Croquis
de la ruta sobre ©GOOGLE EARTH
COMENTARIOS: Excursión muy
bonita y fácil para ocupar una mañana tranquila. Incluso las escasas trepadas
se pueden evitar, aunque por terreno inestable y no suele merecer la pena el
rodeo. El premio son unas vistas magníficas, pese al entorno urbanizado por las
instalaciones de esquí.
RELATO GRÁFICO:
Desde que
aparqué el coche, me encontré delante el Pico Cibollés y, a su izquierda, el
espolón por donde subiría. En principio, no lo había planeado así; pero fue
verlo y pensar “¡vaya! tiene que ser divertido ir por ahí”. Así que, dicho y
hecho, dejé el núcleo de la estación de Cerler caminando por una pista de esquí
bajo el telesilla que sube a la izquierda (SE), hacia el Collado de Basibé. Era
un poco tarde, las ocho de la mañana, de un día despejado y agradable aquí,
pero, como se verá, bastante revuelto en los alrededores.
Subí por
esa cómoda rampa de hierba para contornear por la izquierda un resalte que
viene a servir de zócalo al espolón que cae del Tozal del Portet. Una vez
sobrepasado, giré a la derecha (SO) para…
…
encaramarme al citado lomo por una ladera herbosa empinada pero carente de
obstáculos.
Según
ganaba altura, se ampliaba mi visión. Más allá del Valle del Ampriú, las
cumbres estaban cubiertas de nubes y sólo el paredón que cae de las Tucas de
Ixeia era visible hacia Benasque.
Al ganar
el lomo norte del Tozal del Portet, pude contemplar el Pico Cibollés, sobre la
Canal Amplia. El camino a seguir no podía ser más obvio: ascender por la cuerda,
al principio amplia, herbosa y con una pendiente moderada; muy agradable, en
suma. Poco después me encontré el obstáculo más relevante del día; un resalte
de …
… roca
resquebrajada de unos 12 metros que, si bien podría haber rodeado, preferí
encarar directamente, trepando a la izquierda de la arista. Lo más difícil
fueron los dos primeros metros (II-); luego, la cosa se tiende (I).
Finalmente,
por una breve rampa de tierra y cascajo, coroné el hombro desde donde se domina
la primera parte de la ascensión.
La
continuación volvía ser lomo amplio y más bien suave, hasta dar con otro
resalte.
Con los
metros ganados, podía ver ahora la parte sur del Macizo de Posets, algo más
despejado de nubes, destacando, encima del collado del Pico Cerler, las crestas
airosas de…
… la Tuca
de la Llantia y los Picos de la Forqueta.
El
segundo resalte es todavía más corto y fácil que el anterior; apenas 8 metros,
que superé por un fácil chimenea inclinada y llena de apoyos (I). También la
podía haber rodeado por la derecha, pero, la verdad, no creo que merezca la
pena.
Tras ese
escalón, cambió el decorado y me encontré ante un amplio rellano cubierto de
hierba con dos prominencias rocosas y, al fondo el Tozal del Portet. Continué
siguiendo la arista, yendo a la izquierda (E) hasta la collada intermedia y,
desde ahí, a la derecha (S) por…
… una
breve rampa pedregosa a la prominencia más alta (2.584).
Desde
ahí, podía ver así la ver así el Circo del Ampriú a mi derecha, con el Cibollés,
el Gallinero y hasta el Pico Cerler. Al otro lado, ahora…
… llegaba
a ver los Picos de Vallibierna, más allá del Posolobino.
A continuación,
un lomo nevado, amplio y suave, me condujo al Tozal del Portet y…
… a la
cuerda principal del Ampriú.
Mientras
subía, el tiempo había empezado tornarse desagradable. Soplaba un viento frío,
cada vez más intenso, que traía nubes desde la Maladeta.
Para
cuando llegué a lo alto del tozal, ya…
… estaban
pasando la Sierra Negra, hasta entonces despejada. Girando a la derecha (O) en
el cordal, me dirigí…
… hacia
la cumbre. La primera parte de la cuerda, hasta el Cibollés NE, es una amplia
loma de cascajo compacto, cubierta parcialmente de nieve aquel día.
Ahora, al
dar vista al sur, podía ver la mole caliza del Turbón, todavía iluminada por el
sol, mientras a mis pies…
…
verdeaba la cabecera del Isábena.
Al llegar
a la punta noreste del Cibollés (2.733), topé con la civilización; una extraña
cúpula en una horcada y un mazo de mangueras negras que recorrían la cresta.
Pero, obviando esto, las vistas seguían siendo bonitas. Entre esta punta y la
cima principal, la arista…
… se
afila y torna rocosa, pero sin llegar a plantear dificultades importantes. La
principal, destrepar de una chimenea inclinada (I) de unos diez metros según
dejé el Cibollés NE. Si hay dudas de por dónde ir... ¡sigue las mangueras! Tras
superar el resalte, recorrí un tramo de arista, relativamente estrecha que
traza una armoniosa curva hasta la cumbre principal.
Eran las
once de la mañana cuando alcancé el Pico Cibollés. Como ya comenté, el tiempo
había ido empeorando paulatinamente y, sin estar muy mal, las nubes cubrían el
cielo. Soplaba un viento frío que me obligó a abrigarme y hacía desapacible la
estancia en cumbre. Las nubes ya se habían extendido hasta el Cotiella. Hacia
la izquierda, al…
… sur, aún
se medio distinguía la cresta del Baciero y…
… el
Turbón permanecía despejado. Siguiendo con el giro, al…
… oeste,
todavía había visibilidad hasta el Basibé.
Al norte,
contrastaba el sol golpeando los prados del Ampriú con la masa de nubes que
cubría las crestas del Posets. Mirando abajo, impresionaba…
… la
caída hasta la estación: un tobogán blanco y verde de 900 m.
Pero,
como ya dije, no se estaba demasiado bien en la cumbre, así que a las once y
media estaba de nuevo caminando. Continué por el cordal al oeste, amplio y
cubierto en parte de nieve. Según me alejaba de la cima, la roca apareció brevemente,
pero sin plantear dificultad alguna.
Esta
progresión tan relajada me permitió irme fijando, por ejemplo, en la bonita
caída que tiene el Cibollés hacia el norte o…
… la gran
rampa parda de la cara sur del Gallinero.
Tras
pasar la zona de canchos, la arista se hizo más regular y cómoda de pasar,
camino del collado que se abre entre el Cibollés y el Gallinero.
Más
adelante, la pendiente aumentó, pero la cuerda siguió cómoda.
Tras un
último tramo muy ancho y menos empinado de cascajo compacto, llegué al collado
oeste (2.572) del Cibollés. Pensé si continuar al Gallinero, pero lo descarté
porque no me fiaba del tiempo y dejé el pico vecino para subir otro día desde
una vertiente diferente. Giré a la derecha (N) y descendí por…
… la
vaguada norte, que forma aquí un cuenco del que sale una pista de esquí.
Estando cubierta de nieve, el descenso fue rápido y cómodo. Más abajo, la pista
entra en un tubo y poco después la sustituí por un ancho camino que va a pasar
cerca de unas casetas en el cruce de dos remontes.
Sin
llegar a las mismas, giré a la derecha (NE) y me dirigí a través de los prados directamente
hacia la visible estación bajo la mole del Posolobino.
Este
tramo final del descenso transcurrió por pardos de pendiente moderada y cómodos
de atravesar, llevando a mi derecha la cresta del Cibollés, que había
recorrido. Llegué así al aparcamiento de la estación de esquí de Cerler a la
una menos cuarto de la tarde, poco antes de que terminara de nublarse del todo
y comenzara a chispear.
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