Croquis
de la ruta sobre ©GOOGLE EARTH
COMENTARIOS: Relajada
caminata, poco más que un paseo, para ascender a una atalaya magnífica a través
de atractivos parajes. La única advertencia que cabe hacer es no atender las
indicaciones de los navegadores si mandan por otro sitio que no sea La Junquera;
no merece la pena ahorrarse un par de kilómetros a cambio de circular por peor
camino.
RELATO GRÁFICO:
Aunque el
Puig Neulós se puede alcanzar casi por carretera desde Le Pertus, por aquello
del respeto a las montañas, íbamos a subir desde Requesens, a través de la
cabecera de la Ribera d’Anyet, cuyas dos vertientes recorreríamos. Por
cuestiones que no vienen al caso, ya eran más de las diez de la mañana cuando
llegamos al desvío con puente que, junto a la vieja central de Les Pipes, lleva
al Castillo de Requesens. Nosotros proseguimos hacia el pueblo.
Tras
dejar atrás un par de desvíos de peor condición, al salir de una zona de
lazadas tomamos a la derecha (N) una pista tan ancha y marcada como la que
traíamos. Por ella fuimos subiendo a través de un hermoso hayedo casi deshojado
pero que aún mostraba color en las solanas.
Durante
el llevadero ascenso, pasamos junto a la Fuente d’Arcaires, aunque más
atractivos resultaban los varios barrancos cargados de agua que cruzamos.
Según
ganábamos altitud, fueron aclarándose los árboles, surgiendo incluso algún
cancho a la vera del camino que daba variedad a la ruta. A través de los huecos
en la arboleda, comenzamos a ver el Mediterráneo, donde se hundían...
... las
crestas más orientales del Pirineo. Más a la derecha,...
... se
distinguían, al otro lado del gran llano ampurdanés, el Montseny y otras
sierras costeras.
Al salir
del bosque, cerca ya del cordal, vimos asomar la antena de la cumbre por encima
del lomo de la sierra. Así que, ahorrándonos la última lazada antes del Coll
del Pou, nos encaramamos directamente al cordal, atajando a través del pasto.
Por
encima del pinar que, del lado francés, alcanzaba la divisoria, comenzamos
entonces a ver el Canigó cargado de nieve.
Ahora sí
que se veía bien todo el Ampurdán, más allá del barranco boscoso que acabábamos
de remontar.
Giramos a
la derecha (NE) para dirigirnos a cumbre pero, en vez de ir por la cuerda, seguimos
una senda bien marcada que atraviesa el flanco meridional, la cual nos condujo...
... en
minutos al pozo de nieve que da nombre al puerto. El pequeño edificio es
curioso y está bien conservado.
De allí,
subimos directamente pendiente arriba hasta reganar la cuerda, desde la que
teníamos ahora una más amplia visión de la Montaña de Salinas y el Canigó,
entre otras crestas. Ya aquí comencé a fijarme en un pico destacado cuya
silueta piramidal sería una constante durante buena parte de lo que quedaba de
ruta: el Puigsacalm.
Acabamos
pues de remontar el herboso cordal, ancho y suave, caminando muy cómodamente
pese a no haber senda, hasta el Puig Neulós. Era mediodía cuando ganamos esta
urbanizada cumbre y, aunque hacía sol y la claridad del día...
... nos
deparaba unas vistas amplísimas, el viento reinante hacía desapacible la
estancia. Pero no nos marchamos sin contemplar lo que nos rodeaba: al sur, se
mezclaban una multitud de crestas de la Cordillera Costera Catalana y el
extremo oriental del Prepirineo, que crecían a la derecha, por...
... los
picos del Ripollés, hasta el poderoso Canigó.
Al este,
en contraste con la quebrada Costa Brava al otro lado, la del Golfo del león se
extiende como una curva perfecta, sin el menor ángulo, hasta perderse de vista.
Poco
después de las doce y cuarto, ya estábamos bajando al sureste por el cordal
que, aunque se empina un poco,...
... sigue
sin presentar la menor incomodidad.
Tras un
primer collado donde los árboles llegan al cordal, encontramos una senda que
nos facilitó aún más el avance.
Después
de una segunda horcada, una subida casi imperceptible nos llevó a la muy
modesta prominencia conocida como Talaiador, desde la cual se ve así la cima
del Neulós.
Bajando
al sureste, llegamos al Coll del Faig, donde dejamos la cuerda por una senda
que baja a la derecha y atrás (O). Al principio es estrecha y empinada,
mientras se abre paso por una banda de zarzas.
Luego,
alcanzado el bosque, se ensancha hasta transformarse en pista, al tiempo que la
pendiente se suaviza al bajar en lazadas. En las zonas más expuestas al
noroeste, donde los árboles habían perdido del todo el follaje, volvíamos a ver
la cumbre, aparte de...
...
hundirnos hasta las rodillas donde el viento había acumulado las hojas secas.
Otra
vista del Puig Neulós durante esta bajada por la cuenca de la Ribera d’Anyet.
Fuimos
viendo más cerca el castillo surgiendo del verde. Y, a la derecha, más allá de
Requesens, contemplábamos las crestas que rodean la Garrotxa, destacando airoso
una vez más el Puigsacalm.
Llegamos
así, sin sobresaltos, al Coll del Castell, que separa el cerro sobre el que se
asienta la fortaleza del resto de la sierra. Se encuentran allí varios caminos
y la continuación puede ser algo confusa. Nosotros abandonamos el lugar por la
senda que sale al sur, junto a un muro de piedras y marcada con pintura
amarilla.
La misma
nos fue llevando a rodear por la izquierda el cerro del castillo. Poco después,
vimos delante Requesens y llegamos al puente y a Les Pipes, donde habíamos
dejado el coche, que alcanzamos hacia las dos de la tarde.
Comentarios
Publicar un comentario