Peña del Belesar (2.145)

ASCENSIÓN INVERNAL DESDE GARGANTA DE LOS HORNOS

POR EL ARROYO DEL BELESAR Y RETORNO POR LAS TRES CRUCES

La Peña del Belesar es un pico secundario, más bien un mero peñasco elevado sobre el lomo noroccidental del pico de La Serrota el más alto de las Parameras de Ávila. Como todas las cimas a lo largo de esa alineación, es un mirador privilegiado sobre Gredos y los altos valles de los ríos Adaja y Corneja. Se trata de una montaña que sobrepasa los 2.000 metros de altitud, pero de relieve suave y crestas muy amplias, donde se pierde la sensación aérea. La vegetación está formada por monte bajo y pastos duros. El intenso aprovechamiento ganadero de toda la zona ha llenado los montes de caminos y cabañas que facilitan las excursiones, sin deteriorar gravemente la belleza del entorno.

Esta ascensión transcurre por la vertiente occidental de la Serrota y, como manda la lógica del relieve de esta montaña, asciende por un barranco que nace bajo la cumbre misma y corre por ella, regresando luego por uno de los cordales que lo limitan, concretamente, el que lo hace por el norte, dando vista al alto valle del Adaja.

La Peña del Belesar desde su propio lomo, al oeste, con la Serrota detrás

SITUACIÓN:

  • Zona: Las Parameras (Sistema Central)
  • Unidad: La Serrota
  • Base de partida: Garganta de los Hornos (Ávila)
ACCESO: La población de Garganta de los Hornos, perteneciente al municipio abulense de Navacepedilla de Corneja, está situada en el suroeste de la provincia, entre las estribaciones meridionales La Serrota; concretamente, sobre el Río Corneja, muy cerca de su nacimiento. Puedes calcular un itinerario desde el lugar de inicio de la ruta en el siguiente link a GoogleMaps.

OTROS DATOS:

  • Cota mínima / máxima: 1.329 / 2.145
  • Mi tiempo efectivo: 7h42
  • Mi tiempo total: 9h12
  • Dificultades: Muy fácil, en las condiciones del día; profunda capa de nieve blanda con una costra quebradiza, continua por encima de los 1.600 - 1.700 m. Máxima pendiente de nieve de 20º y algún corto pasaje incómodo por el matorral.
  • Track para descargar en Wikiloc
Mapa tomado del visor Iberpix. ©INSTITUTO GEOGRÁFICO NACIONAL DE ESPAÑA

LA RUTA: Salir de Garganta de los Hornos por la pista que, hacia el oeste, remonta el Río Corneja. Al llegar a la linde de un pinar, dejarla por una senda, borrosa al principio, que sube a la izquierda (N) y luego vuelve a remontar el valle, pero a media ladera, atravesando los Llanos de la Aldea. Tras pasar una collada cerca de la Fuente de Majalpino, la senda baja al Arroyo de la Cruz del Valle, lo cruza y gira a la derecha. Es el momento de dejarla para seguir recto (O), remontando un barranco anónimo y, tras pasar una segunda collada, entrar en la cuenca del Arroyo del Belesar. Acercarse al cauce, sin apenas perder cota, y remontarlo hasta que el barranco se estrecha. Girar a la izquierda (N) y ascender por la vaguada que baja del collado (2.143). Antes de alcanzarlo, girar a la izquierda (NO) y atravesar la pendiente en diagonal hasta la Peña del Belesar.

Seguir la cuerda al NO, evitando la Peña Pajarita (por la derecha) y el Cerro de Valdehierro (por la izquierda, camino), a partir del cual un ancho carril va por el cordal. Pasado los altiplanos de Navamojada y Prado Cimero, justo antes de llegar a la altura de Cerro Quemado, girar a la izquierda (S) en una bifurcación. En otro cruce, en Las Tres Cruces, seguir por la izquierda (S) y a la misma mano (E) en un tercero en el collado (1.378) antes de llegar a Garganta de los Hornos.

Croquis de la ruta sobre ©GOOGLE EARTH

COMENTARIOS: Esta ruta no parece un recorrido muy lógico; deja de lado un pico de gran relevancia, como La Serrota, teniéndola relativamente a mano, para conformarse con una punta de tan escasa prominencia que casi no llega ni a secundaria. De hecho, mi propósito inicial era ascender a la cumbre de la sierra, pero las pésimas condiciones de la nieve, que no me esperaba, me obligaron a cambiar de idea y acortar. La nieve blanda estaba cubierta por una costra que no soportaba mi peso y, por otro lado, hacía inconvenientes las raquetas, que se quedaban enganchadas cuando se rompía la capa superficial que, incluso con ellas, era casi a cada paso. Peor imposible. E hice bien en acortar, pues llegué al pueblo ya entre dos luces, a pesar de no haberme demorado a la bajada.

He decidido colgar aquí el resultado pese a ser una ascensión fallida, pues, visto sobre el mapa, puede ser una buena excursión para cuando no se quiera subir a la Serrota, pero sí conocer esa vertiente de la montaña y disfrutar del panorama desde el lomo de la sierra. Por otro lado, sería una pena dejar sin publicar las hermosas fotos invernales que conseguí, pues tan mala como estaba la montaña para caminar, así estaba de bonita.

RELATO GRÁFICO:

Salí de Garganta de los Hornos por el extremo nororiental de la aldea, tomando la pista que remonta, en esa dirección del valle del Río Corneja. El frío era brutal en esta umbría helada, aunque, si…

… miraba atrás, pude ver enseguida que el sol ya iluminaba no sólo el lomo de la vecina Sierra de Villafranca, sino también las lomas cercanas. Un buen incentivo para ganar altura con rapidez.

Al llegar a la primera masa de pinos de me encontré, giré a la izquierda (N), dejando la pista por una senda borrosa y medio tapada por la nieve y los piornos, muy incómoda, que subía ladera arriba junto a la cerca que delimitaba la arboleda. Al llegar a su límite superior, giré a la derecha (NE), recuperando…

… la dirección del valle, al tiempo que la senda dejaba atrás el matorral y se aclaraba algo.

Al poco, topé con un carril más ancho y claro, que tomé a la izquierda (NE). Por él, continué remontando el valle a bastante altura sobre el cauce, alternando manchas de pino y zonas de matorral y prado.

Sólo el paso por la última arboleda fue un poco incómodo, pasar un arroyo en que la traza se perdió momentáneamente entre la vegetación de ribera. Mirando atrás, podía ver los Llanos de la Aldea, que acababa de atravesar, y, a la izquierda, la mole del…

… monte de Los Guijuelos dominando el Río Corneja.

Por aquí, próximo a los 1.600 m de altitud, empecé a pisar nieve de verdad, blanda y entre mucho matorral. La senda va a dejar a la derecha aquel característico risco (cota 1.657) y, para ello, al llegar al segundo barranco que se ve, ...

… atacó de frente la pendiente, siguiendo por encima del roquedo mencionado hasta salir a…

… otra collada más arriba, junto a la cota 1.735. Desde allí, bajé por la vaguada del otro lado al Arroyo de la Cruz, que…

… vadeé para, a continuación, …

… ascender por otra vaguada, simétrica a la anterior.

Aquí, la nieve ya estorbaba mucho el paso y, con tanto matojo, ponerse las raquetas era peor que no llevarlas. Cuando se aclaró, había…

… huellas, pero de animales y viejas, nada aprovechables. Esta subida me dejó en otra collada, desde la cual, mirando atrás…

… podía ver al fondo la Sierra de la peña de Francia. Estaba ya bastante por encima de los 1.800 m y, por delante, tenía…

… el Arroyo del Belesar. Un breve descenso me llevó al fondo del barranco, muy ancho en esta parte, que…

… atravesé siguiendo las huellas de unos caballos por donde caminaba algo mejor, pero la progresión seguía siendo penosa.

Al irse estrechando el barranco, las condiciones de la nieve aún empeoraron y decidí probar a ir a media ladera. Tras una breve prueba por la vertiente meridional (derecha), apenas un toque, giré a la izquierda (N) y gané altura.

Al ser solana, aunque la calidad del manto era igual o peor, al menos tenía menos espesor. Además, apenas ganados veinte metros sobre el cauce, encontré…

… una sutil discontinuidad en la pendiente, que puede ser el trazo de la senda que va por aquí. Siguiéndolo a la derecha (NE), fui remontando el barranco, mientras dejaba el torrente gradualmente abajo.

Luego, al llegar a un cóncavo, giré más a la izquierda (N), encarando la pendiente. Pronto, pude ver a mi espalda la cresta de Gredos asomando sobre el lomo de enfrente. Para entonces había acumulado casi una hora de retraso, pero, por lo menos, el panorama era bonito.

Como se ve, incluso ladera arriba la pendiente seguía siendo suave y pronto tuve a la vista la cuerda. Concretamente, el collado de cota 2.143, que separa la Serrota de una prominencia anónima (2.151), coronada por un cancho. Giré entonces hacia la izquierda (NO), para…

… ascender en diagonal dejando a la derecha el cancho, mientras al otro lado…

… Gredos continuaba atrayendo la mirada.

Pasado un poco evidente lomo, aparecieron los cantos que marcan la cima de la peña del Belesar mientras que, al otro lado, …

… junto al roquedo que había evitado, ahora prácticamente a mi altura, podía ver asomar la cumbre de la Serrota. Incluso, aunque en la foto no se aprecia, llegaba distinguir la torrecilla que la corona.

Alcancé la cuerda, a pocos metros de la cima.

Al llegar a la Peña del Belesar, descubrí el Valle de Amblés, sus colores apagados contrastando con el blanco deslumbrante de la nieve. Aunque sólo se veía un retazo, pues el lomo del cordal es anchísimo aquí. Curiosa también la fina línea de nubes sobre la Sierra de Ávila. Girando a la derecha, podía ver…

… la cuerda que va a la cumbre de La Serrota. Parece cerca y lo está, pero, a estas alturas, ya no me sobraba apenas tiempo de luz. Una pena. Pero las vistas consolaban, pues, continuando con el giro, …

… al sur, Gredos llenaba el horizonte y el aire estaba tan transparente que…

… eran perfectamente reconocibles los perfiles de todas sus más altas crestas, las que dominan los grandes circos. Siguiendo a la derecha, llegaba a…

… verse la Sierra de Candelario asomando sobre la de Villafranca que dominaban el valle del Corneja, que se ensancha para desembocar en el Tormes. Y, en el horizonte último, las montañas hurdanas. En fin; para acabar la vuelta, …

… el amplio y suave lomo al noroeste, con sólo la Peña Pajarita rompiendo la monotonía al fondo. Por ahí inicié el retorno, caminando por una costra de nieve dura sobre no sé qué espesor de nieve blanda. Fue el peor tramo, hundiéndome de golpe a cada paso hasta por encima de la rodilla. Para hacerse idea, tardé casi una hora en cubrir el kilómetro que separa ambas peñas, consumiendo de paso el poco remanente de tiempo de luz que me quedaba. Al menos, fue un lujo visual, a la izquierda con…

… Gredos y, volviéndome al lado contrario, con…

… el Valle de Amblés, con mejor perspectiva al irme alejando de…

… la Serrota y la Peña del Belesar para…

… acercarme a la Pajarita. Aquí, me desvié a la izquierda de la cuerda para rodear…

… el gran cancho por ese lado.

Luego, volví a cruzar la cuerda por un pasillo entre riscos hacia el flanco oriental de la arista, que se empina aquí, pero…

… sin llegar a los 20º. Al perder altitud, mejoró algo la nieve, pues, aunque blanda, perdió la costra.

Incluso ganó algo de consistencia, no hundiéndome más allá de los tobillos, al acercarme al collado (1.919) de la Cañada del Valle. Al otro lado del mismo, fui distinguiendo el trazo de un camino que rodea la siguiente cima, el Cerro de Valdehierro. Así, tras cruzar la horcada, que…

… ofrecía una bonita perspectiva de la cresta del Circo de Gredos, busqué y encontré…

… el extremo del camino que veía antes. La nieve seguía blanda y no había huella, pero tenía menos espesor en la traza. Mirando atrás, una bonita imagen de las peñas del Valle y Pajarita, antes de…

… sobrepasar el lomo del Cerro Pelado y…

… entrar en el amplísimo cordal, prácticamente… 

… un altiplano, de Navamojada, mientras el cielo se iba coloreando al oeste. Delante, el lomo se elevaba en un cono oscuro; es el Cerro de Levante, a cuyos pies iba a pasar, al cabo de un buen trecho de cresteo.

Afortunadamente, cada vez más cómodo. Primero, mi camino convergió con otro carril más amplio, en el que el paso de vehículos había apelmazado la nieve.

Tras Navamojada, vinieron pequeños subibajas, al pasar Prado Cimero y el Cerro de la Hormiguilla.

Mirando atrás, veía la Peña Pajarita al fondo, sobre el ondulado paisaje.

Pasando Prado Cimero, me encontré con una pista aún más consistente, que tomé a la izquierda (SO). Aquí ya sí que apenas me hundía y pude acelerar el paso. Al ir ahora por el flanco oriental del cordal, podía ver a mi izquierda…

… esta bonita perspectiva del lomo nevado de la sierra, con peña Pajarita en lo alto.

Luego, la pista giró sobre Hoyo Ciruelo y…

… el valle del Corneja, adquiriendo…

… dirección norte. Poco después, ante Cerro Quemado, tomé un desvío a la izquierda (SO), que…

… me llevó hacia el collado de Las Tres Cruces. A mi derecha, podía ver…

… el valle del Tormes, cuyos colores se iban matizando con la luz declinante.

Tras dejar de lado un desvío a la derecha, llegué al collado de…

… Las Tres Cruces, donde convergen varias pistas. Tomé la de la izquierda (S), que me llevó a…

… descender hacia el curso alto del Río Corneja, por donde había iniciado la excursión. No es bueno llegar anocheciendo al final, pero, compensación, la luz declinante embellecía el paisaje …

… con sus tonos dorados y aún brillantes contrastando con las sombras que invadían los valles.

Ya muy cerca del pueblo, dejé la pista principal, que sigue hacia Navacepedilla, por un desvío a la izquierda (SE), que me llevó en pocos minutos, mientras…

… la luna brillaba sobre el último rubor del día sobre la nieve, hasta…

… Garganta de los Hornos, cuyas casas comencé a entrever entre los árboles bajo la mole de Los Guijuelos.

Comentarios

  1. Aupa Luiso!

    Esto es lo que se llama recorrido montañero de sol a sol. ¡Qué sensación de frio da la primera foto! 20 km. de los cuales gran parte tuviste que abrir huella en esa nieve que describes, al final lentifican el paso, cansan y prolongan el horario, eso es lo que tienen estos días tan cortos invernales. Pero a cambio seguro que disfrutaste de lo lindo con los panoramas a 360º de esa manta blanca de las planicies cimeras. Esta montaña, ya lo dice, es para quedarse em belesa do. No he podido evitarlo, je, je.

    Un abrazo

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    1. Gracias por el comentario, Alfredo. Si; fue uno de esos días de emociones mezcladas. Por un lado, la decepción de no llegar a la cima planeada y la tortura de ver que, pese al esfuerzo, apenas avanzas. Por otro, el disfrute de la belleza de la montaña invernal en pleno esplendor y plena soledad. Al final, fue una buena manera de despedir el año.

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