derecha) y…
… recorre
este breve y curioso pasaje en balcón, desde el cual, además del Valle del
Lozoya, se veía…
… esta
bonita perspectiva de la Loma del Recuenco con el tres Provincias asomando
detrás.
De vuelta
en la cuerda, vino la subida final al Bañaderos, corta, pero algo más empinada
que lo pasado hasta entonces. Pero sin ser nada del otro mundo.
Desde el
Bañaderos, llamaba la atención la sucesión de horizontes a contraluz al este, con
el Ocejón al final. A la izquierda, …
… al
norte, la loma que acababa de recorrer y el núcleo principal de Ayllón detrás.
Siguiendo la vuelta, ...
… el
terreno se presentaba más suave por las Cebolleras y el extremo oriental de la Somosierra,
cuyo largo cordal…
… se
prolongaba al oeste por la Sierra de Guadarrama hasta la cabecera del Lozoya,
donde se junta con la Cuerda Larga.
Finalmente,
al sur se elevaba el cuerpo principal de la Sierra del Rincón, de la que se veía
el Porrejón y, por los pelos, la cima de Peña Cabra. Hacia allí comencé el
retorno, siguiendo la misma senda que prolonga el cresteo…
…
bajando, entre prado y pinos, hacia el Puerto de la Hiruela. Sin alcanzarlo,
derivé hacia la derecha (S) con el camino, el cual…
… desembocó en una pista que tomé a la derecha (SO)
para regresar al Puerto del Cardoso, flanqueando ahora la montaña horizontalmente
por occidente. De momento, comencé por atravesar el cóncavo gráficamente conocido
como El Hueco, con un amplio panorama a mi izquierda y…
…
dominado al otro lado por la boscosa ladera del Bañaderos, coronada por los
canchos de la cuerda.
Luego, al
tiempo que doblaba un morro y entraba en la vertiente oeste, me metí en el
bosque, primero entre pinos y luego, entre…
… éstos y
los robles, coincidiendo curiosamente el carril con el límite entre ambas
especies. En todo caso, fui caminando a la sombra, algo de agradecer pues el
calor empezaba a apretar.
El
arbolado se despejó a mi alrededor al pasar un morro sobre el robledal de La
Dehesilla, desde el cual también se adivinaba ya el boquete del Puerto del
Cardoso.
Seguía
caminando entre el pinar y…
... el
robledal, más allá del cual se extendía el vallecito del Arroyo de la Mata y el
Recuenco.
Tras
pasar el amplio cóncavo occidental del Bañaderos, entré…
... de
nuevo en el bosque, ahora todo de robles. Al salir de nuevo, el…
…
panorama más allá de La Dehesilla era ahora el del Valle del Lozoya.
Donde la
pista gira en redondo y deja su recorrido horizontal para lanzarse monte abajo,
la abandoné por una senda que sale del vértice de la curva a la derecha (NO) y,
tras atravesar una delgada banda de pinos, baja…
…
suavemente siguiendo la linde del bosque hasta…
… el
Puerto del Cardoso.
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