Croquis
de la ruta sobre ©GOOGLE EARTH
COMENTARIOS: Bonita
excursión para un día de finales de primavera o principios de verano.
Alternativa más directa a la subida típica por el Coth de Vacanera, que incluye,
como único punto de dificultad, la problemática bajada por la arista oriental
del Malh de Cigalèra. Si hubiera sabido cómo era ese pasaje cuando planeé esta
ruta, la habría hecho en sentido contrario. De todas formas, se puede evitar
por el norte, dejando la cuerda cuando se empina para rodearla por la vertiente
de Es Lavadors, que es lo que normalmente se hace. Pues el atractivo que
justifica la variante sobre el recorrido habitual está en el lomo por donde
subí desde Saplan, que ofrece un panorama muy abierto y aéreo, sin aumentar la
penalidad ni el riesgo.
RELATO GRÁFICO:
Eran las
ocho de la mañana cuando, tras haber aparcado en Bausen, localicé el Carrer
Major, por donde el sendero balizado GR 211.2 sale del pueblo hacia el oeste.
Dejadas atrás las últimas casas, comencé a ganar altura suavemente por un buen
camino que se abre paso entre dos muros de vegetación. Al poco, llegué a una
bifurcación, donde las marcas de pintura siguen hacia la derecha. Yo continué
recto, guiado por un cartel que indicaba al Coth de Vacanera.
Enseguida
salí de entre los árboles viendo, al fondo sobre el bosque, la Escala de
Saplan, rampa de hierba que salva la barra rocosa que defiende los prados
superiores.
Podía ver
cómo Bausen iba quedando atrás, hasta que lo perdí de vista al llegar...
… al Arriu
Esteish, que baja del Cap de Canaus y marca el límite oriental del hayedo de
Saplan. Tras cruzar el torrente, entré…
… bajo
los árboles y encontré enseguida una bifurcación donde unos hitos marcaban
seguir por la derecha (NO) y así lo hice. La senda gana al principio altura en
lazadas y luego sube en suave diagonal al noroeste bajo las hayas, que
filtraban la luz matutina, tiñendo de verde el interior del bosque.
Salí del
hayedo junto a un resalte de roca y continué subiendo en diagonal al pie del
mismo, hacia la Escala de Saplan, pasillo herboso que atraviesa el escalón.
Se trata
de una suave rampa desde cuya parte alta se ve el lomo de la sierra sobre el
escalón que acababa de salvar.
Había
llegado a un amplio prado donde se asientan un par de cabañas y la senda
desaparece bajo la hierba alta y espesa. Pero tampoco es necesaria para cruzar
estas onduladas laderas. Al fondo distinguía el Coth de Vacanera, por donde
suele ganarse el cordal camino del Tuc deth Plan der Home. Pero mi subida iba a
ser más directa. Dejé aquí la senda por la derecha (N) para…
…
remontar una ancha loma ascendía suavemente hasta ganar el cordal junto a la
cumbre.
Por ella,
fui ganando altura cómodamente. No hay senda ni hitos, pero tampoco se echan de
menos en un terreno tan cómodo.
En un
rellano, la loma gira y la perspectiva de los picos que culminan la Sierra de
Vacanera se hace más impresionante.
Tras otro
tramo de pendiente más intensa, pude ver todo lo que llevaba subido desde que
salí de la escala de Saplan. En el horizonte, por encima del verde y suave
paisaje aranés, aparecieron los Besiberris y el macizo de la Maladeta, con sus
nieves brillando al sol. Un recreo para los ojos que, por sí sólo, ya
justificaría esta ascensión.
Tras un
segundo y breve rellano, la roca empezó aparecer entre la hierba, pero sin
presentar obstáculos reseñables hasta alcanzar un hombro más marcado, que desde
abajo aparecía como un pico.
A partir
de ahí, el lomo se transforma en una arista rocosa que, si no presenta
dificultad, pues la recorrí caminando, sí que proporciona algo de emoción,
sobre al mirar hacia abajo y ver los tejados de pizarra de Bausen brillar,
dando idea del desnivel superado.
A mi
izquierda veía, más allá del anchísimo lomo de la Sierra de Vacanera, otros
grandes macizos que se iban sumando al de la Maladeta: Perdiguero, Bachimala y
Néouvielle, que yo pudiera identificar.
Tras la
zona rocosa, me encontré otro hombro y, a partir de ahí, una suave pendiente
herbosa se extendía hasta la divisoria, por donde iba llegando la multitud que
subía por la ruta normal.
Una vez
allí, giré a la derecha (NE) y comencé a recorrer, por terreno aún más
asequible, los…
… últimos
metros que me quedaban hasta la cumbre.
Llegué al
Tuc deth Plan der Home hacia las once y cuarto de la mañana. El día estaba
excepcionalmente claro y empezaba a hacer calor. Pero ni la temperatura ni el
enjambre de moscas que plagaba la cima me impidieron disfrutar de una las
vistas más impresionantes que he contemplado del tramo central de la
cordillera. Si algo destaca sobre el resto, es el Macizo de la Maladeta, con…
… sus
crestas rodeadas de glaciares.
Al sur,
veía a mis pies la loma que me había llevado desde los prados a la salida de la
escala de Saplan hasta la cumbre. El contraste entre las más altas crestas del
Pirineo y la verde suavidad de Arán era fascinante.
Pero como
no estaba precisamente solo en la cumbre y no me gustan las multitudes, no me
prolongué mucho allí.
Mirando
hacia Bausen, que podía ver bastante abajo, se me ocurrió una ruta de regreso
que no era exactamente la prevista, aunque quedaba bastante cercana: bajar por
la loma que cae a la izquierda del pueblo y, una vez a su altura, dirigirme
hacia él ladera abajo. Consultando el mapa, vi además que en ese último tramo
podría seguir el GR 211.2, que había visto salir del pueblo al inicio de la
ruta.
Tomada
pues la decisión, abandoné la cima hacia las doce menos cuarto, siguiendo la
senda que va por el cordal hacia el noreste, con la idea de abandonarla al
pasar junto a la balsa que hay entre el Tuc d’Angost y el Cap de Canaus, para
dirigirme hacia el borde oriental del lomo de la sierra.
Junto a
la citada balsa, me despedí de la cumbre y me encontré con un trazo de paso que
llevaba la dirección que quería tomar, saliendo de la senda principal por la
derecha (E).
En
minutos, me encontré asomado al encharcado Plan d’Angost con el telón de fondo
de los picos de Gar, l’Escalette y l’Etang. Y más allá aún aparecía la silueta
de otra sierra que ya no llegaba a identificar. ¡Qué de montañas encantadoras
atesora este Pirineo modesto, que la mayoría nunca llegamos a visitar! Pero
debía bajar.
Estaba
sobre el Malh de Cigalèra y tomé un senderuelo que me llevó al este, apuntando
al Tuc de Maubermé. Parecía por entonces que el recorrido va a ser bastante
cómodo.
Pero la
senda se fue haciendo difusa al tiempo que aumentaba la pendiente del espolón. A
mi izquierda…
… impresionaba
la tremenda pared curiosamente cóncava que sostiene el Tuc d’Angost,
insospechada en este entorno, y…
… el
abismo que se abría debajo.
En esas
estaba cuando la senda se esfumó a mis pies y el mundo se desplomó ante mí. Lo
que había sido loma caía en una aguda arista mixta de hierba y roca, cuyo
destrepe vi poco claro. Pasé entonces al flanco derecho del espolón, buscando
mejor bajada y me encontré una ladera herbosa muy empinada, que salva unos 200
metros de desnivel. Cortada por repisitas formando pequeños escalones, el
descenso no planteó más problema que ir con cuidado y asegurando el paso; si
bien no hay dificultad como tal, lo haría equivalente a un grado I bastante
expuesto. Y desde luego, desaconsejable tras la lluvia; esta ladera mojada debe
ser muy peligrosa.
Vista la
arista desde abajo, quizás sí que hubiera podido destrepar sin excesivo gasto,
no parece que pase de II grado, y desde luego es terreno más seguro. Pero
bueno, ahora no me iba a volver.
Al llegar
al pie del espolón, me encontré en lo alto de la loma de Plansorda, más ancha y
suave, por lo alto de la cual continué el descenso. Durante esta parte de la
bajada, tan apacible, me pude ir…
…
regalándome los ojos con el contraste de las verdes colinas cercanas y las
fieras cumbres ribagorzanas.
Al cabo
de un trecho, empecé a llevar a mi izquierda la linde del hayedo de Carlac, que
llega aquí…
… justo
al lomo del espolón. Huyendo del calor, …
… me metí
bajo los árboles, pasando a contemplar la hermosa panorámica de antes desde la
fresca sombra de las hayas.
La cumbre
de la sierra y sus satélites, defendidos por la única roca entre tanto verde,
quedaban atrás cuando salí del arbolado.
Ante mí,
una amplia ladera poblada de helechos bajaba hasta un ancho collado atravesado
por un camino: el Colhet de Pan. Al llegar a la horcada, tomé el carril a la
derecha (S).
Se trata
del GR 211.2, que había seguido al inicio de la ruta y que me fue llevando
ladera abajo por la vertiente de Bausen.
Podía
ahora repasar con la vista la subida: el bosque y la escala de Saplan, más la
loma por donde me encaramé a la cresta de la sierra, que mostraba desde aquí su
perfil. La senda muere en una pista que, siguiendo ya las marcas de pintura de
los GR, tomé a la derecha (SE).
Poco
después llegué al cruce donde esa mañana había dejado esta senda. Girando a la
izquierda (E), continué la bajada, llegando enseguida a Bausen, donde entré
poco después de las dos de la tarde.
Comentarios
Publicar un comentario