Croquis
de la ruta sobre ©GOOGLE EARTH
COMENTARIOS: Cuando llegas
al refugio de Arrémoulit, el Pallás impresiona; su cumbre aparece sostenida por
una alta cara de roca entre dos aristas que se curvan como para abrazarla. Si
bien no es vertical, parece que un acceso directo a la cumbre por ahí debe ser
difícil, pero no es así. Una larga canal que baja desde la cima permite
desarrollar una hermosa ascensión directa, con dificultades bajas pero
sostenidas durante casi toda su longitud. La mayor dificultad estaría en
alcanzar la base del corredor, situada sobre un zócalo liso y vertical, pero
este puede evitarse mediante un rodeo fácil.
Tomé la ruta de la Guía
Ollivier, que la califica de PD+; honradamente, creo que el superior sobra, al
compararla con otras vías. Aunque la longitud de la trepada a la cima, casi 300
m de desnivel desde que se gana el centro de la cara SO, la reserva a
montañeros con experiencia en, al menos, “pequeña escalada”. Sin embargo, en
todo ese espacio, los pasos de II no llegan a ser ni muy largos ni muy
expuestos y la roca es fiable. Su combinación con la Arête des Géodésiens
permite además visitar otra de las impresionantes caras de este pico. En
resumen, una ruta que resultó más fácil de lo que aparentaba, sin dejar de ser
impresionante y en un marco precioso. Me extraña que no sea más frecuentada y
haya desaparecido de las guías actuales.
Sobre cuestiones
prácticas, la longitud de la ruta permitiría realizarla en un día largo pero
creo preferible dividirla en dos jornadas, haciendo noche en l’Arrémoulit,
refugio pequeño y espartano pero bien puesto y en el que encontré una pareja de
guardas, en 2012, muy majos y que lo llevaban bien. Además, así se puede gastar
más tiempo parado en la cumbre o durante la aproximación, que tampoco es moco
de pavo; la zona en su conjunto es preciosa, de lo más bonito del Pirineo, y
sería una lástima tener que caminar por ella con prisas.
RELATO GRÁFICO:
Domingo
con el cielo absolutamente despejado. Dos de la tarde. Mucho calor. Arranqué a
caminar en el Caillou de Soques por un sendero balizado que se dirige al NO desde
el peñasco que da nombre al lugar y que va a introducirse en el Arroyo de
Arrious. Es parte de la Alta Ruta y, como tal, está perfectamente señalizado y
acondicionado, además de muy transitado; en todo el recorrido hasta el Col
d’Arrious, no paré de cruzarme grupos que regresaban de sus excursiones.
Enseguida
entré en un hayedo, cuya sombra me confortó mientras ganaba altura suave pero
continuamente e iba girando con la ladera hasta adquirir dirección casi oeste
al acercarme al torrente. Poco tiempo llevaba escuchando el agua cuando salí de
los árboles; un puente me permitió cruzar en seco a la orilla derecha, donde...
... me
encontré de nuevo al sol. Al volverme un momento, vi el Midi d’Ossau sobresaliendo
sobre los árboles.
Continué
barranco arriba, caminando ahora por la ribera herbosa del riachuelo. Durante
el trayecto, vi las ruinas arrasadas de la cabaña de Arrious y pasé por el
abrigo homónimo, junto al que hay un refugio de nueva construcción, que estaba
cerrado a cal canto.
Cerca de
ese lugar, encontré una gran roca, de la que me llamó la atención la peculiar
disposición de sus estratos en haces curvados convergentes por sus vértices. ¿A
qué habrá estado sometido para provocar tal figura? Precisamente junto a él,
vino la primera pendiente realmente intensa del día, cuando la senda giró a la
derecha y se separó del cauce.
Al
retomar la dirección del eje del valle, apareció la luna al otro lado, junto a
la cresta rocosa de la Punta del Collado. Eran las tres y media de la tarde, me
acercaba a la cota 2.000 y el calor seguía siendo tremendo.
Tras
pasar un alto que aparentemente corona el barranco, llegué a un rellano
pedregoso, donde el camino se aproxima y cruza el cauce antes de superar otra
cabecera. Allí encontré el primer nevero de la jornada. A mi derecha,...
... el
agua que bajaba de la cresta fronteriza se despeñaba en pequeñas cascadas.
El
segundo resalte del barranco me dio acceso al Col d’Arrious. Allí, entre el
Lurien y...
... el
Pequeño Arriel, comencé a ver parte del complejo mundo de crestas que se
extiende al norte del Pallás. La Alta Ruta baja por la vertiente opuesta, hacia
el gran Lago de Artouste pero yo giré a la derecha (SO) para remontar el lomo
que sube hacia el altivo Pico del Lago de Arrious. No hay senda, pero la subida
está marcada con hitos y el terreno es cómodo.
Rodeando
por la derecha una zona rocosa, entré brevemente en la cuenca que aloja el Lago
de Arrious. Cruzando su desagüe volví a ganar el cordal, que crucé para...
...
rodear el Pico del Lago de Arrious por la izquierda. Al cambiar de vertiente,
apareció el Balaitús por encima de una cresta. El camino sí está marcado en
este tramo abrupto.
También
podía ver ahora el Lago de Artouste y el trazado de la senda de la Alta Ruta.
Si hubiera bajado a él, también habría llegado al Refugio de Arrémoulit, pero
al precio de una pérdida de desnivel que luego habría de recuperar.
Esta
alternativa es más breve pero, a cambio, incluye el Passage d'Orteig, flanqueo
aéreo que puede resultar delicado si está mojado o helado. En seco y con buen
tiempo es expuesto pero carece de dificultad objetiva y, además, está equipado
con una sirga. Desde él tuve la primera vista del objetivo del día siguiente:
el Pico Pallás, que mostraba además la cara SO, a la derecha bajo la cima.
Tras este
paso, llegué a un lomo, al otro lado del cual crucé una breve cuenca pedregosa
que alojaba un minúsculo estanque semihelado. El que la cierra por el otro
lado, domina ya...
... el
Lago de Arrémoulit. Bajando por el propio lomo, llegué al pequeño dique que lo
represa y lo crucé. A las cinco y media de la tarde alcancé el Refuge
d'Arrémoulit, donde iba a pasar la noche previa a la ascensión. El refugio es
pequeño y, sus instalaciones, estaban anticuadas; pero la pareja de guardas lo atendía
bien y, no estando muy concurrido, pasé una tarde tranquila, viendo...
...
declinar el sol en el circo y, sobre todo, dorar el Pallás.
Además,
esta luz horizontal me marcaba muy bien las canales fáciles por donde superaría
la cara suroeste, por lo que me pude hacer una idea bastante buena del trazado
de la ruta.
Así,
pues, tras una noche tranquila, dejé el refugio a las siete de la mañana. El
cielo estaba despejado, pero, mientras que enfrente el sol iluminaba ya los
Arrieles,...
... la
sombra del Pallás mantenía toda su vertiente occidental en una fresca umbría.
Siguiendo hitos, me dirigí al este, a través de los canchos que cubren la
orilla septentrional del lago, bajo el pico, algo más ceñudo ahora que ayer
tarde. Al poco, al final de las grandes placas, giré a la izquierda (NE),
siguiendo...
... otra
hilada de hitos que sale y se dirige directo al Pallás, a través de un terreno
mixto de hierba y pedreras, el cual, tras un breve tramo un poco caótico, se
empinó enseguida. Tras una primera cuesta herbosa, alcancé el Lac de Palas.
Al girar
los hitos a la derecha (SE), dirigiéndose por una vaguada pedregosa al Collado
de Pallás, yo continué recto (NE), ya sin marcas de ningún tipo pero con la
omnipresente referencia de la cumbre sobre mí, dejando a la izquierda...
... el lago
y caminando sobre el lomo que lo separa de un estanque anónimo. Aquí, una
mirada atrás desde lo alto del mismo.
El
siguiente resalte lo superé por una terraza herbosa que sube a la derecha, de
la que salí a otro rellano, desde donde...
... se
dominaba el terreno recorrido desde Arremoulit, todavía en sombra, mientras el
sol iluminaba las montañas, destacando unos impresionantes Midi d’Ossau y
Lurien. Una ventaja de esta ruta para los días calurosos del verano es que,
subiendo por la mañana, el sol no te alcanza hasta la cumbre.
Girando a
la derecha (SE), afronté una pendiente pedregosa razonablemente estable que
asciende hacia la base de la arista oeste del Pallás, o Crête d’Arrémoulit. Al pasar
ante el circo delimitado por esa arista y la suroeste, giré a la izquierda (NE)
para entrar en el mismo y...
... dirigirme
a la cara de la montaña por donde me proponía subir, rodeando un espolón rocoso
que cae desde la izquierda. Pero me encontré muy duro el nevero que cubre el
fondo de la cuenca y había dejado crampones y piolet en el refugio. Así que
probé a girar a la izquierda (N) para superar el saliente de roca en busca de
la arista SO. Tras superar una decena de metros por unas placas fáciles de roca
gris (I), alcancé...
... una terraza
de cubierta de hierba primero y pedrera después, dominada por una ancha horcada
defendida por un muro de apariencia poco vertical.
En
realidad, sí que es empinado, pero la roca, muy pulida, está cortada en
escalones, formando un graderío de resaltes de entre uno y tres metros. Alguno
de ellos es un II+ pero creo que, si en vez de superarlo en vertical, se
recorren las repisas buscando pasos más fáciles, se encontrarán. Superados unos
20 m, alcancé la Crête d’Arrémoulit y...
... se me
descubrió el Lago de Artouste bajo el Lurien, de donde baja el largo valle de
Soussouéou. Por encima del mismo, se llegaba a distinguir el trazado del
ferrocarril turístico que, a esas horas, las nueve menos cuarto de la mañana,
aún no funcionaba, pero cuyos pitidos me acompañarían luego durante la bajada.
Girando a la derecha (E), comencé a...
...
recorrer la arista, que es aquí un ancho lomo que asciende, primero suavemente
y, luego, cada vez más empinado, mientras que, a mi izquierda,...
... iba
viendo de cerca la impresionante pared de la cara noroeste.
Pero es
que, si me volvía, lo que veía era esto: el Arriel con la Sierra de la Partacúa
al fondo.
La
pendiente de la arista terminó por obligarme a trepar, aunque con escasa
dificultad (I). Pero, al cabo de una decena de metros, llegué a un rellano y me encontré ante un
resalte mucho más importante, liso y vertical. Busqué entonces a mi derecha...
... la
repisa que reseña Ollivier y me encontré dos. Amabas entran en la cara SO. La
una, subiendo muy poco a poco; la otra, bajando ligeramente. A falta de
referencias o marcas, me decidí por la opción lógica; la de la izquierda, que
sube. Es estrecha y aérea pero fácil (I), hasta llegar a una placa lisa de
fuerte inclinación lateral, que debía atravesar. El paso era expuesto y,
mirando abajo, vi cómo la otra vira no presentaba ese corte; estaba claro que
me había equivocado. Pero, en vez de volver atrás, como vi buen destrepe por el
borde la roca, bajé a la otra vira (II), más rocosa, y continué por ella la
travesía.
Llegué así
a un rellano en la gran canal que corta la cara SO por su centro mismo,
trazando la altura del triángulo. Mirando atrás, pude ver la repisa descendente
y más baja de las dos en todo su recorrido desde la arista y comprobar cómo,
efectivamente, carece de obstáculos; aunque no deja de ser aérea y expuesta, es
objetivamente fácil de recorrer.
Girando entonces
a la izquierda, encaré un canalón estrecho, que alterna pequeños resaltes
verticales de entre 2 y 4 metros (II) con tramos algo más largos, empinados
pero no tanto, donde me bastó gatear (I).
Esa
tónica se mantuvo durante unos 50 m de desnivel, al cabo de los cuales alcancé
un estrecho rellano, donde la canal vira ligeramente a la derecha.
A partir
de ahí, se estrecha y empina más, predominado el II grado durante otros 50 m.
Durante toda la trepada, encontré apoyos buenos y abundantes y, aunque había
alguna piedra suelta, la roca era generalmente sólida.
Salí a un
segundo rellano, dominado ya por la torre cimera y en el que la canal se abre.
Girando a la izquierda, trepé por una placa muy cincelada y de menor
inclinación (I), durante otros 100 m, hasta el resalte que defiende la cima. De
frente, éste es bastante vertical y con poca presa, así que decidí rodearlo por
la izquierda por terreno más fácil (II); supongo que por el otro lado hubiera
venido a ser lo mismo.
Salí
entonces a la arista oeste en sus últimos metros. La remonté por su filo, estrecho
y empinado pero no difícil (I+), hasta encaramarme al estrecho bloque que
culmina el Pico Pallás, momento en que...
...
apareció ante mis ojos el Balaitús, que mostraba un aspecto impresionante desde
aquí. Pasaban pocos minutos de las diez de la mañana y, por primera vez en todo
el día, me iluminaba el sol, aunque aquí arriba seguía fresco aún, gracias a
una suave brisa del oeste.
Antes de repasar
el resto del horizonte, eché una mirada abajo hacia donde había subido. Se llegaba
a distinguir incluso el tejado del refugio junto al desagüe del Lago de
Arrémoulit. Levantando los ojos,...
... las
crestas más cercanas del Pirineo Occidental, de la Collarada al Bisaurín,
asomaban ya totalmente sobre el Arriel. Más a la derecha,...
...al
noroeste, se despliegan las cumbres del Ossau; a las ya vistas, se añadían el
Pic de Sesques en medio de su larga cresta; el rocoso Ger entre su corte de
peñas, todas altivas, y la cima múltiple del Grand Gabizos, bajo la que apenas
contrasta el secundario pero hermoso Pic d’Arrouy.
No
siempre la altitud ni la “importancia” de un pico tienen mucho que ver con su
estética. Y sirvan como muestra el par de puntas al extremo de una arista
secundaria del cercano Pic de la Lie que me llamaron la atención; las busqué en
el mapa: Courouaou y Pic Cadier; bueno, el primero al menos suena un poco.
Al este,
el sol todavía bajo marcaba un sinfín de crestas sucesivas; algunas familiares:
Midi de Bigorre y, por delante de los dos núcleos principales del Macizo de
Néouvielle, el Ardiden.
Al cabo
de una hora en cumbre, comencé el retorno; en este caso, bajaría por la vía
normal más antigua; la que siguieron Peytier y Hossart en su primera ascensión,
llamada por ello de los geodestas. En primer lugar, debía pasar una breve
depresión fácil en la arista N, para trepar (I) a continuación a una pequeña
prominencia desde la que comienza...
... el
verdadero descenso. El terreno se desploma, en la siguiente horcada, unos 40 m
de buena roca por pasos indudables (II). Allí, unos hitos invitan a girar a la
izquierda (NO) para seguir, por su flanco oeste la más occidental de las dos
aristas en que se divide la cresta en la siguiente prominencia.
Las
señales me fueron llevando por repisas estrechas pero seguras (I+ / II-),
perdiendo altitud gradualmente. Atrás quedaba la cresta bañada de sol, mientras
volvía al frescor de la umbría.
Ahora
llevaba a la izquierda la vertiginosa cara norte.
Perdidos
unos 50 m, salí a la arista en un rellano, a partir del cual ésta se ensancha
y, aunque siegue siendo empinada, puede progresarse por su lomo pedregoso sin
dificultades reseñables; poco después, se transforma en una verdadera rampa de
piedra poco estable, pero que se puede ya bajar caminando; no volvería a usar
las manos para progresar.
Siguiendo
el borde izquierdo del anchísimo lomo, dejé a la derecha la Bréche des
Géodesiens, que no me pareció necesario ni práctico ir a pisar. Cuando llegué a
un rellano junto a la vaguada nevada que baja de esa horcada, giré a la
izquierda (SO) para seguirla en su suave bajada.
Comenzaba
el rodeo de la vertiente septentrional del Pico Pallás, que me dominaba ahora a
la izquierda.
Como
encontré la nieve blanda, en cuanto pude me encaramé al lomo rocoso que
limitaba el tubo por la derecha, donde proseguí el descenso por terreno en
general cómodo. Junto a un estanque semihelado donde el barranco gira a la
derecha (N), proseguí recto, cruzándolo y remontando otro lomo rocoso...
... bajo
la cara noroeste del Pallás. Los hitos me seguían confirmando el camino.
Al ir a
bajar por el otro lado de ese lomo, me encontré ya a la vista del refugio. Y,
más cerca, el Lac de Palas, donde cerraría la parte circular de la ruta; ahora,
no usé la repisa de la subida, sino que bajé hacia él directamente por el eje
de la vaguada, alternando neveros y pedreras. Junto al desagüe de ese pequeño
ibón, reencontré los hitos que me habían guiado en la subida y que ahora me
llevaron de vuelta al...
... Refugio
d’Arrémoulit, donde paré brevemente a recoger algunas cosas antes de continuar
el retorno. Hoy estaba más concurrido: era la una y media y muchos turistas que
habían subido en el tren de Artouste almorzaban sus picnics en las
inmediaciones.
Poco
tengo que contar del regreso. Por el mismo camino que la ida, hizo aún más
calor y el aire estaba menos claro.
Aunque
vaya pinta tenía el Midi d’Ossau.
Fue un
alivio llegar a la sombra del bosque, que anunciaba también la cercanía del...
...
Caillou de Soques, que alcancé a las cuatro y media de la tarde, con un calor
impropio del mes y unas ganas locas de beber cualquier cosa, lo que fuera, con
tal que estuviera fría.
Comentarios
Publicar un comentario