Croquis
de la ruta sobre ©GOOGLE EARTH
COMENTARIOS: Hermoso recorrido de crestas, sumamente fácil. También sería
casi igual remontando la Coma de Vaca hasta el Coll de Carança, pero tenía
curiosidad por recorrer la menos visitada Sierra de la Vaca. Existe la
posibilidad, si se va a pasar una segunda noche en el refugio de Coma de Vaca
de prolongar el cresteo por la Sierra de Catllar hasta el Coll dels Tres Pics.
En fin, que existen muchas posibilidades tanto de acceso como de prolongación
del recorrido del tramo de arista entre el Pic de l’Infern y el Puig de
Bastiments.
La jornada aquí descrita es la segunda de una excursión de dos
días, cuya primera parte fue la ascensión al Balandrau e incluyó la
aproximación hasta el refugio. El itinerario completo desde el Puente de Daió
creo que resultaría excesivo para un solo día.
RELATO GRÁFICO:
Antes de
las ocho de la mañana estaba en marcha, saliendo del Refugio de Coma de Vaca
hacia el vallecito homónimo, cuya embocadura podía ver más allá del refugio
antiguo. El día se presentaba bastante despejado en general y menos frío de lo
que esperaba. Como mi intención era comenzar por ganar el lomo de la Serra de
la Vaca, en vez de tomar la senda que va por la orilla derecha del torrente,
crucé el cauce para remontar un lomo herboso medio cubierto de nieve, lo que me
llevó a…
… una
terraza que corta la vertiente nororiental del valle y en la que me había
fijado el día anterior al bajar del Balandrau. El avance fue cómodo y, desde un
primer momento, iba viendo la cabecera del barranco cerrada por el Serrat del
Mig, mientras…
… quedaba
atrás el refugio, que parecía de juguete bajo la mole del Balandrau.
Mientras
avanzaba por la terraza, al otro lado del valle la luz del sol iba resbalando
ladera abajo del Torreneules, haciendo brillar la nieve en contraste con la
sombra reinante en la vertiente en que me encontraba.
Al llegar
al segundo barranco que corta la terraza, el Torrent dels Emprius, giré a la
derecha (NE) para…
… remontar
la ladera herbosa que me separaba de la cuerda de la sierra. Llevando el
barranco a la izquierda, subí por un lomo herboso, que me pareció la vía más
práctica.
Mientras,
a mi derecha, el Balandrau se mostraba seductor.
Alcancé
la loma de la Serra de la Vaca cerca del collado de cota 2.507, donde me
recibió una ráfaga de viento más que notable. Llevaba una hora caminando y
pensaba haber parado un poco, pero decidí dejarlo para cuando encontrara algún
lugar algo más abrigado. Así que, tras una momentánea parada a mirar atrás, continué
camino…
… hacia el
norte, atravesando directamente las praderas de la vertiente sureste del cordal
en dirección al Puig de Tirapits. Atravesando este rellano abrigado por la masa
de la sierra, efectivamente me encontré algo más al resguardo y aproveché para
descansar un poco, contemplando…
… el Gra
de Fajol dominando el Coll de la Marrana, por donde pasaría luego.
A mis
pies la Coma de les Eugues, vallecito colgado que cae hacia el Freser, a cuyo
través se veía la pared de la Serra de Catllar como si contra ella muriera el
barranquillo.
Tras una
primera parte llana, superé una rampa de hierba y neveros…
… sin
demasiada inclinación ni historias para alcanzar el Puig de Tirapits, que,
según me contó gente de la zona, es en realidad la cota 2.774 del mapa.
A punto
de llegar, se descubrió, a mi derecha, el Bastiments, así como…
… el Puig
de Pastuira.
La cuerda
de la Serra de la Vaca es ancha y cómoda. Tomándola a la izquierda (NO), me
dirigí hacia la punta (2.799) designada como Tirapits en el mapa y cuyo verdadero
nombre es Roc Blanc, cosa lógica, pues…
… su cima
es un afloramiento de caliza clara, único toque rocoso en este apacible cordal.
Cordal apacible,
pero no aburrido, al ir caminando entre el Puigmal y sus satélites a la
izquierda y…
... todo
el cresterío que va del Pic Inferior de la Vaca al Bastiments, pasando por
Infern y Freser, a la derecha.
Continué
recorriendo al noroeste el lomo de la Serra de la Vaca, que así se veía al
llegar al Pic Inferior de la Vaca.
Por
delante, al noroeste, las montañas de la Cerdaña más allá del Serrat de les
Fonts. Más a la derecha, …
… la roma montaña Madrès, más allá de las
estribaciones septentrionales.
También
era bonita la vista, al este, del Costabona y el Gra de Fajol. El viento que
seguía soplando fuerte y…
… la
vista a la derecha (NE) de la cresta a recorrer, me hicieron pensármelo, pero,
como siempre había retirada fácil, decidí seguir mientras aguantara el tiempo.
Así que comencé a caminar siguiendo la cuerda hacia el Pic de l’Infern.
En primer
lugar, bajé al collado intermedio por una loma ancha y de pendiente moderada,
donde sólo algunas rocas sobresalientes incomodaban el paso.
La subida
subsiguiente presentaba la misma tónica apacible, lo que me permitió recrearme
en las vistas. Como ésta de la cara oeste del pico. En lo alto de la misma,
bajo un tramo abrupto de cresta, se aprecia el trazo blanco de un senderillo
que la corta.
Efectivamente,
al llegar a esa parte rocosa, un trazo a la izquierda de la cuerda me permitió
atravesar la ladera directamente hacia una collada antes de la cumbre. Pese a
la inclinación lateral, la senda está muy marcada y el paso no es expuesto; ni
siquiera incómodo. Al volver a la cuerda, giré a la izquierda (N) para…
…
recorrer la corta arista de nieve que me separaba de la cumbre del Pic de
l'Infern. Había una huella que me facilitó aún más la cosa. Eran las once de la
mañana y el día era claro y luminoso, aunque el viento seguía dando de lo
lindo.
Atrás quedaban
los picos de la Vaca, que veía enmarcados por Torreneules y Puigmal. Girando a
la derecha, se abría…
… el Val
de Carança, dominado por el Serrat de la Xemeneia, sobre el que asoman las
crestas de la Cerdaña. Seguía, al…
… norte, la
mole achaparrada y solitaria del Madrès, más allá de la Serra Mitjana y los
picos Rodó y Gallinas.
Al este podía
ver, junto al Canigó, el Puig de Bastiments, cumbre de la jornada. No me quedé
mucho en el Pic de l’Infern; apenas diez minutos antes de…
…
regresar por la misma arista y retomar la divisoria pirenaica en el modesto
entronque de crestas llamado Pic dels Gorgs.
Antes de
alcanzar el Bastiments, aún tendría que pasar otra punta secundaria, el Pic de
Freser. En medio, para descender al collado intermedio, encontré el tramo más
empinado y afilado del cresteo.
Lo propio
hubiera sido bajar por los neveros del lado izquierdo (N) pero la nieve estaba
helada y, aunque llevaba los crampones, por no perder tiempo poniéndomelos para
tan poco, decidí bajar directamente por las rocas del filo, en…
… un
destrepe entretenido, pero sin complicaciones (I) por roca limpia. A medio
camino del collado, sí que aproveché una cinta de nieve del lado sur (derecho)
de la arista, por donde terminé la bajada.
Desde la
horcada, subí por la cuerda al Pic de Freser, sin otra complicación que ir
eligiendo el paso más cómodo entre las piedras.
Mirando
atrás, otra bonita perspectiva del Pic de l’Infern.
Ahora sí
que tenía bien a mano el Bastiments, al otro lado de la doble horcada de los
Collades de les Comes de Malinfern.
La bajada
mantuvo la misma tónica que todo este cordal.
Viendo a
mi izquierda la planicie cabecera de la Coma Mitjana, con sus ibones hoy
inapreciables, pasé…
… el
doble collado, dividido por una pequeña prominencia que no merece mención. El
viento aún arreció durante la subida final. Hubo momentos en que ganaba altitud
casi sin esfuerzo pues el propio aire me empujaba pendiente arriba; si no fuera
porque también me hacía tambalear a veces, hubiera sido una forma estupenda de
superar desnivel.
Según me
acercaba a cumbre, había más piedras y menos nieve en la arista. La pendiente
se fue atenuando con la curvatura del domo cimero hasta alcanzar una especie de
casquete.
Pero no
estaba aún en cumbre, sino en una antecima marcada por un hito en forma de
piolet. Para alcanzar la verdadera cima, donde está el vértice geodésico, aún
tuve que caminar un poco al este, por una arista amplia y casi horizontal,
hasta llegar al Puig de Bastiments hacia las doce y media de la mañana.
Al
noreste, el Canigó era ahora más visible.
Hacia el
oeste, las montañas andorranas llenaban el horizonte más allá del último tramo
de cordal. Girando a la izquierda, …
… veía la
cabecera del Freser rodeada por todo el arco de cresta que había recorrido,
mientras que, ya…
… al sur quedaba
mi ruta de regreso: la Coma de Freser bajo la Serra de Catllar, rematada en…
… el
Balandrau.
Bueno,
pues todo eso lo vi en menos de cinco minutos, que fue el tiempo que tardó el
huracán en empujarme a reemprender camino. Comencé caminando brevemente al este
por una sección de arista horizontal, hasta un hombro donde se levantaba una
cruz, a cuyos pies estaba refugiado un montón de gente; todo el que había
subido a este monte en el último rato, pues el tiempo no estaba como para
ponerse a contemplar el horizonte impunemente. Pasé de largo; ya pararía
después al abrigo del aire, pero en un lugar más tranquilo.
Inicié la
verdadera bajada yendo hacia el Coll de la Marrana por una amplia ladera que
cae al mismo.
El
descenso por esa pendiente nevada y regular fue muy rápido y en muy pocos
minutos estaba en…
… el Coll
de la Marrana, bajo el imponente Gra de Fajol. Allí, giré a la derecha (SO)
para…
… descender
por una vaguada estrecha hacia el valle. Bajada ésta más rápida, habiendo
nieve, que…
… la
senda que va más a la derecha, por ese lomo que se ve delante del Pic de Freser
y el Bastiments.
El
terreno se abrió en el fondo de la Coma de Freser. Tras cruzar su eje, ya en la
ribera derecha del invisible torrente, tomé hacia a la izquierda (S) un
abundante trazo de huellas, que vienen a seguir la senda del GR.11, oculta por
la nieve.
Durante
el trayecto, al encontrar este paraje protegido del viento, paré a comer y
descansar un poco, en medio de la calma y la impresionante belleza de este
vallecito.
Retomada
la marcha, no tardé en llegar ante una bajada, a la vista del Planell de les
Eugues y del Refugio de Coma de Vaca.
Hacia las
dos y cuarto llegué al edificio, donde paré a recoger mis cosas y tomar un
café. Hacia las tres, volví a ponerme en marcha para…
…
completar el regreso por el camino que recorre el valle del Freser. El resto
hasta el Puente de Daió, que alcancé poco antes de las cinco de la tarde, no
tiene más historia que ir siguiendo esta senda, amplia y bien trazada,
disfrutando de las hermosas vistas con esa sensación de calma perezosa tras
haber culminado una ascensión.
El
encuentro con un tímido rebeco, al que delató el ruido de una rama cuando me
observaba escondido tras una roca, fue lo más destacado de esta bajada.
Comentarios
Publicar un comentario