OTROS
DATOS:
- Cota mínima / máxima: 1.329 / 2.145
- Mi tiempo efectivo: 7h42
- Mi tiempo total: 9h12
- Dificultades: Muy fácil, en las condiciones del día; profunda capa de nieve blanda con una
costra quebradiza, continua por encima de los 1.600 - 1.700 m. Máxima pendiente de nieve de 20º y algún corto pasaje incómodo por el matorral.
- Track
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Mapa
tomado del visor Iberpix. ©INSTITUTO GEOGRÁFICO NACIONAL DE ESPAÑA
LA RUTA: Salir de Garganta de los Hornos por la pista
que, hacia el oeste, remonta el Río Corneja. Al llegar a la linde de un pinar,
dejarla por una senda, borrosa al principio, que sube a la izquierda (N) y
luego vuelve a remontar el valle, pero a media ladera, atravesando los Llanos de la Aldea. Tras pasar una
collada cerca de la Fuente de Majalpino, la senda baja al Arroyo de la Cruz del Valle, lo cruza y gira a la derecha. Es el
momento de dejarla para seguir recto (O), remontando un barranco anónimo y,
tras pasar una segunda collada, entrar en la cuenca del Arroyo del Belesar. Acercarse al cauce, sin apenas perder cota, y
remontarlo hasta que el barranco se estrecha. Girar a la izquierda (N) y
ascender por la vaguada que baja del collado (2.143). Antes de alcanzarlo,
girar a la izquierda (NO) y atravesar la pendiente en diagonal hasta la Peña del Belesar.
Seguir la cuerda al NO,
evitando la Peña Pajarita (por la derecha) y el Cerro de Valdehierro (por la
izquierda, camino), a partir del cual un ancho carril va por el cordal. Pasado los
altiplanos de Navamojada y Prado Cimero, justo antes de llegar
a la altura de Cerro Quemado, girar
a la izquierda (S) en una bifurcación. En otro cruce, en Las Tres Cruces, seguir por la izquierda (S) y a la misma mano (E)
en un tercero en el collado (1.378) antes de llegar a Garganta de los Hornos.
Croquis
de la ruta sobre ©GOOGLE EARTH
COMENTARIOS: Esta ruta no parece un recorrido muy lógico; deja de lado un
pico de gran relevancia, como La Serrota, teniéndola relativamente a mano, para
conformarse con una punta de tan escasa prominencia que casi no llega ni a
secundaria. De hecho, mi propósito inicial era ascender a la cumbre de la
sierra, pero las pésimas condiciones de la nieve, que no me esperaba, me
obligaron a cambiar de idea y acortar. La nieve blanda estaba cubierta por una
costra que no soportaba mi peso y, por otro lado, hacía inconvenientes las
raquetas, que se quedaban enganchadas cuando se rompía la capa superficial que,
incluso con ellas, era casi a cada paso. Peor imposible. E hice bien en acortar,
pues llegué al pueblo ya entre dos luces, a pesar de no haberme demorado a la
bajada.
He decidido colgar aquí el resultado pese a ser una ascensión
fallida, pues, visto sobre el mapa, puede ser una buena excursión para cuando
no se quiera subir a la Serrota, pero sí conocer esa vertiente de la montaña y
disfrutar del panorama desde el lomo de la sierra. Por otro lado, sería una
pena dejar sin publicar las hermosas fotos invernales que conseguí, pues tan
mala como estaba la montaña para caminar, así estaba de bonita.
RELATO GRÁFICO:

Salí de
Garganta de los Hornos por el extremo nororiental de la aldea, tomando la pista
que remonta, en esa dirección del valle del Río Corneja. El frío era brutal en
esta umbría helada, aunque, si…
… miraba
atrás, pude ver enseguida que el sol ya iluminaba no sólo el lomo de la vecina
Sierra de Villafranca, sino también las lomas cercanas. Un buen incentivo para
ganar altura con rapidez.
Al llegar
a la primera masa de pinos de me encontré, giré a la izquierda (N), dejando la
pista por una senda borrosa y medio tapada por la nieve y los piornos, muy
incómoda, que subía ladera arriba junto a la cerca que delimitaba la arboleda.
Al llegar a su límite superior, giré a la derecha (NE), recuperando…
… la
dirección del valle, al tiempo que la senda dejaba atrás el matorral y se
aclaraba algo.
Al poco,
topé con un carril más ancho y claro, que tomé a la izquierda (NE). Por él,
continué remontando el valle a bastante altura sobre el cauce, alternando
manchas de pino y zonas de matorral y prado.
Sólo el
paso por la última arboleda fue un poco incómodo, pasar un arroyo en que la
traza se perdió momentáneamente entre la vegetación de ribera. Mirando atrás,
podía ver los Llanos de la Aldea, que acababa de atravesar, y, a la izquierda,
la mole del…
… monte
de Los Guijuelos dominando el Río Corneja.
Por aquí,
próximo a los 1.600 m de altitud, empecé a pisar nieve de verdad, blanda y
entre mucho matorral. La senda va a dejar a la derecha aquel característico
risco (cota 1.657) y, para ello, al llegar al segundo barranco que se ve, ...
… atacó
de frente la pendiente, siguiendo por encima del roquedo mencionado hasta salir
a…
… otra
collada más arriba, junto a la cota 1.735. Desde allí, bajé por la vaguada del
otro lado al Arroyo de la Cruz, que…
… vadeé para,
a continuación, …
…
ascender por otra vaguada, simétrica a la anterior.
Aquí, la
nieve ya estorbaba mucho el paso y, con tanto matojo, ponerse las raquetas era peor que no llevarlas. Cuando se aclaró, había…
…
huellas, pero de animales y viejas, nada aprovechables. Esta subida me dejó en otra
collada, desde la cual, mirando atrás…
… podía
ver al fondo la Sierra de la peña de Francia. Estaba ya bastante por encima de
los 1.800 m y, por delante, tenía…
… el
Arroyo del Belesar. Un breve descenso me llevó al fondo del barranco, muy ancho
en esta parte, que…
… atravesé
siguiendo las huellas de unos caballos por donde caminaba algo mejor, pero la
progresión seguía siendo penosa.
Al irse
estrechando el barranco, las condiciones de la nieve aún empeoraron y decidí
probar a ir a media ladera. Tras una breve prueba por la vertiente meridional
(derecha), apenas un toque, giré a la izquierda (N) y gané altura.
Al ser
solana, aunque la calidad del manto era igual o peor, al menos tenía menos
espesor. Además, apenas ganados veinte metros sobre el cauce, encontré…
… una
sutil discontinuidad en la pendiente, que puede ser el trazo de la senda que va
por aquí. Siguiéndolo a la derecha (NE), fui remontando el barranco, mientras
dejaba el torrente gradualmente abajo.
Luego, al
llegar a un cóncavo, giré más a la izquierda (N), encarando la pendiente.
Pronto, pude ver a mi espalda la cresta de Gredos asomando sobre el lomo de
enfrente. Para entonces había acumulado casi una hora de retraso, pero, por lo
menos, el panorama era bonito.
Como se
ve, incluso ladera arriba la pendiente seguía siendo suave y pronto tuve a la
vista la cuerda. Concretamente, el collado de cota 2.143, que separa la Serrota
de una prominencia anónima (2.151), coronada por un cancho. Giré entonces hacia
la izquierda (NO), para…
… ascender
en diagonal dejando a la derecha el cancho, mientras al otro lado…
… Gredos
continuaba atrayendo la mirada.
Pasado un
poco evidente lomo, aparecieron los cantos que marcan la cima de la peña del Belesar
mientras que, al otro lado, …
… junto
al roquedo que había evitado, ahora prácticamente a mi altura, podía ver asomar
la cumbre de la Serrota. Incluso, aunque en la foto no se aprecia, llegaba
distinguir la torrecilla que la corona.
Alcancé
la cuerda, a pocos metros de la cima.
Al llegar
a la Peña del Belesar, descubrí el Valle de Amblés, sus colores apagados
contrastando con el blanco deslumbrante de la nieve. Aunque sólo se veía un
retazo, pues el lomo del cordal es anchísimo aquí. Curiosa también la fina
línea de nubes sobre la Sierra de Ávila. Girando a la derecha, podía ver…
… la
cuerda que va a la cumbre de La Serrota. Parece cerca y lo está, pero, a estas
alturas, ya no me sobraba apenas tiempo de luz. Una pena. Pero las vistas
consolaban, pues, continuando con el giro, …
… al sur,
Gredos llenaba el horizonte y el aire estaba tan transparente que…
… eran
perfectamente reconocibles los perfiles de todas sus más altas crestas, las que
dominan los grandes circos. Siguiendo a la derecha, llegaba a…
… verse
la Sierra de Candelario asomando sobre la de Villafranca que dominaban el valle
del Corneja, que se ensancha para desembocar en el Tormes. Y, en el horizonte
último, las montañas hurdanas. En fin; para acabar la vuelta, …
… el
amplio y suave lomo al noroeste, con sólo la Peña Pajarita rompiendo la
monotonía al fondo. Por ahí inicié el retorno, caminando por una costra de
nieve dura sobre no sé qué espesor de nieve blanda. Fue el peor tramo,
hundiéndome de golpe a cada paso hasta por encima de la rodilla. Para hacerse
idea, tardé casi una hora en cubrir el kilómetro que separa ambas peñas,
consumiendo de paso el poco remanente de tiempo de luz que me quedaba. Al
menos, fue un lujo visual, a la izquierda con…
… Gredos
y, volviéndome al lado contrario, con…
… el
Valle de Amblés, con mejor perspectiva al irme alejando de…
… la
Serrota y la Peña del Belesar para…
…
acercarme a la Pajarita. Aquí, me desvié a la izquierda de la cuerda para
rodear…
… el gran
cancho por ese lado.
Luego,
volví a cruzar la cuerda por un pasillo entre riscos hacia el flanco oriental
de la arista, que se empina aquí, pero…
… sin
llegar a los 20º. Al perder altitud, mejoró algo la nieve, pues, aunque blanda,
perdió la costra.
Incluso
ganó algo de consistencia, no hundiéndome más allá de los tobillos, al
acercarme al collado (1.919) de la Cañada del Valle. Al otro lado del mismo,
fui distinguiendo el trazo de un camino que rodea la siguiente cima, el Cerro
de Valdehierro. Así, tras cruzar la horcada, que…
… ofrecía
una bonita perspectiva de la cresta del Circo de Gredos, busqué y encontré…
… el
extremo del camino que veía antes. La nieve seguía blanda y no había huella,
pero tenía menos espesor en la traza. Mirando atrás, una bonita imagen de las
peñas del Valle y Pajarita, antes de…
…
sobrepasar el lomo del Cerro Pelado y…
… entrar
en el amplísimo cordal, prácticamente…
… un
altiplano, de Navamojada, mientras el cielo se iba coloreando al oeste.
Delante, el lomo se elevaba en un cono oscuro; es el Cerro de Levante, a cuyos
pies iba a pasar, al cabo de un buen trecho de cresteo.
Afortunadamente,
cada vez más cómodo. Primero, mi camino convergió con otro carril más amplio,
en el que el paso de vehículos había apelmazado la nieve.
Tras
Navamojada, vinieron pequeños subibajas, al pasar Prado Cimero y el Cerro de la
Hormiguilla.
Mirando
atrás, veía la Peña Pajarita al fondo, sobre el ondulado paisaje.
Pasando
Prado Cimero, me encontré con una pista aún más consistente, que tomé a la
izquierda (SO). Aquí ya sí que apenas me hundía y pude acelerar el paso. Al ir
ahora por el flanco oriental del cordal, podía ver a mi izquierda…
… esta
bonita perspectiva del lomo nevado de la sierra, con peña Pajarita en lo alto.
Luego, la
pista giró sobre Hoyo Ciruelo y…
… el
valle del Corneja, adquiriendo…
…
dirección norte. Poco después, ante Cerro Quemado, tomé un desvío a la
izquierda (SO), que…
… me
llevó hacia el collado de Las Tres Cruces. A mi derecha, podía ver…
… el
valle del Tormes, cuyos colores se iban matizando con la luz declinante.
Tras
dejar de lado un desvío a la derecha, llegué al collado de…
… Las
Tres Cruces, donde convergen varias pistas. Tomé la de la izquierda (S), que me
llevó a…
…
descender hacia el curso alto del Río Corneja, por donde había iniciado la
excursión. No es bueno llegar anocheciendo al final, pero, compensación, la luz
declinante embellecía el paisaje …
… con sus
tonos dorados y aún brillantes contrastando con las sombras que invadían los
valles.
Ya muy
cerca del pueblo, dejé la pista principal, que sigue hacia Navacepedilla, por
un desvío a la izquierda (SE), que me llevó en pocos minutos, mientras…
… la luna
brillaba sobre el último rubor del día sobre la nieve, hasta…
…
Garganta de los Hornos, cuyas casas comencé a entrever entre los árboles bajo
la mole de Los Guijuelos.
Aupa Luiso!
ResponderEliminarEsto es lo que se llama recorrido montañero de sol a sol. ¡Qué sensación de frio da la primera foto! 20 km. de los cuales gran parte tuviste que abrir huella en esa nieve que describes, al final lentifican el paso, cansan y prolongan el horario, eso es lo que tienen estos días tan cortos invernales. Pero a cambio seguro que disfrutaste de lo lindo con los panoramas a 360º de esa manta blanca de las planicies cimeras. Esta montaña, ya lo dice, es para quedarse em belesa do. No he podido evitarlo, je, je.
Un abrazo
Gracias por el comentario, Alfredo. Si; fue uno de esos días de emociones mezcladas. Por un lado, la decepción de no llegar a la cima planeada y la tortura de ver que, pese al esfuerzo, apenas avanzas. Por otro, el disfrute de la belleza de la montaña invernal en pleno esplendor y plena soledad. Al final, fue una buena manera de despedir el año.
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