Croquis
de la ruta sobre ©GOOGLE EARTH
COMENTARIOS: Esta es una
vía muy poco habitual. En 2012, no encontré ninguna referencia a la misma. Al
menos, la parte de la arista que sube desde el Col d’Arraillé a la Crête de la
Hourquette, que es también lo más aventurero y difícil del recorrido. El
conjunto resultante es una hermosa ascensión por parajes salvajes, solitarios
y, sobre todo, bellísimos. Las aristas del Pico de la Sède incluidas son
aéreas, pero su dificultad no pasa de moderada y bastantes montañeros podrían
recorrerlas sin el engorro de andar asegurándose. Como muchos de los
itinerarios que últimamente acometo, no es necesario ser un buen escalador para
superarlos, pero sí tener poca aprensión al vacío y una sólida experiencia en
montaña, que incluya intuición para encontrar el paso bueno y soltura en la
escalada natural; aquélla que no
requiere de técnicas específicas. En suma, una ascensión de dificultad moderada,
con pequeña escalada y grandes patios: tres horas sobre la arista, dos de ellas
en movimiento, según el GPS.
No era ésta la idea que
llevaba. La ruta planeada era subir desde el Col de Labas por la arista SE y
descender a la Horcada de Ossoue por la normal para regresar por el Collado de
Arraillé. Pero según iba camino del Barranco de Labas vi la arista que sube
desde Arraillé; me llamó especialmente la atención la punta anónima 2.810, que
desde la senda parecía tener más entidad (ciertamente, tiene sólo 28 m de
prominencia, que parece poco, pero es más de lo que hay en bastantes tresmiles
considerados principales). Volví a hacer lo que no se debe: cambiar de planes
sobre la marcha. Pero no me arrepiento; la subida fue divertida y, el día, memorable.
La pernocta en el Refugio de Estom no es
obligada, pero resulta más que conveniente. Aparte de estar en sitio estupendo
y que el atardecer sobre el lago merece contemplarse, es que la actividad en un
solo día pasaría de ser un recorrido de disfrute a una paliza considerable. Además,
permite llegar a la parte delicada de la arista algo más descansado. Lo recomiendo.
Yo bajé directamente a la Fruitière tras volver del Pic de la Sède y, pese al
buen camino, ésa parte final por el Valle de Lutour se me hizo largo.
RELATO GRÁFICO:
Nubes
bajas sobre Cauterets. El ambiente era sombrío cruzando en coche los bosques,
camino del Valle de Lutour. Ese día sólo pensaba llegar hasta el Lago de Estom,
con lo que no tenía ninguna prisa en salir y, hasta las doce y media no estuve
listo para caminar.
Dejé La
Fruitière por la pista que remonta, hacia el sur, el Valle de Lutour, cuyo
fondo es aquí una ancha y plana pradera entre empinadas laderas boscosas.
Aunque todo esto estaba oculto por una niebla que apenas dejaba ver a 20 m. Tras
pasar la barrera que corta el paso de vehículos, crucé un puente y me encontré
en la orilla oriental del río. El camino es amplio y cómodo, y está incluso
empedrado en algunos tramos.
Llevaba
pocos minutos caminando cuando la niebla empezó a abrirse inopinadamente y, con
sorprendente rapidez, se retiró, descubriendo un cielo luminoso sobre el verde
brillante de los prados.
Pronto,
empezaron a asomar los picos que rodean este hermoso valle, destacando desde el
principio el de Labas.
Una breve
subida más empinada me dejó en un alto desde el que vi cómo los vapores
quedaban abajo, levantando un muro blanco en la boca del valle.
Entré a
continuación en un segundo rellano, al fondo del cual hay otro resalte, por el
que se precipita una cascada. El camino entra allí brevemente en el bosque y
deja a la izquierda la ruta que va al Refugio Russell.
Al poco,
regresé a terreno despejado, muy cerca del Puente de Pouey Caut, por el que
pasé a la orilla oeste. Sobre el mismo, veía ya cerca el alto que encierra la
cuenca del Lago de Estom. Fue por aquí donde empezó a descubrírseme el Pico de
la Sède, asomando ligeramente su arista suroriental entre el Labas y la vertiente
occidental del valle.
Al llegar
al resalte, el camino entró de nuevo en el bosque y, a pesar de las lazadas que
traza, se empinó para superarlo. Es el primer tramo de la ruta en que la cuesta
se nota, pero los mil saltos que el río hacía a mi izquierda me alegraron la
subida.
Al salir
de los árboles, me encontré ya muy cerca del Refuge d'Estom, asentado a orillas
del lago homónimo, cuya superficie era al principio invisible.
Al entrar
en su cuenca, me recibió un fuerte viento que, tras el fuerte calor pasado
durante la subida, agradecí incluso. El refugio es pequeño y coquetón. Tiene el
encanto de los viejos edificios de montaña pero está muy bien cuidado y
renovado, sin que lo hayan estropeado con ello. Su austera comodidad y la
amabilidad de los guardas me depararon una estancia agradable, como único
huésped. Eran las dos y media de la tarde, buen momento de tomar un almuerzo
ligero, instalarme y echarme una siestecita al sol. Naturalmente, al reparo del
edificio para protegerme del aire que bajaba de las cumbres y mantuvo a raya,
durante toda la tarde y el día siguiente, a...
... las
nubes que, como si me siguieran, habían remontando el valle hasta detenerse
apenas 500 m más abajo. No dejaba de fascinarme la densidad, el aspecto
compacto, de la pared de vapor que presentaba, y contra la que se recortaban
las siluetas de los árboles próximos.
Al otro
lado, un paisaje maravilloso: el Pico de la Sède, enmarcado por el de Labas y
el crestón del Col d’Arraillé, brillaba al otro lado del lago y así se mantuvo,
como una promesa, hasta el último sol de la tarde. Siempre me ha gustado ver
atardecer la víspera de una ascensión frente a la montaña; y eso que aún no
sabía que iba a terminar subiendo por la arista a la derecha de la cima.
Al día
siguiente, dejé el refugio cerca de las ocho de la mañana por la senda que
remonta en diagonal la ladera occidental del barranco de Estom Soubiran, el que
alimenta el lago. Las nubes seguían llenando la parte inferior del valle de
Lutour, pero las cimas estaban despejadas bajo un cielo azul pálido. El camino
gana altura con rapidez y pronto me encontré dominando el lago y distinguiendo,
más lejos, la silueta del Pico Ardiden.
Fui
separándome del barranco principal, que baja de la cubeta de los lagos
superiores. Entonces, viendo la arista noroeste del Pico de la Sède, con su
llamativo crestón, empecé a plantearme el cambio de planes. Decidí, al menos,
invertir el sentido de la ruta, yendo primero por a la Horcada de Ossoue, a
través del Col de Arraillé, donde decidiría si subía por esta arista o no.
Tras un
largo llaneo, entré en el fondo de la pedregosa vaguada que conduce a ese
collado. Me encontré allí con una bifurcación y tomé la senda de la derecha
(NO) para mantenerme en la ladera oeste. El camino de la izquierda se divide, a
su vez, conduciendo una rama...
... a la
cuenca lacustre de Estom Soubiran y, la...
... otra,
al Barranco de Labas, por donde bajaría más tarde.
Yo,
mientras, proseguía mi ascenso hacia el Col de Arraillé. Tras un tramo de
lazadas, la senda llanea un trecho, a una altitud que me permitió volver
examinar con buen ángulo la arista que va de ahí al Pico de la Sède. Parecía
indudablemente accesible y terminé de decidirme a acometerla.
Luego
vino otra segunda subida, tras la que quedé casi...
... a la
altura del Col d'Arraillé, del que me separaba una ladera de cantos sueltos que
sin la traza sería penoso cruzar. Desde aquí veía ya perfectamente el arranque de
la arista desde la horcada: una placa inclinada y llena de irregularidades, que
no debía suponer un problema. También apareció, tímidamente al principio, la
cumbre de...
... la
Pique Longue, que terminó de descubrirse al llegar al paso. Son notables las
vistas desde este collado pues, si eso es al oeste, mirando atrás,...
... podía
ver toda la arista que une los picos Ardiden y Chanchou. Se me habían hecho
casi las diez de la mañana y comenzaba a hacer calor, así que no me detuve
mucho tiempo, apenas diez minutos para un almuerzo rápido.
Salí de la
horcada por la izquierda (SE), gateando por el tendido muro cónico que sostiene
la cresta. Efectivamente, tal como parecía, la roca está muy tallada y apenas
presenta dificultad (I), aunque la trepa es sostenida y empinada en algún
momento. Ganados unos 70 metros, la pendiente se suavizó considerablemente, la
roca desnuda se cubrió de cantos sueltos y pude volver a caminar. En pocos minutos,
salí a la arista.
Estaba
unos 100 m por encima del collado y, mirando al norte, tenía una hermosa perspectiva
del Mount Né enmarcado por los picos de Arraillé y Estibe Aute.
También,
al oeste, del grupo de los Pics Chabarrou, donde había estado un par de días
antes.
Este
tramo inicial de verdadera arista carece de dificultad pero es elegante: recta
y regular, apunta su agudo filo al cielo. A la izquierda, veía la cumbre, lo
que sería una constante durante el resto de la subida. Subí andando durante
unos 50 m, hasta que...
... la
pendiente aumentó y tuve que volver a gatear un trecho, aunque el terreno se
mantuvo fácil; regular y con abundantes apoyos.
A
continuación, llegué a un hombro, a partir del cual la arista se hace más
accidentada. Enseguida encontré una brecha, fácil (I) y poco profunda, apenas
dos metros, aunque aérea. Tras una segunda brecha, algo mayor pero igualmente
fácil,...
... la
tercera presenta un paso de salida agudo y expuesto (II+). Tras él,...
... gateé
por el aéreo filo (II) durante 15 m, hasta alcanzar el punto más alto del Crestón
del Col d'Arraillé (2.810). La vista atrás era magnífica.
Abajo al
este, tenía una imagen del carácter del Valle de Lutour: hacia el Lago de
Estom, en medio de suaves praderas de vivos colorido, caen las crestas oscuras,
escarpadas y boscosas, que bajan de las cumbres.
Al sur,
la cara norte del Macizo de Vignemale asomaba casi entera sobre la Cresta de la
Hourquette, por la que transcurre la vía normal al Pico de la Sède, y en la que
terminaría desembocando camino de la cumbre.
Más allá
de la arista, veía el tramo común de mi vía con la normal, más horizontal y con
algunas brechas poco difíciles. Un ruido, procedente de los neveros de la cara
norte, interrumpió entonces mi observación.
Se
trataba de un grupito de rebecos que cruzaba, a toda velocidad, la empinada
pendiente de piedras y nieve ¡Quién pudiera moverse así por el monte!
Para
seguir adelante, tuve que descender a la horcada, de 28 m de profundidad, que
individualiza esta punta. El principio de la bajada es un resalte de unos 10 m,
expuesto y vertical, que salvé por una estrecha chimenea, firme y con buenos
agarres, en el flanco izquierdo de la arista (II+). Luego, volví al filo por
una repisa estrecha e inclinada al vacío pero fácil (I+) y continué descendiendo
por él, que ya no es tan empinado (I). El fondo de la horcada, ancho y
horizontal,...
... se
empina bruscamente a la salida. Durante unos 100 m de desnivel, la arista se
presenta como un ancho lomo de roca sólida, muy empinada y con pocos descansos,
pero abundante en apoyos (I+). Esta trepada fácil, sostenida y aérea, fue lo
más divertido de la ruta.
Cuando el
terreno se afiló y se irguió aún más, bajo un vértice aparente, pasé a la
derecha de la arista para aprovechar una vira diagonal que facilita el paso.
Al salir
a la punta, podía ver la arista cimera ya muy cerca, casi a mi altura, y me
detuve brevemente para estudiar su perfil.
Me
encontré a continuación el paso más difícil de todo el recorrido: una brecha no
muy profunda pero de flancos verticales, dividida en dos por un monolito. Tras
descender los 7 u 8 metros de la primera horcada, flanqueé el monolito por la
derecha, atravesando su cara, de unos 4 m de ancho, vertical y con apoyos escasos
(III). Podría haberlo hecho más fácil, perdiendo otros 10 ó 12 metros hasta una
repisa pedregosa pero el paso es corto y la roca muy segura. Además, no me
gustó el aspecto de los cantos sueltos de más abajo. Una vez en la segunda
horcada, la salida es vertical pero presenta multitud de fisuras y escalones
(I).
Entonces,
vi por encima de la cresta principal el Macizo del Marboré. Una visión
magnífica, de las que dan fuerzas.
Salvados otros
20 m de desnivel, me encontré con un par de brechas, muy fáciles y suaves tras
lo que dejaba atrás, antes de salir al entronque de las aristas noroeste y
suroeste. Era mediodía y terminaba la parte inédita de la ascensión.
Buen
momento para tomar un respiro y echar la vista atrás. La cresta de Estibe Aute
se veía entre los valles de Gaube y Lutour, cada uno con su lago, que guardaban
desde aquí una curiosa simetría. Bajando la vista, tenía...
... una
visión incompleta, pero bastante representativa, del tramo superior de la
arista, a partir de la cota 2.810.
Ahora se
trataba de seguir la Crête de la Hourquette a la izquierda (E), hasta llegar a
la cima. Este tramo, común con la vía normal que viene de la Horcada de Ossoue,
comienza con un tramo fácil, de pendiente moderada, que remonté caminando.
Superé así unos 40 m de desnivel, hasta que...
... me
encontré ante una pequeña brecha, sin apenas dificultad. A partir de ahí, la
cresta gira ligeramente a la izquierda (NE) y se empieza a ver la cumbre. En
medio, un tramo casi horizontal, afilado y dislocado pero, en apariencia, sin
obstáculos. Sin embargo, tras cruzar la brecha citada, aún habría de trasponer
dos más antes de llegar a la cima. La segunda brecha es fácil (I), y baja
apenas tres metros, pero...
... la
tercera es algo más seria: unos 6 m de profundidad y la entrada en forma de
placa lisa y empinadísima, aunque unas oportunas fisuras permiten destrepar con
seguridad (II).
Llegué a
la cumbre del Pic de la Sède a las doce y media. El sol pegaba de lo lindo pero
una brisa sutil refrescaba lo justo para evitar un excesivo agobio. Al oeste,
bajo el Vignemale, podía ver el Refugio de Bayssellance.
El
panorama era magnífico en todas direcciones y sería difícil destacar algo del
gran arco de montañas que me envolvía. Este pico tiene una de las mejores
vistas de los que he subido en el Pirineo. Y llevo unos cuantos. Al oeste las
montañas de Panticosa y el Balaitús, más allá de los Chabarrou.
Al norte,
entre los picos Né y Ardiden, me fijé que las nubes seguían allí abajo… les di
las gracias por respetar mi último día de esta semana en Pirineos. Todo un
detalle.
Al este,
más allá de Labas y Aspé, los macizos de Néouvielle, la Munia y Marboré
llenaban el horizonte. Más o menos hacia allá, comencé el descenso a la una, bajando
por...
... la
arista sureste hacia el Col de Labas. Ésta comienza en una brecha fácil (I) de
unos diez metros de profundidad. Luego, viene un tramo aéreo pero regular y de
pendiente moderada.
Por aquí
se gana perspectiva sobre el Lago de Estom, que aparecía seductor en la
vertical del Pico Ardiden.
Llevaba
bajados unos 40 m cuando la arista giró levemente a la derecha y volvieron a
aparecer dificultades, en forma de sucesivas brechas (II) entre pasajes aéreos
sobre bloques afilados (I). Sin obstáculos de especial significación, se
mantuvo esa tónica durante otros 50 m, hasta...
... un
marcado y puntiagudo hombro, donde la cresta se desploma bruscamente. Como
mejor bajada, encontré a la derecha...
... una
chimenea descompuesta (II) de unos 15 m, que me dejó al pie del resalte. Estaba
ahora ante una rampa de pedrera suelta, por la que perdí rápidamente altura,
separándome de la arista en busca de un piso menos inestable.
La
pendiente fue disminuyendo según bajaba pero el terreno era incómodo, cubierto
de cantos puntiagudos y movedizos, sobre los que caminé con cuidado, por el
bien de mis tobillos. La dificultad había acabado y pronto me encontré incluso
en un rellano, donde derivé a la izquierda para...
...
volver al borde y disfrutar de esta bonita perspectiva del espolón en que acaba
la parte afilada de esta arista sureste.
Encontré
también un inmejorable punto de vista sobre el Pico Labas… tengo que explotar
más esta zona… bueno, y todo el Pirineo; cuanto más lo conozco, más consciente
soy de lo mucho interesante y hermoso que me queda por ver.
Terminé
de bajar por el lomo pedregoso en que se había convertido ya la arista, hasta
el Col de Labas, en cuya vertiente sur
se conservaba, en una cubeta, un falso ibón. Siempre me han parecido bonitos
estos neveros semifundidos, y más si se muestran con el Vignemale como telón de
fondo. Como además eran las dos menos cuarto, aproveché para parar a disfrutar
de la vista y, de paso, hacer el almuerzo largo que me había saltado en la
cumbre.
Media
hora después, retomé camino, bajando por la vaguada norte (izquierda al llegar)
al barranco colgado de Labas. Me llevé una alegría cuando vi que aún quedaba
algún nevero considerable: haría cómodo el descenso de ese pedregal. Tras
seguir un corto trecho el sendero borroso que atraviesa el collado, en cuanto
tuve la nieve cerca, lo dejé para deslizarme por ella.
Ahora sí
que hacía calor, en esta alta cuenca abrigada entre el Pico de Labas y el de la
Sède, que muestra desde aquí un perfil que resulta imponente; luego, en
realidad, esa arista resulta entretenida pero no tan terrible como aparenta.
Cuando
acabaron los neveros, fui bajando por el pedregal, a base de paciencia. Pronto
vi los hitos que (se supone) indican el trazado más cómodo para caminar.
Sinceramente, creo que en este lugar da lo mismo seguirlos o no: todo es igual
de incómodo. Llevaba un rato bajando cuando el terreno se empinó, pero no lo
lamenté mucho; coincidió con el límite de la hierba, en la que se volvía a
marcar la senda y se caminaba mucho mejor.

Pronto,
el senderuelo que iba siguiendo se hizo un buen camino y llegué a la unión con
el de Estom Soubiran. Lo tomé a la izquierda (O) y continué el descenso por sus
lazadas. Al llegar al fondo de la vaguada por donde había subido esa mañana, me
topé con el camino d'Arraillé. Tomándolo a la derecha (NE) comencé a deshacer
el camino de subida. Tras un descenso relajado, alcancé el refugio hacia las
cuatro menos cuarto. Hice una parada más larga de lo previsto (una cerveza
fría, a esas alturas, era una tentación irresistible), no saliendo hasta pasadas
las cuatro y media.
Según
avanzaba Valle de Lutour abajo, entré en las nubes que llevaban todo el tiempo
ahí metidas y, al poco, salí bajo ellas. Este ambiente nuboso me hizo mella;
era el último día de una semana maravillosa en los Pirineos y ya estaba echando
de menos más monte.
Hacia las
seis de la tarde, llegué a La Fruitière, dando fin a una bonita ascensión que,
aparte de la satisfacción de la cumbre, de este Pico de la Sède, menos
apreciado de lo que merece, me ha dejado la inquietud de volver para recorrer
otras crestas de este valle maravilloso.
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