Mapa
tomado del visor Iberpix. ©INSTITUTO GEOGRÁFICO NACIONAL DE ESPAÑA
LA RUTA: Salir del Puente de Wamba por la pista que
remonta el Valle de los Fornos hasta el Collado
Acebal. Girar en el collado a la derecha (E) para seguir el cordal por su
vertiente sur hasta el collado (1.906) al norte de la Peña del Viento, donde se gira a la derecha (S) para alcanzar la
cumbre por el lomo.
Bajar por el cordal al sur
hasta la Collada Agujas y tomar una senda que sube en diagonal al suroeste. Al
situarse al oeste de la cumbre, girar a la izquierda (E) y subir directamente a
La Rapaína.
Continuar por la cresta al
sureste, pasando por los Peñones del
Violosu, hasta La Rialcada,
donde hay una vista impresionante del tramo de cordal recorrido, y retroceder
(SO) hasta el collado de La Molía.
Dejar aquí el cordal,
girando a la derecha (SE) para bajar a la Laguna
Negra. Tomar la senda que desciende junto al desagüe, siguiendo siempre el
mismo torrente hasta la cabaña de Las
Hazas. En este cruce de sendas, continuar al este, trasponiendo un par de lomos
antes de dar vista a los prados y caseta de la Vega Corea. Dejar entonces la senda y bajar a cruzar el arroyo del mismo
nombre para tomar la pista de su ribera oeste hacia la izquierda (S). Por ella,
se llega a la carretera del Puerto de San Isidro, al lado del Puente de Wamba.
Croquis
de la ruta sobre ©GOOGLE EARTH
COMENTARIOS: Cuando
planeaba esta ruta, creí que sólo iba a subir un par de dosmiles cantábricos
del montón. Esos picos a los que vas por hacer colección y poco más, aunque
siempre es agradable ir por la montaña leonesa. Afortunadamente, no atendí
mucho a las guías que encontré y que, entonces, sólo mencionaban la subida por
el Valle de Fornos y, como variante, una bajada directa por la ladera
suroccidental de la Rapaína. En vez de eso, decidí probar a seguir la cuerda al
este para bajar por el Arroyo de las Hazas y me encontré con uno de los parajes
más notables de la zona y de toda la Cantábrica, los Peñones del Violosu, que
forman un tremendo frontón cuajado de agujas y estrechas chimeneas. En mi
opinión, lo mejor de la ruta empieza al dejar atrás la cumbre de la Rapaína.
Por lo demás, se trata de
una excursión variada, de longitud media y dificultad escasa; incluso los
destrepes de la cresta se pueden rodear, aunque por terreno más incómodo. Montañeros
o senderistas con algo de experiencia fuera de camino no deberían tener
problemas.
RELATO GRÁFICO:
Hacia las
9:15 de la mañana, aparqué junto al Puente de Wamba. Aunque el cielo estaba
totalmente despejado y el sol andaba alto, hacía una temperatura muy agradable,
gracias a la brisa fresca que bajaba del cercano Puerto de San Isidro. Pocos
metros más arriba por la carretera, sale a la derecha (NE) una pista, balizada
como PR LE-46, que remonta el Valle de los Fornos. La tomé y fui ganando por
ella altitud suavemente, llevando desde el principio a mi derecha la cumbre de
la Rapaína.
Durante
la subida, pasé primero junto a una cadena tirada por tierra y una señal que
prohíbe la circulación, pero más adelante me adelantarían dos todo terrenos.
Más tarde dejé a la izquierda una cabaña abierta, construcción en bastante buen
estado, pero asquerosamente sucia y descuidada. Tras un par de subibajas para
atravesar las correspondientes lomas, me encontré en el rellano donde confluye
el arroyo de Gabitos con el de los Fornos y apareció ante mí el Collado del
Acebal. A mi derecha, se levantaba…
… la Peña
del Viento, primer pico del día.
Cerca del
collado, hay una cerrada curva a la izquierda, de donde salen unas trazas de
senda que remontan en diagonal la ladera hacia el Collado de las Agujas y que
pueden acortar la ascensión, pero preferí dejarlas de lado y seguir por la
pista hasta el cordal. Mirando atrás, el Valle de Fornos caía suavemente al
sur, con el telón de fondo de las sierras de Sentiles y Ajo. Destacaba en medio
el Toneo que desde aquí aparenta falsamente ser el más alto.
Llegué al
Collado Acebal, donde hay una cabaña cerrada junto a un manantial sin canalizar
y, ese día, un numeroso rebaño de vacas. Avanzando unos metros por la otra
vertiente, hasta un rellano junto a la cabaña, me encontré con esta vista del
perfil de Picos de Europa, más allá de la Peña del Oso. Comenzaba un
espectáculo que prácticamente no me abandonaría en toda la mañana. Encima, pese
a ser agosto, me tuve que poner una manga larga... ¡una maravilla de día! A mi
derecha (E), …
… la divisoria
cantábrica se elevaba hacia la Peña de los Fornos. Pese a la amplitud de la
loma, los canchos calizos que la cortan prometían la subida entretenida. Sin
embargo, no acometí la ascensión por lo alto del cordal, sino que, volviendo al
collado, tomé…
… una
clara senda que sale al este justo en el cambio de rasante, indicada con una
estaca. A continuación, el senderillo me llevó a través de un terreno confuso, serpenteando
entre rocas en busca del paso cómodo. De vez en cuando, las marcas blancas y
amarillas del PR seguían apareciendo mientras se iba elevando frente a mí la
Peña del Viento a la derecha de la cuerda. La senda me llevó a la ladera
meridional de la Peña de los Fornos, que atravesé en diagonal ascendente hasta
dejarla en la vertical de la siguiente horcada para alcanzarla remontando unos
pocos metros de ladera herbosa.
De nuevo
en la cuerda, me volví para echar una mirada atrás, al Pico Torres sobre el
Valle de los Fornos.
Al norte,
una vista más amplia de los Picos de Europa, enmarcados ahora por el Tiatordos
y la Peña Ten. Giré a la derecha (SE) para continuar, ahora sí, por…
… la cuerda,
que es por aquí un empinado y ancho lomo, aprovechando los pasillos de hierba
entre canchos.
Salí a un
lomo mixto de hierba y roca que al principio es ancho y empinado. Hacia la
mitad del mismo, así se veían el Collado Acebal, la Peña de los Fornos, la
pequeña aguja y la horcada donde había ganado el cordal.
A continuación,
la arista se torna rocosa y afilada, aunque sin obstáculos de mención ni pasos muy
expuestos. Por ella alcancé la Peña del Viento hacia las 11 de la mañana.
Se estaba
bien allí y la vista abarcaba desde los montes de Somiedo al Alto Carrión.
Aunque con una visión triste al sur: la del…
… hermoso
Circo de Cebolledo destrozado por la estación de esquí; es ahora en verano
cuando la montaña muestra sus cicatrices.
Girando a
la derecha, al oeste resulta curioso ver dos colosos distantes unidos por la
perspectiva: el Pico Torres y Peña Ubiña.
Al
noroeste, más allá de la Peña de Fornos, la cuerda sigue por los Negros, tras
los que se suceden difusos los cordales asturianos.
En el
arco nororiental, se sucedían, empezando por el norte, el…
… rocoso
Tiatordos, sobre verdes y profundos valles; …
… el
perfil del Cornión y los Urrieles; …
… el Alto
Carrión, con el tremendo Espigüete destacado, y los Mampodres, hasta…
… acabar con la Cresta del Violosu y la
Rapaína, continuación y cumbre de la ruta.
En fin, a
las 11:30 de la mañana continué bajando hacia el Collado de las Agujas, de
donde saldría por la derecha (SE), por una senda que remonta suavemente la
ladera en diagonal, separándose de la cuerda.
El trazo
que seguía fue haciéndose borroso hasta desaparecer totalmente al llegar a
estar más o menos al oeste de la cumbre. Así se veía desde allí la Peña del
Viento mirando atrás.
Estaba en
la vertiente menos inclinada de la montaña, así que simplemente giré a la
izquierda (E) y acometí la subida directa hacia la evidente cima ante mis ojos.
En la arista, se perfilaba un grupo de animales que no llegué a distinguir bien,
pues, en cuanto me vieron, salieron a escape.
Alcancé
la cumbre de La Rapaína a las doce de la mañana. Sobre una roca se levanta un
buzón y, más allá se ve la Peña del Viento. Seguía el tiempo de lo más
agradable. Mirando a la izquierda, al oeste, la Peña del Viento. Girando en la
misma dirección, el…
… Pico Torres.
En general, las vistas eran similares a las de antes; las mismas montañas,
aunque con perspectivas ligeramente distintas. Siguiendo la vuelta, al …
… sureste,
la Sierra de Sentiles, con su…
… Circo
de Cebolledo. Siguen…
… las características
siluetas San Justo, Runción y Susarón, por delante de los montes del interior
de León.
Por fin,
al este sigue la cuerda, con el fondo de las crestas del Mampodre, …
… el Alto
Carrión y, ya…
… al
norte, más allá de un impresionante abismo, los Picos de Europa.
Tras otra
media horita en esta cima, a las 12:30 proseguí el recorrido por la cuerda
hacia el sureste. No tenía referencias a partir de aquí pero el terreno no se
presentaba difícil, aunque comenzaba con una empinada bajada por tierra suelta,
cortada por…
… escalones
de roca fáciles de destrepar (I).
Luego,
encontré un pequeño cueto de rocas apiladas cuyo destrepe por el lado este es
más alto, pero también asequible (I). De todas formas, se puede contornear por
el sur, pero a costa de ir por terreno más incómodo, de bloques entre matorral.
Vino a
continuación un lomo ancho cubierto de vegetación rastrera, cómodo de caminar.
Sin senda, pero ni falta que hacía. Con ligeros subibajas fui pasando las
culminaciones de los peñones del Violosu.
Al llegar
a la más alta y occidental de estas cotas (1.973), destacada ligeramente al
norte, pude ver a mi espalda el vistoso circo bajo la cumbre de la Rapaína. Volviéndome,
…
… altas
paredes cortadas por fajas herbosas se alzaban sobre los prados. Aquí comienza
el tramo más fascinante de esta cresta.
La
divisoria se trasforma en una especie de repisa cuyo borde septentrional cae
300 metros en vertical y está cortado por espolones y chimeneas. La progresión
por la divisoria, llevando esa maravilla a la izquierda, no puede ser sin
embargo más cómoda, aunque no debe ser un lugar demasiado visitado pues no
había senda ni hitos; sólo a veces se apreciaba algún leve rastro de paso.
En los
entrantes de la cresta, me asomaba a estrechas y vertiginosas chimeneas.
Y, en los
salientes, muchos espolones estaban coronados por agujas espectaculares...
... o
curiosas, como esta doble y con su ojo. Lo dicho, todo un espectáculo. Estuve
casi una hora pasando este tramo pues me paraba o retrocedía para bajar hasta
el borde de algún espolón.
Finalmente,
llegué a La Rapaona, pequeña prominencia que marca el final de esta cresta y
donde hay colocada una pequeña cruz. Aquí me encontré de nuevo una senda,
estrecha pero clara, cortando la hierba de la loma.
A
continuación, bajé siguiendo la verde loma, amplia de nuevo, hacia La Molía,
con la intención de bajar luego a la derecha, por la vaguada, a la Laguna
Negra.
Pero, al
llegar al collado y ver delante la continuación de la cuerda, decidí seguir
hasta la siguiente punta para echar una ojeada a la vertiente septentrional de
la Rapaína. La subida se veía fácil y cómoda.
Así pues,
en menos de 10 minutos me encaramé al modesto pico de La Rialcada, desde donde
efectivamente hay una magnífica perspectiva de toda la cresta desde la peña del
Viento. Aunque llegar aquí queda un poco fuera de la estricta ruta circular,
apenas se emplean 20 minutos en ir y volver desde la Molía y a fe que merece la
pena.
También
la continuación de la cuerda al este, hacia el pico Páramo, prometía, pero eran
ya las dos menos cuarto y tocaba volver. No sin aprovechar para detenerme a comer
algo en este hermoso lugar.
Al cabo
de 15 ó 20 minutos, retorné por la loma al collado de La Molía, donde giré a la
izquierda (S) para bajar por una senda que cortaba la hierba de la ladera hasta
otra horcada, la del Páramo, donde proseguí el descenso por su vaguada de la
derecha (O) hasta…
… la
Laguna Negra, bonita balsa de agua bajo la Rapaona, que rodeé por su orilla
oriental. Al llegar al desagüe, lo crucé y tomé…
… a la
izquierda (S) una senda que sigue el torrente a través del colorido matorral, con
la Sierra de Sentiles ante los ojos. Era el Arroyo de las Hazas, que no dejaría
en un buen rato. Desde que dejé la loma, dejó de llegarme la brisa y el calor
aumentó, así que aceleré el paso con pocas ganas de parar mucho, pese a lo
bonito del paisaje.
Cuando el
arroyo se encajona, la senda lo cruza y se separa del cauce por su vertiente
izquierda ahora, para ir a dar al collado que se abre al norte del Pico el
Pinzón, señalado con un enorme hito y donde se cruzan varios caminos a la
sombra (es un decir) del Pico de San Justo. Tomé la senda de derecha (O) que,
siempre…
…
siguiendo el Arroyo de las Hazas, corta el matorral como si se dirigiera al
Pico Torres.
Llegué
por ella al prado de Las Hazas, donde hay una cabaña ganadera, sucia, en mal
estado y donde se entra por una ventana. También hay cruce aquí y yo proseguí
recto (NO), vadeando un pequeño arroyo, donde se pierde por un momento la senda
para reencontrarla en la pendiente del otro lado. Siempre hacia el este y con
la referencia del Pico Torres, traspuse un par de lomas secundarias y una
pequeña vega en medio.
Al llegar
al arroyo de Vega Corea vi enfrente una caseta en medio de prados y una pista. Abandoné
la senda por la izquierda (SE) y bajé a cruzar el cauce para llegar a la misma.
Cerca de
la mencionada caseta, encontré el extremo de una pista que salía hacia la
izquierda (S). Por ella, descendí el arroyo y salí al poco a un prado junto a
la carretera del Puerto de San Isidro. Sin llegar a ella, al topar con una
cerca de alambre paralela a la misma, torcí a la derecha y la seguí unos 200
metros hasta encontrarme junto al Puente de Wamba. Eran las 15:30 y sólo me
restó cruzar la valla y acercarme al ramal antiguo donde había dejado el coche.
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