La Rapaína (2.019)

ASCENSIÓN DESDE EL PUERTO DE SAN ISIDRO

POR EL VALLE DE FORNOS Y LAS HAZAS, CON LA PEÑA DEL VIENTO (1.993)

El tramo de divisoria cantábrica que se extiende entre los puertos del Pontón y San Isidro constituye una muestra típica de estas montañas, con espectaculares desniveles sobre hayedos al norte y prados que caen plácidamente al sur, todo dominado por un amplio lomo jalonado por culminaciones calizas. La Peña del Viento y la Rapaína son dos de los picos que se alzan en el cordal que une ambos puertos. Tan cerca del Pico Torres y la Peña Agujas, no tienen demasiado nombre fuera de un ámbito local, pero son excelentes miradores sobre la mitad oeste de la cordillera y, además, desde la cuerda al este de la Rapaína se dominan los Peñones del Violosu, tremendo paraje que merece la visita.

La ruta consiste en recorrer el tramo de cordal que incluye ambos picos, accediendo al mismo desde la vertiente meridional, por los collados del Acebal y La Molía.

La Rapaína y los peñones del Violosu, vistos desde el sureste

SITUACIÓN:

  • Zona: Montaña Leonesa Oriental (Cordillera Cantábrica)
  • Unidad: Divisoria de San Isidro a Tarna
  • Base de partida: Isoba (León)
ACCESO: La población de Isoba, perteneciente al municipio leonés de Puebla de Lillo, está situada en el noreste de la provincia, en el acceso meridional al Puerto de San Isidro, encajada entre la Sierra de Sentiles y la divisoria cantábrica. La ruta parte del pequeño Aparcamiento del Puente de Wamba, situado a 3 km del pueblo, camino del citado puerto. Puedes calcular un itinerario desde tu lugar de origen hasta allí en el siguiente link a GoogleMaps.

OTROS DATOS:

  • Cota mínima / máxima: 1.440 / 2.019
  • Mi tiempo efectivo: 4h45
  • Mi tiempo total: 6h15
  • Dificultades: Muy fácil. Un par de destrepes fáciles (I), cortos y evitables en la arista de bajada de la Rapaína. El resto es por caminos.
Mapa tomado del visor Iberpix. ©INSTITUTO GEOGRÁFICO NACIONAL DE ESPAÑA

LA RUTA: Salir del Puente de Wamba por la pista que remonta el Valle de los Fornos hasta el Collado Acebal. Girar en el collado a la derecha (E) para seguir el cordal por su vertiente sur hasta el collado (1.906) al norte de la Peña del Viento, donde se gira a la derecha (S) para alcanzar la cumbre por el lomo.

Bajar por el cordal al sur hasta la Collada Agujas y tomar una senda que sube en diagonal al suroeste. Al situarse al oeste de la cumbre, girar a la izquierda (E) y subir directamente a La Rapaína.

Continuar por la cresta al sureste, pasando por los Peñones del Violosu, hasta La Rialcada, donde hay una vista impresionante del tramo de cordal recorrido, y retroceder (SO) hasta el collado de La Molía.

Dejar aquí el cordal, girando a la derecha (SE) para bajar a la Laguna Negra. Tomar la senda que desciende junto al desagüe, siguiendo siempre el mismo torrente hasta la cabaña de Las Hazas. En este cruce de sendas, continuar al este, trasponiendo un par de lomos antes de dar vista a los prados y caseta de la Vega Corea. Dejar entonces la senda y bajar a cruzar el arroyo del mismo nombre para tomar la pista de su ribera oeste hacia la izquierda (S). Por ella, se llega a la carretera del Puerto de San Isidro, al lado del Puente de Wamba.

Croquis de la ruta sobre ©GOOGLE EARTH

COMENTARIOS: Cuando planeaba esta ruta, creí que sólo iba a subir un par de dosmiles cantábricos del montón. Esos picos a los que vas por hacer colección y poco más, aunque siempre es agradable ir por la montaña leonesa. Afortunadamente, no atendí mucho a las guías que encontré y que, entonces, sólo mencionaban la subida por el Valle de Fornos y, como variante, una bajada directa por la ladera suroccidental de la Rapaína. En vez de eso, decidí probar a seguir la cuerda al este para bajar por el Arroyo de las Hazas y me encontré con uno de los parajes más notables de la zona y de toda la Cantábrica, los Peñones del Violosu, que forman un tremendo frontón cuajado de agujas y estrechas chimeneas. En mi opinión, lo mejor de la ruta empieza al dejar atrás la cumbre de la Rapaína.

Por lo demás, se trata de una excursión variada, de longitud media y dificultad escasa; incluso los destrepes de la cresta se pueden rodear, aunque por terreno más incómodo. Montañeros o senderistas con algo de experiencia fuera de camino no deberían tener problemas.

RELATO GRÁFICO:

Hacia las 9:15 de la mañana, aparqué junto al Puente de Wamba. Aunque el cielo estaba totalmente despejado y el sol andaba alto, hacía una temperatura muy agradable, gracias a la brisa fresca que bajaba del cercano Puerto de San Isidro. Pocos metros más arriba por la carretera, sale a la derecha (NE) una pista, balizada como PR LE-46, que remonta el Valle de los Fornos. La tomé y fui ganando por ella altitud suavemente, llevando desde el principio a mi derecha la cumbre de la Rapaína.

Durante la subida, pasé primero junto a una cadena tirada por tierra y una señal que prohíbe la circulación, pero más adelante me adelantarían dos todo terrenos. Más tarde dejé a la izquierda una cabaña abierta, construcción en bastante buen estado, pero asquerosamente sucia y descuidada. Tras un par de subibajas para atravesar las correspondientes lomas, me encontré en el rellano donde confluye el arroyo de Gabitos con el de los Fornos y apareció ante mí el Collado del Acebal. A mi derecha, se levantaba…

… la Peña del Viento, primer pico del día.

Cerca del collado, hay una cerrada curva a la izquierda, de donde salen unas trazas de senda que remontan en diagonal la ladera hacia el Collado de las Agujas y que pueden acortar la ascensión, pero preferí dejarlas de lado y seguir por la pista hasta el cordal. Mirando atrás, el Valle de Fornos caía suavemente al sur, con el telón de fondo de las sierras de Sentiles y Ajo. Destacaba en medio el Toneo que desde aquí aparenta falsamente ser el más alto.

Llegué al Collado Acebal, donde hay una cabaña cerrada junto a un manantial sin canalizar y, ese día, un numeroso rebaño de vacas. Avanzando unos metros por la otra vertiente, hasta un rellano junto a la cabaña, me encontré con esta vista del perfil de Picos de Europa, más allá de la Peña del Oso. Comenzaba un espectáculo que prácticamente no me abandonaría en toda la mañana. Encima, pese a ser agosto, me tuve que poner una manga larga... ¡una maravilla de día! A mi derecha (E), …

… la divisoria cantábrica se elevaba hacia la Peña de los Fornos. Pese a la amplitud de la loma, los canchos calizos que la cortan prometían la subida entretenida. Sin embargo, no acometí la ascensión por lo alto del cordal, sino que, volviendo al collado, tomé…

… una clara senda que sale al este justo en el cambio de rasante, indicada con una estaca. A continuación, el senderillo me llevó a través de un terreno confuso, serpenteando entre rocas en busca del paso cómodo. De vez en cuando, las marcas blancas y amarillas del PR seguían apareciendo mientras se iba elevando frente a mí la Peña del Viento a la derecha de la cuerda. La senda me llevó a la ladera meridional de la Peña de los Fornos, que atravesé en diagonal ascendente hasta dejarla en la vertical de la siguiente horcada para alcanzarla remontando unos pocos metros de ladera herbosa.

De nuevo en la cuerda, me volví para echar una mirada atrás, al Pico Torres sobre el Valle de los Fornos.

Al norte, una vista más amplia de los Picos de Europa, enmarcados ahora por el Tiatordos y la Peña Ten. Giré a la derecha (SE) para continuar, ahora sí, por…

… la cuerda, que es por aquí un empinado y ancho lomo, aprovechando los pasillos de hierba entre canchos.

Salí a un lomo mixto de hierba y roca que al principio es ancho y empinado. Hacia la mitad del mismo, así se veían el Collado Acebal, la Peña de los Fornos, la pequeña aguja y la horcada donde había ganado el cordal.

A continuación, la arista se torna rocosa y afilada, aunque sin obstáculos de mención ni pasos muy expuestos. Por ella alcancé la Peña del Viento hacia las 11 de la mañana.

Se estaba bien allí y la vista abarcaba desde los montes de Somiedo al Alto Carrión. Aunque con una visión triste al sur: la del…

… hermoso Circo de Cebolledo destrozado por la estación de esquí; es ahora en verano cuando la montaña muestra sus cicatrices.

Girando a la derecha, al oeste resulta curioso ver dos colosos distantes unidos por la perspectiva: el Pico Torres y Peña Ubiña.

Al noroeste, más allá de la Peña de Fornos, la cuerda sigue por los Negros, tras los que se suceden difusos los cordales asturianos.

En el arco nororiental, se sucedían, empezando por el norte, el…

… rocoso Tiatordos, sobre verdes y profundos valles; …

… el perfil del Cornión y los Urrieles; …

… el Alto Carrión, con el tremendo Espigüete destacado, y los Mampodres, hasta…

… acabar con la Cresta del Violosu y la Rapaína, continuación y cumbre de la ruta.

En fin, a las 11:30 de la mañana continué bajando hacia el Collado de las Agujas, de donde saldría por la derecha (SE), por una senda que remonta suavemente la ladera en diagonal, separándose de la cuerda.

El trazo que seguía fue haciéndose borroso hasta desaparecer totalmente al llegar a estar más o menos al oeste de la cumbre. Así se veía desde allí la Peña del Viento mirando atrás.

Estaba en la vertiente menos inclinada de la montaña, así que simplemente giré a la izquierda (E) y acometí la subida directa hacia la evidente cima ante mis ojos. En la arista, se perfilaba un grupo de animales que no llegué a distinguir bien, pues, en cuanto me vieron, salieron a escape.

Alcancé la cumbre de La Rapaína a las doce de la mañana. Sobre una roca se levanta un buzón y, más allá se ve la Peña del Viento. Seguía el tiempo de lo más agradable. Mirando a la izquierda, al oeste, la Peña del Viento. Girando en la misma dirección, el…

… Pico Torres. En general, las vistas eran similares a las de antes; las mismas montañas, aunque con perspectivas ligeramente distintas. Siguiendo la vuelta, al …

… sureste, la Sierra de Sentiles, con su…

… Circo de Cebolledo. Siguen…

… las características siluetas San Justo, Runción y Susarón, por delante de los montes del interior de León.

Por fin, al este sigue la cuerda, con el fondo de las crestas del Mampodre, …

… el Alto Carrión y, ya…

… al norte, más allá de un impresionante abismo, los Picos de Europa.

Tras otra media horita en esta cima, a las 12:30 proseguí el recorrido por la cuerda hacia el sureste. No tenía referencias a partir de aquí pero el terreno no se presentaba difícil, aunque comenzaba con una empinada bajada por tierra suelta, cortada por…

… escalones de roca fáciles de destrepar (I).

Luego, encontré un pequeño cueto de rocas apiladas cuyo destrepe por el lado este es más alto, pero también asequible (I). De todas formas, se puede contornear por el sur, pero a costa de ir por terreno más incómodo, de bloques entre matorral.

Vino a continuación un lomo ancho cubierto de vegetación rastrera, cómodo de caminar. Sin senda, pero ni falta que hacía. Con ligeros subibajas fui pasando las culminaciones de los peñones del Violosu.

Al llegar a la más alta y occidental de estas cotas (1.973), destacada ligeramente al norte, pude ver a mi espalda el vistoso circo bajo la cumbre de la Rapaína. Volviéndome, …

… altas paredes cortadas por fajas herbosas se alzaban sobre los prados. Aquí comienza el tramo más fascinante de esta cresta.

La divisoria se trasforma en una especie de repisa cuyo borde septentrional cae 300 metros en vertical y está cortado por espolones y chimeneas. La progresión por la divisoria, llevando esa maravilla a la izquierda, no puede ser sin embargo más cómoda, aunque no debe ser un lugar demasiado visitado pues no había senda ni hitos; sólo a veces se apreciaba algún leve rastro de paso.

En los entrantes de la cresta, me asomaba a estrechas y vertiginosas chimeneas.

Y, en los salientes, muchos espolones estaban coronados por agujas espectaculares...

... o curiosas, como esta doble y con su ojo. Lo dicho, todo un espectáculo. Estuve casi una hora pasando este tramo pues me paraba o retrocedía para bajar hasta el borde de algún espolón.

Finalmente, llegué a La Rapaona, pequeña prominencia que marca el final de esta cresta y donde hay colocada una pequeña cruz. Aquí me encontré de nuevo una senda, estrecha pero clara, cortando la hierba de la loma.

A continuación, bajé siguiendo la verde loma, amplia de nuevo, hacia La Molía, con la intención de bajar luego a la derecha, por la vaguada, a la Laguna Negra.

Pero, al llegar al collado y ver delante la continuación de la cuerda, decidí seguir hasta la siguiente punta para echar una ojeada a la vertiente septentrional de la Rapaína. La subida se veía fácil y cómoda.

Así pues, en menos de 10 minutos me encaramé al modesto pico de La Rialcada, desde donde efectivamente hay una magnífica perspectiva de toda la cresta desde la peña del Viento. Aunque llegar aquí queda un poco fuera de la estricta ruta circular, apenas se emplean 20 minutos en ir y volver desde la Molía y a fe que merece la pena.

También la continuación de la cuerda al este, hacia el pico Páramo, prometía, pero eran ya las dos menos cuarto y tocaba volver. No sin aprovechar para detenerme a comer algo en este hermoso lugar.

Al cabo de 15 ó 20 minutos, retorné por la loma al collado de La Molía, donde giré a la izquierda (S) para bajar por una senda que cortaba la hierba de la ladera hasta otra horcada, la del Páramo, donde proseguí el descenso por su vaguada de la derecha (O) hasta…

… la Laguna Negra, bonita balsa de agua bajo la Rapaona, que rodeé por su orilla oriental. Al llegar al desagüe, lo crucé y tomé…

… a la izquierda (S) una senda que sigue el torrente a través del colorido matorral, con la Sierra de Sentiles ante los ojos. Era el Arroyo de las Hazas, que no dejaría en un buen rato. Desde que dejé la loma, dejó de llegarme la brisa y el calor aumentó, así que aceleré el paso con pocas ganas de parar mucho, pese a lo bonito del paisaje.

Cuando el arroyo se encajona, la senda lo cruza y se separa del cauce por su vertiente izquierda ahora, para ir a dar al collado que se abre al norte del Pico el Pinzón, señalado con un enorme hito y donde se cruzan varios caminos a la sombra (es un decir) del Pico de San Justo. Tomé la senda de derecha (O) que, siempre…

… siguiendo el Arroyo de las Hazas, corta el matorral como si se dirigiera al Pico Torres.

Llegué por ella al prado de Las Hazas, donde hay una cabaña ganadera, sucia, en mal estado y donde se entra por una ventana. También hay cruce aquí y yo proseguí recto (NO), vadeando un pequeño arroyo, donde se pierde por un momento la senda para reencontrarla en la pendiente del otro lado. Siempre hacia el este y con la referencia del Pico Torres, traspuse un par de lomas secundarias y una pequeña vega en medio.

Al llegar al arroyo de Vega Corea vi enfrente una caseta en medio de prados y una pista. Abandoné la senda por la izquierda (SE) y bajé a cruzar el cauce para llegar a la misma.

Cerca de la mencionada caseta, encontré el extremo de una pista que salía hacia la izquierda (S). Por ella, descendí el arroyo y salí al poco a un prado junto a la carretera del Puerto de San Isidro. Sin llegar a ella, al topar con una cerca de alambre paralela a la misma, torcí a la derecha y la seguí unos 200 metros hasta encontrarme junto al Puente de Wamba. Eran las 15:30 y sólo me restó cruzar la valla y acercarme al ramal antiguo donde había dejado el coche.

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