Lezna (2.206)

ASCENSIÓN DESDE LORES

POR EL LOMO ORIENTAL

El Pico Lezna es la máxima cumbre de la Pernía, comarca que se extiende al este del Alto Carrión. Su estratégica posición hace de estos montes buenos miradores, no sólo sobre las cumbres más fieras del macizo, sino también hacia los Picos de Europa y las sierras de Peña Sagra y el Alto Campoo. Pese a la considerable altitud de las cimas y en contraste con tan agrestes vecindades, la Pernía es verde y ondulada y la hierba cubre los amplios cordales, sólo ocasionalmente rematados por algún peñasco. Por otra parte, no es un área muy transitada y, pese a las pistas que la cruzan y la abundancia de cabañas y corrales, la naturaleza está bastante bien de salud y no es difícil toparse con rebecos, corzos o jabalíes, aparte de otra fauna menor.

Tras la larga aproximación por la Cruz de Tañuga hasta los prados del Camperón, al pie de la vertiente suroriental de la montaña, se accede a la cumbre remontando el lomo este. Luego, se baja por la ruta habitual que sigue el Arroyo Lezna hasta reencontrar el itinerario de ida por el cual se completa el retorno.

Pico Lezna desde el sureste. Bajo la cima, se distingue por la claridad de la caliza el lomo de la subida

SITUACIÓN:

  • Zona: Alto Carrión (Cordillera Cantábrica)
  • Unidad: Montes de La Pernía
  • Base de partida: Lores (Palencia)
ACCESO: La población de Lores, perteneciente al municipio palentino de La Pernía, está situada en el norte de la provincia, al pie de la vertiente sur de la divisoria cantábrica, en medio del complejo de modestas sierras que se extiende entre el Macizo del Alto Carrión y el Río Pisuerga. Al entrar en el pueblo, ir atravesándolo hasta cruzar un puente sobre el Río Lores y llegar a una plazoleta, buen sitio para aparcar. Puedes calcular un itinerario desde tu lugar de origen hasta allí en el siguiente link a GoogleMaps.

OTROS DATOS:

  • Cota mínima / máxima: 1.200 / 2.206
  • Mi tiempo efectivo: 5h45
  • Mi tiempo total: 6h45
  • Dificultades: Muy fácil. En la loma de subida, hay que superar un corto resalte sin gran dificultad (I+) y poca exposición. El resto transcurre camino o terreno cómodo.
Mapa tomado del visor Iberpix. ©INSTITUTO GEOGRÁFICO NACIONAL DE ESPAÑA

LA RUTA: Salir de Lores por la pista que remonta el Arroyo Gerino y pasa por el collado de la Cruz de Tañuga para entrar en el valle del Arroyo Arauz. Cruzar el cauce y atravesar los prados de Camperón, pasando por la Casa de Cortes, antes de alcanzar el cordal oriental del Pico Lezna. Girar a la izquierda (O) y remontar la loma, trepando o rodeando varios resaltes calizos, hasta el Pico Lezna.

Seguir por la cuerda a la derecha (N) hasta la cota 2.083. Girar a la derecha (E) y bajar por lo alto de la loma primero, y luego por la ladera derecha en diagonal (SE) hasta el Arroyo de Lezna. Descender junto al cauce hasta que el barranco se abre en un amplio prado a donde llega una pista. Seguirla, vadeando el Arroyo Arauz para reencontrar el itinerario de la ida y regresar por el mismo a Lores.

Croquis de la ruta sobre ©GOOGLE EARTH

COMENTARIOS: Bonita ascensión, de exigencia media y dificultad escasa, a una gran cumbre. Sí, gran cumbre porque, pese a sus formas alomadas y altitud menor que sus vecinos más famosos, no deja de ser un punto destacado, con una prominencia que se acerca a los 500 m; de ahí sus fabulosas vistas. Lores es la base más lógica para ascender a este pico. Luego, el itinerario exacto no tiene por qué ceñirse al descrito; esta montaña puede subirse casi por cualquier lado y si escogí esa loma para subir y el barranco para bajar fue porque me parecieron atrayentes, pero las opciones son múltiples: tanto la loma que va al Collado Arauz como la del Alto de las Calzadas carecen de obstáculos y, lo mismo que bajé por el Arroyo Lezna, podía haberlo hecho por el Pumar. En fin, que esta es sólo una opción, razonablemente panorámica y entretenida en la subida y cómoda y bonita en la bajada, pero no me atrevería a decir si es la mejor o no.

RELATO GRÁFICO:

Poco antes de las nueve de la mañana, tras aparcar el coche en una plazuela junto al puente que cruza el Río Lores, comencé a caminar por la Calle Rincón, que sale al suroeste. Tras girar a la derecha junto a la iglesia y seguir la Calle de la Sierra, dejé Lores por su extremo noroccidental, de donde salen dos pistas; tomé la de la izquierda (SO), que remonta el Arroyo Gerino por su vertiente septentrional, llevando ante los ojos las cumbres del Carazo y la Horca de Lores.

Tras un prolongado llaneo, llegué a una majada en un prado bajo un vistoso cancho calizo. Al fondo, comencé a ver la puntiaguda…

… Cruz de Tañuga, que se alza junto al collado homónimo. A partir de ahí, el valle se estrecha y la subida se empina. A mi izquierda, llevaba todo el rato el sonido del torrente que baja del puerto, invisible muchas veces por la cerrada vegetación.

Cerca de la horcada, el vallecito volvió a abrirse en empinados prados y volviéndome podía ver la masiva silueta del Valdecebollas.

Al trasponer el Collado de la Cruz de Tañuga, cambió bruscamente el panorama y me encontré frente a un amplio llano verde, al fondo del cuál se eleva el Pico Lezna sobre los prados de Camperón y la loma oriental, jalonada de crestones calizos, por donde pensaba subir. Más a la izquierda, …

…el Curavacas asomaba oscuro a través del Collado Picorbillo.

Continué por la misma pista, descendiendo hacia el Arroyo Arauz. Al llegar a una bifurcación, giré a la izquierda (SO) para…

… cruzar el cauce por un vado de piedras y entrar en los extensos prados del Camperón, encajado en las faldas del Lezna. Cuando el camino se dividió de nuevo, continué a la derecha (N), hacia la loma sureste por donde alcanzaría la cumbre. La pista se fue difuminando hasta convertirse en unas simples rodadas cortando la hierba. Siguiéndolas, pasé junto a la Casa de Cortes antes de encaramarme al collado que veía detrás.

Incluso esa subida a la loma es bastante suave. Echando una mirada atrás, podía ver la Horca de Lores alzándose sobre los prados que acababa de atravesar.

Había alcanzado la cresta oriental que cae del Pico Lezna en un colladito anónimo, hacia los 1.650 metros de altitud. Al otro lado, podía ver ahora el Bistruey y la Cardina dominando el Arroyo de Arauz. Girando a la izquierda (O), comencé a…

… remontar el amplio lomo de hierba. Eran las once menos cuarto de la mañana y, aunque ya empezaba a hacer calor, lo aliviaba bastante un airecillo que soplaba en las crestas. La primera cota (1.734) que se alza sobre el lomo está defendida sólo por un escaloncillo calizo que superé sin apoyar siquiera las manos. Al otro lado, una…

… rápida bajada por prado y lanchas calizas, me llevó al collado intermedio, desde donde alcancé la segunda cota (1.817) remontando un suave lomo herboso. Siendo ésta la más prominente de todas, hay desde ella…

… una bonita vista de parte de la loma recorrida y el Coto Redondo sobre los prados y la Cruz de Tañuga.

El siguiente resalte ya parecía más serio, aunque, precisamente por la cuerda, parecía abordable. Hacia allá me dirigí, mientras me iba fijando ya a la derecha en el Arroyo Lezna, por donde bajaría. Al llegar al resalte…

… que defiende la cota 1.883, efectivamente encontré varias chimeneas. Escogí la que me pareció más fácil; unos 6 m de trepada vertical, pero con grandes apoyos (I+) y escasa exposición. Tras la trepada, …

… apenas hube de perder altura antes de acometer la subida hacia la siguiente cota. Al principio me acerqué al resalte, pero, en este caso, no vi una subida clara. Incluso la más accesible, presentaba un extraplomo en lo alto. Así que opté por rodear la base del escalón por la derecha para alcanzar una rampa de hierba que corta el cancho en dos y por la cual volví al lomo del cordal.

Para entonces, el aspecto del Curavacas era impresionante.

Ya sólo me quedaba subir el cono cimero. Al llegar al último collado, encontré una senda que…

… subía por el flanco meridional (izquierdo). Por ella fui ganando altitud a través de la ladera, evitando así un cueto que se alza a media subida.

Cerca ya de la arista sur del Lezna, al cruzar una pedrera, dejé la senda por la derecha (NO) para alcanzar de nuevo el lomo de la montaña. La subida fue mejor de lo esperado pues las piedras eran bastante estables. Alcancé el lomo por encima de la peña caliza antes citada y giré a la izquierda (O) para acometer el último tramo de ascensión, por una ancha loma herbosa de pendiente asequible.

Eran las doce y media cuando llegué al Pico Lezna. Atrás quedaban el lomo este y los prados de Camperón y Tañuga. A la izquierda, veía el tajo del Arroyo Lezna. Aunque en principio mi intención había sido hacer una ruta más amplia, recorriendo un buen tramo de cresta norte, ante el calor que hacía, decidí acortar y bajar por ese barranco.

Las vistas eran fabulosas. Al oeste, el Macizo del Alto Carrión llenaba el horizonte, con…

… el Curavacas destacando, mientras al noroeste, los…

… Picos de Europa desplegaban su oleaje calizo quebrando el verde de los prados. Más a la derecha, un…

… paisaje más pacífico: la ondulada Pernía se extendía hacia un horizonte formado por Peña Sagra y los montes del Alto Campoo.

Pero, como he dicho, el calor empezaba a apretar; además, la cumbre del Pico Lezna estaba llena de bichos voladores, desde moscas a abejorros pasando por todos los tamaños intermedios, que estaban muy pegajosos. Así, a la una y cuarto emprendí el camino de regreso; como la bajada directa hacia la cabecera del Arroyo Lezna se mostraba muy empinada, busqué un paso más cómodo recorriendo, al norte, el cordal que va al Pumar. Por esta cuerda…

… amplia, redondeada y suave, resultó cómodo bajar hasta el collado inmediato y, tras una imperceptible subida, alcanzar…

… la cota 2.083, donde giré a la derecha (E) para bajar por una loma que se proyecta a ese lado. Al llegar a una collada al pie de unas peñas, me desvié a la derecha (SE) para…

… descender en diagonal a través de amplios prados hacia el fondo del barranco.

Al llegar al cauce del Arroyo Lezna, aunque vi varias trazas de senda, sobre todo en la vertiente derecha, me pareció más cómodo seguir el torrente por el pasillo de hierba que hay en su orilla.

Algunas veces, el barranco se estrecha y se hace abrupto, pero nunca es complicado encontrar un buen paso por una u otra orilla. Respecto al agua, aparecía y desaparecía sin previo aviso, como suele suceder en estos terrenos calizos.

Durante el descenso, pasé bajo las peñas calizas por donde había subido un rato antes, que mostraban bonitas perspectivas. Nos empeñamos en subir las montañas, pero estas moles están hechas para ser contempladas desde abajo.

Al cabo de un buen rato, el barranco se abrió en un amplio pastizal cuando el Arroyo Lezna va a confluir con el Pumar. Me cerró entonces el paso una densa banda de matorral, que pasé regularmente bien gracias a una traza muy clara pero estrecha, indudablemente abierta por el ganado. Luego, encontré y seguí la pista que se dirige hacia el Arroyo Arauz, más allá del cual veía ya el Collado de la Cruz de Tañuga.

Efectivamente, el camino, tras pasar junto a una casa, me llevó a cruzar el cauce y subir por la orilla opuesta, llegando al poco a…

… una bifurcación bajo la Horca de Lores (ésta). Seguí por la derecha (SE) y no tardé en llegar a otra; aquélla por donde había pasado esa mañana en los prados de Tañuga. Yendo ahora por la izquierda (E), no tuve, sino que…

… deshacer el camino de ida para volver al pueblo. Al pasar el Collado de la Cruz de Tañuga, me volví brevemente para despedirme del Curavacas y el Lezna. Llegué a Lores pasadas las tres y media de la tarde, con un calor más que considerable.

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