Pico Cordier o 1er Occidental de la Maladeta (3.266)

ASCENSIÓN INVERNAL DESDE LA BESURTA

POR EL ESPOLÓN NORTE

El Pico Cordier o Primer Occidental no es una cumbre muy destacada dentro del Macizo de la Maladeta. Sus principales atractivos, aparte del coleccionismo de picos, son una hermosa perspectiva sobre el circo de cumbres que aloja el Lago de Cregüeña y la posibilidad de visitar el sector oeste del Glaciar de la Maladeta, impresionante rincón que queda a trasmano en la ascensión a otras cimas.

La ruta comienza remontando el Glaciar de la Maladeta para acceder a la cresta por un corredor, corto y de dificultad moderada, que corta el flanco oriental del espolón norte del pico Cordier. El retorno lo efectué por lo que sería la ruta normal a este pico desde la Renclusa: rodear la cresta por el sur hasta el Collado de Alba, donde se vuelve a la vertiente norte para descender siguiendo el barranco homónimo.

Cresta del macizo entre los picos de la Maladeta y Alba, desde el norte El Cordier es la segunda cima por la izquierda

SITUACIÓN:

  • Zona: Alta Ribagorza (Pirineos)
  • Unidad: Macizo de la Maladeta
  • Base de partida: Benasque (Huesca)
ACCESO: Benasque es el municipio más alto del valle del Ésera, que atraviesa de norte a sur la comarca de la Ribagorza, en el noreste de la provincia. La ruta parte del paraje de La Besurta, situado 16 km aguas arriba del pueblo y último punto accesible en vehículo. Aunque, entre finales de junio y mediados de septiembre, el tráfico está regulado, teniendo que dejar el coche en Llanos del Hospital, 4 km antes, o recurrir al servicio de autobuses. En el portal del Ayuntamiento de Benasque se encuentra información al respecto. Puedes calcular un itinerario desde tu lugar de origen hasta allí en el siguiente link a GoogleMaps.

OTROS DATOS:

  • Cota mínima / máxima: 1.900 / 3.266
  • Mi tiempo efectivo aproximado: 7h00
  • Mi tiempo total: 8h45
  • Dificultades: PD+, en las condiciones del día, con nieve continua a partir de los 2.300 m, son una capa blanda de no más de 20 cm sobre otra dura. Corredor de 70 u 80 metros, con pendiente media de 45º y máxima (puntual) ligeramente menor de 60º. También se superan los 45º en la bajada del Collado de Alba. Recorrido glaciar por pendientes prolongadas, pero más suaves. Corto tramo de arista muy fácil, pero que puede resultar delicado según la nieve.

Mapa tomado del visor Iberpix. ©INSTITUTO GEOGRÁFICO NACIONAL DE ESPAÑA

LA RUTA: Salir de La Besurta por el camino que sube al Refugio de la Renclusa. Tras sobrepasar el edificio, tomar la senda que remonta (SO) el Barranco de la Maladeta hasta el Glaciar de la Maladeta. Seguir ascendiendo al sur y un poco al oeste, tomando como referencia el espolón que cae del Pico hacia la Torre Cordier. A la altura de la mitad de su pared oriental, girar a la derecha (O) y subir por el corredor que mejor pinta tenga de los varios que la cortan; cualquiera de ellos conduce a lo alto del espolón norte. Girar entonces a la izquierda (S) y remontar su amplio lomo hasta la cresta del macizo, que se alcanza escasos metros al este del Pico Cordier (PD+).

Dejar la cumbre por la arista NO, recorrerla hasta el primer collado y girar a la izquierda (SO) para contornear el Pico Sayó y alcanzar el Collado Cordier (F). Perder algo de altura por su vertiente oeste y, cuando el terreno lo permite, irse a la derecha (N) para atravesar la vertiente meridional del macizo hasta el Collado de Alba. Cruzarlo (N) y bajar por su vaguada septentrional, continuando el descenso por el Barranco de Alba (PD). Se pasa bajo el Pico de Paderna y los lagos antes de llegar al Refugio de la Renclusa, donde se retoma el camino de la ida para regresar a La Besurta.

Croquis de la ruta sobre ©GOOGLE EARTH

COMENTARIOS: Muy bonita ascensión de nivel medio en general, en un ambiente muy alpino. Recomendable en primavera, con buena cantidad de nieve, ya que así es más fácil encaramarse al espolón; y encima el monte estará precioso. El propósito inicial era haber bajado al norte desde el collado entre los picos Cordier y Sayó, pero no nos gustó la pinta de la nieve allí y encima vimos cómo se caía un cacho de arista según nos acercamos. Pero la bajada por los collados Cordier y Alba tampoco está mal.

Aunque estábamos en junio y la aproximación la hicimos en seco, la abundancia de nieve en altura, me ha hecho considerar la ascensión como en condiciones invernales, al menos desde el punto de vista de la dificultad. Desconozco como son esas canales con la roca al aire.

RELATO GRÁFICO:

Poco antes de las siete de la mañana, aparcamos en La Besurta. Todo estaba mojado aún de la lluvia de la noche y unas nubes bajas y densas llenaban el valle, pero, de momento, había dejado de caer agua, que no es poco. Con el tiempo previsto para la semana, no podíamos dejar pasar una oportunidad y decidimos iniciar al menos la ascensión. Así pues, con pocas esperanzas de llegar muy arriba, echamos a andar por el camino que prolonga la carretera del Valle del Ésera hacia Aigualluts. Enseguida, tomamos a la derecha (SE) el desvío que conduce a La Renclusa. No presentan estas veredas problema alguno pues, siendo uno de los polos turísticos del Pirineo, abundan los carteles y hay incluso tramos empedrados.

El camino nos fue llevando a remontar el Barranco de la Renclusa por su vertiente derecha, ganando altura en prolongadas diagonales de pendiente suave. El Valle del Ésera fue quedando atrás bajo su palio de nubes.

En una de éstas, aconteció el prodigio; inesperadamente, se abrió un hueco en las nubes para dejarnos ver un trozo de cielo azul y, en medio, el Pico de la Maladeta cargado de nieves.

Pero poco duró el optimismo; minutos después y a la vista ya del tejado del refugio, las nubes habían vuelto a cerrarse e incluso el cercano Pico de la Renclusa era sólo una silueta fantasmal; una sombra algo más oscura en la masa gris que nos cubría.

Pasamos junto al Refugio de la Renclusa y dejamos atrás el edificio. A su espalda, se encuentran varias sendas; entre ellas, la que remonta el Barranco de la Maladeta, desagüe del glaciar homónimo, por la que salimos en dirección suroeste. Si bien no es la más evidente ni transitada, la localizamos con facilidad con la referencia del torrente. La senda nos llevó por la orilla derecha del barranco, separándose al principio de su eje.

Cuando el terreno se vuelve pedregoso, desaparece todo rastro de paso, pero los hitos son abundantes, fáciles de seguir incluso en aquella palidez de bruma y escarcha. Es curioso, pero, pese a las apariencias, no hacía nada de frío e íbamos muy a gusto con la camiseta y una sola capa exterior fina. Tramos más o menos empinados se alternaron durante la remontada de este cantizal, donde teníamos que pisar con cuidado, pues las piedras resbalaban lo suyo. De modo que…

… nos alegramos cuando alcanzamos el límite de los neveros, en un rellano donde el barranco gira a la derecha (SO). Encontramos la nieve fresca pero poco profunda, de modo que apenas nos hundíamos unos pocos centímetros y la progresión era cómoda. Además, si bien la pendiente se incrementó, seguía siendo bastante suave.

Poco después cruzamos el eje del barranco y nos mantuvimos ya en esa vertiente por lo que quedaba de ascensión, ganando la loma que limita el Barranco de la Maladeta por el oeste. Al tiempo, las nubes se elevaron y pudimos contemplar el Ibón de la Renclusa a nuestros pies. A cambio, y como para compensar, se puso a nevar; parecía que las nubes se levantaban al ir soltando peso... ¡claro que éste caía sobre nosotros!

Poco después, volvimos al puré según alcanzábamos una antigua morrena y llegamos a un rellano junto a la cota 2.675 m. Ante nosotros, se alzaba la morrena terminal actual. Paramos a pensar si seguir pues, a partir de aquí, en medio del glaciar, la escasa visibilidad podía ser problemática al carecer de referencias. Decidimos continuar ya que, no habiendo huellas y estando la nieve bastante fresca, en el peor de los casos podríamos bajar siguiendo nuestro propio rastro.

Entramos en el Glaciar de la Maladeta que, una vez superada su morrena frontal, presenta al principio una escasa pendiente de apenas 20º. Había un palmo de nieve fresca sobre otra capa muy dura, por lo que tuvimos que calzarnos los crampones pese a irnos hundiendo hasta los tobillos.

El centro del glaciar está hundido, formando una gran vaguada que nos fue sirviendo de referencia, llevándola a la izquierda mientras subíamos por el lomo que la limita. Súbitamente, apareció a nuestra derecha, al…

… despejarse las nubes, el resalte norte de la Torre Cordier. Debíamos andar sobre la cota 2.900.

También aclaró algo por arriba, y empezamos a distinguir el espolón norte del Pico Cordier, aunque no la cumbre aún. Al menos, la referencia era suficiente para empezar a derivar a la derecha (SO) en busca de los corredores de su flanco oriental.

Y entonces, por un momento, fue otro día: el sol brillando en medio de un cielo azul sobre nuestras cabezas y la Maladeta mostrándose formidablemente hermosa a nuestra izquierda. Pero era a nuestra derecha donde…

… estaba nuestro objetivo, el Pico Cordier y su espolón. Vimos la zona por donde la nieve permitía encaramarse a lo alto del mismo evitando la roca y hacia allá nos dirigimos, girando ahora decididamente a la derecha (O).

Y entonces se rompió la calma. Se desató un fuerte viento y las nubes se abrían y cerraban rápidamente, mientras la nieve se arremolinaba a nuestro alrededor. Para entonces estábamos en la pala superior del glaciar, con pendiente de poco más de 30º.

Luego, de nuevo con la misma rapidez sorprendente, paró el viento, volvió la niebla y comenzó a nevar copiosamente. Teníamos a la vista ya el corredor que íbamos a tomar para encaramarnos al espolón norte: el más alto de los dos que estaban totalmente cubiertos de nieve, que nos dio mejor pinta.

El acceso al mismo y un primer tubo de unos 50 m, mantienen una inclinación cercana a los 40º.

Tras remontarlos, giramos a la izquierda con el corredor y afrontamos un segundo tubo, unos 25 m donde se alcanzan los 55º, antes de salir por la derecha a lo alto del espolón.

Ya sólo nos quedaban por superar los 50 m finales, por un ancho lomo cubierto de nieve, de menor pendiente al principio, aunque se volvía a empinar hasta los 45º cerca de la cuerda, que alcanzamos…

… unos pocos metros al este de la cumbre.

Llegamos al Pico Cordier hacia las doce de la mañana y, al alcanzar la cumbre, salimos también de las nubes. La Maladeta aparecía espectacular, aunque las vistas estaban muy limitadas, sobre todo al norte, donde sólo se veía un muro blanco.

En todo el arco meridional, sólo por encima del Pico le Bondidier se veía algo más lejano: las altas vertientes meridionales del Valle de Estós.

Lo más impresionante era la Cresta de Cregüeña con sus flancos helados sobre…

… la superficie perfecta del Lago de Cregüeña. Como no se estaba mal pese a todo, permanecimos casi una hora en cumbre.

En vista de que no se abría y temiendo que el tiempo terminara por jugárnosla, comenzamos el descenso a la una, recorriendo la cresta del macizo hacia el noroeste. Una arista de nieve ancha pero expuesta por lo inestable. Había una cornisa de poco vuelo pero que se caía con mirarla, de modo que avanzamos con cierto tiento y manteniéndonos en el flanco sur. Bajamos así hasta…

… la horcada entre los picos Cordier y Sayó. La primera idea había sido bajar desde ahí al norte, pero, según llegamos, vimos que el inicio de la bajada estaba más empinado de lo previsto y encima, según nos íbamos acercando, habíamos visto desmoronarse otro trozo de arista de nieve en la propia horcada. Decidimos entonces regresar por la ruta normal; es decir, volver a la vertiente norte del macizo por el Collado de Alba. Lo primero, como no nos interesaba subirlo, atravesamos la ladera sur del Pico Sayó en busca de…

… la arista que baja hacia el Pico Le Bondidier. Por ella, descendimos hasta el Collado Cordier, donde giramos a la derecha (NO) para bajar por su…

… vertiente occidental, que encontramos bastante empinada, aunque sin sobrepasar los 45º. Así perdimos algo menos de cien metros, hasta que calculamos estar más o menos a la altura del Collado de Alba.

Los hitos que en verano señalan esta ruta debían estar tapados por la nieve, pues vimos muy pocos. Y, encima, se metió la niebla, lo que nos llevó a flanquear casi a tientas lo que quedaba de vertiente suroccidental de los picos Sayó y Mir, guiados por el cambio de pendiente e intentando mantener cota.

El Collado de Alba nos lo encontramos casi inesperadamente, al ver cerca la cresta que llevábamos a la derecha.

La bajada por su vaguada norte se presentaba empinada y un tanto lóbrega, con su fondo invisible en la densa niebla.

La parte más empinada fueron los 30 primeros metros, con una pendiente de unos 50º, que luego baja enseguida, manteniéndose entre 30 y 40 hasta llegar a…

… una cubeta en la base del corredor. Por entonces, las nubes volvieron a ser clementes y nos dejaron ver por un momento la masa del Diente de Alba dominándonos muy cerca.

Claro que fue sólo un instante. Desde el rellano citado, entramos en el marcadísimo tubo de nieve que forma el Barranco de Alba y, de nuevo con la niebla densísima alrededor, decidimos bajar por el eje del barranco, en vez de seguir los hitos por la loma como se hace en verano. Creo que en estas condiciones de nieve y visibilidad es mejor. El descenso, muy cómodo y relajado, transcurrió en medio de un silencio aplastante, con el viento en calma y una visibilidad de metros. Realmente, “nada hay más mudo que una soledad de nieve”.

Salimos de las nubes casi a la vez que quedaron atrás los neveros, hacia los 2.300 metros, en la cubeta pedregosa donde confluyen los barrancos de Alba y del Diente.

Siguiendo ahora el torrente, entramos en el vallecito de Paderna, donde encontramos hitos primero y una senda después.

Pasamos por lo que fue el más bajo de los Ibones de La Renclusa, hoy un llano herboso que sólo se encharca en épocas de deshielo. La senda lo bordea por la izquierda.

Cuando el terreno vuelve a encajonarse, la bajada se empinó, pero, el caminillo, muy transitado, es excelente y llegamos enseguida al Refugio de la Renclusa.

Sólo nos quedó descender hasta La Besurta por el mismo camino que a la ida. Y precisamente llegando al coche, cerca de las cuatro de la tarde, sonó el primer trueno de una regular tormenta, cuya descarga no llegó a pillarnos por minutos... ni por encargo nos habría salido mejor.

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