Croquis
de la ruta sobre ©GOOGLE EARTH
COMENTARIOS: Magnífica ascensión a una gran cumbre cantábrica, situada en uno
de los rincones más bonitos del occidente de la cordillera. La dificultad es bastante
asequible y alguna parte, como el flanqueo del pico Asta se puede evitar
rodeando por debajo. También se facilita aún más la cosa volviendo por el
itinerario de ida.
Recorté ligeramente la ruta respecto a mi intención inicial, que
era repetir la anterior visita a este pico, hace más de 20 años. Entonces,
continué por la cresta norte del Cornón hasta la Peña Bermeja, para luego
dejarme caer al Río Trabanco, alcanzándolo por debajo del resalte del Fontanón.
Mejor bajada, más cómoda y fácil, que la que hice esta vez. Pero, en aquella
ocasión, me pude quitar los crampones a poco de dejar atrás la cima para no
volver a ponérmelos.
Esta vez, en cambio, la nieve helada cubría a trechos la cuerda,
de manera que, entre la cima y el lugar en que dejé la arista ya había tenido
que quitármelos y ponérmelos (además, en mal sitio) y lo que veía era que iba a
perder mucho tiempo manipulando los pinchos y, si me los dejaba en los tramos
secos, éstos eran lo suficientemente largos como para cargarme las puntas. Así
que, cuando vi buen descenso, corté por lo sano. Luego, en el resalte del
Fontanón, desconozco si hay mejor bajada, pero yo, desde luego, no la vi. Esos
60 metros de descenso en hielo a 45º no parecen gran cosa contado así, pero noté
en mis piernas el esfuerzo previo al meter puntas.
También hubo momentos incómodos en el flanqueo de la Penouta
cuando, ya sin crampones, tuve que cruzar algún nevero endurecido. Menos mal
que había huella, porque, si no, hubiera perdido más tiempo. Pero, con tanta queja como llevo, mereció la pena. Y eso que conocía el sitio.
RELATO GRÁFICO:
Dejé
Santa María del Puerto por un camino que sale al noroeste, remontando el Río
del Puerto, viendo la Penouta al fondo.
La vía,
marcada como PR, pronto se cubrió de nieve endurecida, en contraste con los
campos verdes. Al llegar a una bifurcación, siguiendo las señales, giré a la
izquierda (SO) para bajar a cruzar el río y, ya al otro lado, retomar…
… la remontada del valle, ahora por la vertiente sur y por un camino más deteriorado. Al llegar a la boca del Arroyo Prefustes, la senda giró para meterse en su barranco y…
… cruzarlo cerca de su cabecera, remontando el lomo siguiente.
A estas alturas, mirando atrás, podía ver el pueblo rodeado de prados bajo las crestas más cercanas de la Babia, entre las que destacaban Picos Blancos, Orniz, los Años, Salguerira y la Crespa.
Luego, la nieve se hizo tan espesa que ocultaba todo rastro de senda. Pero había huellas y, además el terreno obligaba, pues, ahora, comenzaba una prolongada travesía a través de la ladera del pico Prefustes, donde una terraza permitía un paso cómodo. Pasadas un par de colladas, al entrar…
… en la vertiente de Cerezalinas, vislumbré por vez primera el Cornón. A la izquierda del mismo, se veía también el Boquete Almozarra hacia el que me encaminaba.
Acabé de
rodear el Alto Prefustes antes de…
…
ascender por una canal de pendiente moderada, pero la más fuerte hasta
entonces, bajo un…
… hermoso
ejemplo de cornisa. Por si las moscas, subí por la vertiente opuesta del tubo.
Es gratis y evitas sustos.
Alcancé
así el Boquete Almozarra, desde el cual, volviéndome, podía ver una perspectiva
más amplia que la de antes de la parte de Babia, a la que se habían añadido la
Chana y los Picos Albos.
Por
delante, un extenso y ondulado altiplano blanco me separaba del Cornón. Con
huellas o sin ellas; con o sin señales, venía a dar lo mismo ir por un sitio u
otro. Así que me dejé llevar por el terreno y la visión de la cumbre. Pronto,
asomó a mi izquierda…
… la
cresta que, desde el Cornón, va por el Pico de la Regada al maravilloso
Muxavén.
Aunque el
altiplano parecía al principio bastante llano, el paso por el mismo fui un continuo
subir y bajar, aunque todas las cuestas fueron breves y relativamente suaves.
Sólo ocasionalmente llegaban a 30º.
Así, inopinadamente,
iba ganando altura. A mitad, una mirada atrás y otra…
… a la
izquierda, donde apreció la Sierra de Villabandín; al lado contrario, así…
… se
veían el Mocoso y la Penouta.
Y el
Cornón, cada vez más cerca. Al pasar el enésimo alto, cerca ya de la Laguna del
Barroso, al mirar a mi izquierda, …
…
distinguí sobre la arista sur del Cornón dos puntitos; dos montañeros, con los
que acabarían con…
…
converger al pie del Pico Asta. El primer cancho de la cresta (1.968), la rodeé
por el norte (derecha), por…
…
pendientes heladas que, próximas a los 45º de inclinación lateral, obligaban a
poner cuidado.
Luego, la
pendiente disminuye bastante rodeando…
… la
segunda parte de la cresta del Asta y resultó cómodo llegar al…
… último
collado previo a la cumbre, desde donde volví a ver, a mi izquierda, el
Muxavén.
Mirando
atrás, podía ver buena parte del terreno recorrido desde el Boquete Almozarra,
mientras que…
… a la
derecha, asomaba el alto curso del Río Trabanco, por donde volvería.
De
momento, por delante tenía la cumbre, en lo alto de unos cien metros de lomo
helado, amplio y regular.
Pronto,
la pendiente se hizo intensa y superó los 45º, manteniéndose …
… así
durante el tercio central de esta subida.
Finalmente,
el terreno se tendió a punto de alcanzar el…
… hito
cimero del Cornón. Entonces, apareció al otro lado el final de la cordillera en
el Cueto de Arbas y, más allá, las crestas de los Ancares. Girando a la
izquierda, …
… la
Sierra de Gistreo más allá del valle de Sosas, que corría bajo el Muxavén.
Incluso se distinguía parte de los Montes de León: los Aquilianos y la Sierra
Segundera. Continuando con la vuelta, …
… la
Sierra de Villabandín y las crestas septentrionales de la Babia, donde ahora
destacaba…
… el
grupo de las Ubiñas, que se elevaban por detrás de la Peña Orniz.
Ya al noroeste,
el valle del Río Trabanco aparecía enmarcado por el Canseco y la Penouta.
Destacaba también, al fondo, la cresta de Aramo.
Y, para
cerrar la vuelta, un impresionante Cogollo de Cebolleo eclipsaba la vista del
vecino Cornín sobre la cabecera del Pigüeña.
Para
regresar al puerto, comencé descendiendo por la cresta que el Cornón proyecta
al norte, hacia la peña Bermeja, tal como había hecho años atrás. La arista, de
nieve dura, no era demasiado estrecha, pero…
… sí
relativamente empinada. En varios sitios se superaban los 30º y había que ir
con tiento.
Sobre
todo, a la vista del abismo a mi izquierda.
Luego, y
esto ya no fue como antes, me encontré un tramo prolongado sin nieve, mezcla de
pasto y roca. Sin presentar gran dificultad, me tuve que ayudar de las manos y
prefería quitarme los crampones. Abajo, en el collado, la…
…
continuación de la cresta era una sucesión de tramos con y sin nieve; ésta, lo
bastante dura como para exigir crampones. Ante la perspectiva de perder tiempo
quitándome y poniéndome los pinchos o embotar las puntas y viendo, a mi derecha
(E), un…
…
descenso bastante cómodo, me decidí por esto y me dejé caer por…
… la
pendiente helada, que no pasó de moderada (20 a 30º), bajo la mole del Cornón,
impresionante desde aquí.
Una vez
abajo, continué por el altiplano ondulado, comodísimo y suave, hacia la boca
del Río Trabanco, que veía bajo la Penouta. No me metí directamente en el tajo,
sino que, viendo antes …
… una
terraza que perdía altitud suavemente a mi izquierda (N), preferí bajar por
ella, pues…
… esta
parte del nacimiento del río es estrecha y abrupta.
Tras
pasar junto a un rellano a los pies de la cota anónima 2.058, llegué…
… ante el
nacimiento de un barranco o torrentera que baja hacia la parte ancha y plana
del valle. Tampoco me metí en el tubo, sino que giré antes a la derecha (NE)
para descender por su margen derecha, que…
… me
pareció lo menos empinado. Aun así, tuve que volver a enfrentar una pendiente
de más de 45º y esta vez en bajada.
Al llegar
cerca del cauce, en vez de seguir unas huellas que lo cruzaban e iban por la
vertiente derecha, preferí seguir en la misma, girando a la izquierda (N) para
acabar el descenso por una terraza más tendida. En esta foto, a mitad de dicha
terraza, se pueden ver las huellas del descenso. No parece haber alternativas
mejores, al menos sin dar mucho rodeo.
Así, llegué
junto al cauce donde el valle ya es ancho y plano. Pese a que la nieve
presentaba por aquí ya grandes clavas, no vi rastro de senda. Pero da igual en
un terreno tan cómodo. Fui siguiendo el riachuelo, bajo…
… la Peña
Blanca a mi derecha. Y hacia ese lado…
… vadeé
el torrente cuando di con un buen sitio. Para entonces, así se veía el Cornón
sobre este valle de Trabanco.
Así
llegué a este rellano empradizado de Vegas Abaxu, donde el valle gira al este y
se vislumbran las paredes de la Penouta. Lo crucé, saliendo por la collada que
se ve al fondo a la izquierda, bajo la cota 1.635. Allí, arrancaba un camino
que…
…
enseguida se perdió bajo los neveros que persistían en la vertiente norte.
Volvían las pendientes laterales, pero la nieve ya no estaba tan dura y,
además, había huella que seguir. Mirando atrás, una bonita perspectiva del
Canseco antes de…
… pasar
una segunda collada, La Baba y entrar en esta terraza. Aquí, la senda se
bifurca; el trazo más claro y visible va por el lomo a la izquierda de la faja,
donde se ven los montañeros. Pero yo debía seguir, y así lo hice, por el que iba
por la ladera de la derecha, bajo…
… la
pared de la Penouta, …
… ganando
altura suavemente.
A mi izquierda,
el Río Trabanco, limitado al otro lado por el Mocoso, quedaba cada vez más
abajo.
Así, me
fui acercando al Collado de la Paradina. Desde allí, una…
… última
mirada a esta vertiente antes de pasar a…
… la del
Río del Puerto. Allí se esfumó la traza, o la perdí. En todo caso, se trataba
simplemente de caminar sobre la hierba siguiendo la vaguada.
Atrás, no
podía dejar de mirar a la Penouta.
A la
vista de una balsa de agua, que recordaba haber dejado a la derecha esa mañana,
encontré…
… el cabo
de un ancho camino que, sin más que seguirlo al suroeste, me llevó al primer cruce
de la jornada, cerrando el itinerario, y hasta Santa María del puerto luego.
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