Croquis
de la ruta sobre ©GOOGLE EARTH
COMENTARIOS: Ruta que sólo
presenta las dificultades mínimas para resultar entretenida y que, siendo
larga, no incluye tramos excesivamente duros, resultando en general las
pendientes llevaderas y el terreno cómodo. También es muy bonita, comprendiendo
amplios panoramas en el cresteo y hermosos parajes por bosque, prado y lagos
durante la subida y bajada. En suma, una manera hermosa y agradable de visitar
una cumbre importante.
Mi idea original era haber
llegado hasta el Ventolau pero un inoportuno problema muscular me aconsejó
retirarme antes, para no arriesgarme a una lesión seria. Esa travesía requiere
partir la ruta en dos etapas como hice. Si no, el segmento de cresta que
recorrí creo que sería el límite de lo razonable para realizar toda la ruta en
un solo día.
Sobre el lugar donde
dormir, al subir descubrí una cabaña en excelente estado en la Pleta de
Fangassal. En lo único que le aventaja el refugio es en las mantas y colchones.
A favor de Fangassal, que se cuenta con estufa y abundante provisión de madera
y que, al día siguiente, no habría que comenzar perdiendo altura.
RELATO GRÁFICO:
Salí del
camino del Port de Tavascán en la Plana del Faio, siguiendo el camino de la
Alta Ruta, en cuyo arranque, un cartel indica el Refugi del Mont Roig y los
Estanys de la Gallina, entre otros destinos. Desde un primer momento, los picos
del Mont Roig y la Roia de Mollàs eran visibles a mi izquierda, sobre el
barranco que me disponía a remontar. Antes, la vereda me llevó a atravesar, sin
ganar altura, la vertiente oriental del Río de Tavascán, en busca del cauce,
que...
... crucé
por un puentecillo en la Pleta Palomera. Pasé a remontar el torrente que baja
de la cuenca de la Gallina, subiendo suavemente por la ladera oriental, a
considerable altura. El camino se iba aclarando y empezaron a menudear marcas
de pintura e hitos, mientras pasaba alternativamente por tramos de bosque y...
... de
prado. En una de ellos, un avellano solitario ponía el toque de color de sus
frutos rojos, contrastando entre el oscuro follaje. Volviéndome, el
fondo magnífico de la Serra dels Canals terminaba de embellecer el paraje.

En la
Pleta de Lo Fangassal, encontré una cabaña abierta que no está representada en
los mapas. Parecía de construcción reciente; se encontraba en buen estado, y
contaba con bastidor para dormir, mesa, bancos, una estufa y abundante
provisión de leña. Estaba cerca de los 1.900 m de altitud y pensé en pasar allí
la noche, para ahorrarme la bajada del refugio al Clot de l’Espada al día
siguiente. Sólo me hizo cambiar de opinión la presencia de un numeroso rebaño
de vacas: no sería la primera vez que pasaba una mala noche por culpa del ruido
de los cencerros. Pero sin ellas, creo que esta opción es más práctica que la
del refugio si se piensa subir hacia la vertiente izquierda de la Roia de
Mollàs. En fin que, siguiendo la senda continué la subida, mientras el sol se
iba ocultando tras las crestas que me dominaban.

Al llegar
al extremo del rellano de lo Fangassal, cometí un pequeño error. Allí, la senda
vadea el torrente de la Ribereta y, por un momento se pierde. La salida
correcta, como pude ver a la bajada, está pasando entre dos árboles que forman
como un pórtico al otro lado del cauce. En vez de eso, yo derivé a la
izquierda, hacia una corta canal que supera un resalte al fondo. He de decir
que por ahí es donde está pintado el camino en el mapa de la Alpina y, además,
había un hito.
Pronto me
di cuenta de que me había desviado, pues la traza casi desaparecía en el pasto
que cubría el suelo del pinar. Pero el terreno no era malo y, además, quedaba
una sutil huella de paso: no era el primero en ir por aquí. Tras la canal, vino
una corta subida por un lomo boscoso, del que salí a...
... la
Pleta del Arenal, donde traspuse dos veces la Roia de Mollás para reencontrarme
con la senda, mientras...
...
cruzaba este nuevo rellano.
A
continuación, el camino, apuntando al Mont Roig, me llevó junto a la orilla
izquierda del torrente, el cual se despeñaba en un continuo de pequeños y
pintorescos saltos.
Llegué al
Clot de l’Escala, pequeño circo de fondo herboso al pie ya del cresterío, que
defienden altas paredes grises. Aquí iniciaría la ascensión hacia el Pico de la
Roia de Mollás, que se encontraba a mi derecha. Pero eso sería al día
siguiente; de momento, mi objetivo era el refugio donde pasaría la noche; para
llegar a él, seguí el curso de agua hasta el fondo del rellano y, sin cruzarlo
nunca, giré con él a la izquierda (S) para...
...
remontar una empinada ladera de roca y matorral. Guiado por la senda en un
zigzagueante recorrido, la subida fue llevadera hasta...
... el
siguiente rellano, ocupado por el Estany de la Llavera, el más bajo de los
jalonan este torrente en su curso superior. Dejándolo a la izquierda,...
...
ascendí por un lomo de hierba y roca, con el agua a mi izquierda, y...
... no
tardé en llegar al práctico Refugi del Mont Roig. Su pequeña estructura
metálica está a la sombra la cumbre del macizo y sobre...
... el
Estany Inferior de la Gallina.
Mirando
desde su puerta, podía ver el Certascán todavía iluminado por el sol, mientras
la luna se elevaba por encima de la Serra del Canals. A la mañana siguiente,
llevaría esos mismos montes ante los ojos cuando, bien temprano, deshice el
camino de subida hasta...
... Clot
de l'Escala, desde donde remontaría la ladera meridional del Pico de la Roia de
Mollàs. Si bien su recia pendiente herbosa aparecía cortada por lanchas de
roca, se veían pasillos verdes por donde poder evitarlas.
Acabado
el descenso, me dirigí al fondo de la hoya, hacia la torrentera que cae del Col
du Mail. Por ella accedí a una terraza que sube en diagonal a la derecha entre
la zona baja más empinada y los primeros canchos.
La misma
es suave y estaba recorrida por una traza de paso que aparecía y desaparecía.
Realmente, ni facilitaba la progresión ni era necesaria para encontrar el
camino, pues el paso buena era siempre obvio. Pero me vino bien para confirmar
que llevaba el buen camino.
Al pasar
de esa terraza a otra que ascendía a la izquierda, el sol, que ya golpeaba las
cimas, me alcanzó.
Si
hubiera querido dirigirme al Estanyet de Mont Roig, hubiera seguido la repisa
hasta volver al fondo de la vaguada pero, en lugar de eso, yo quería ir
directamente al Pico de la Roia de Mollàs y era más práctico salirme de la
traza en la vertical la cima. Cuando, hacia los 2.300 m de altitud, vi un hito,
no lo dudé: giré a la derecha (N) y trepé por una placa de roca, inclinada y
llena de apoyos (I). Ganados 12 metros,...
... el
terreno se tendió y continué ascendiendo, por hierba y canchos, sin tener ya
que apoyar las manos, y...
...
derivando poco a poco a la derecha, en busca de un buen lugar para encaramarme
al lomo sureste del pico.
Lo
alcancé cerca de los 2.450 m. Desde esa altitud, podía apreciar al suroeste el
hueco de la cuenca de la Gallina bajo el Pico Ventolau.
Al este,
destacaban en primer término las escarpadas siluetas del Pico de Mariola y la
Roca Espana. Más lejos, por encima del Certascán y su cresta meridional,
empezaban a asomar las crestas de Estats, Monteixo y Salòria.
Tras una
corta parada, comencé un largo cresteo, que se prolongaría durante más de cinco
horas. Tras un tramo de ancha y suave loma herbosa, me encontré con otro de
roca, que se empina, pero no tanto como para no poder superarla caminando.
Al cabo
de la misma, vino otro trecho más tendido y de nuevo sobre hierba.
Las
vistas eran esplendorosas, allá donde pusiera los ojos. A mi izquierda estaba
el Mont Roig y, bajo el mismo, asomaba tímidamente el estanque que lleva su
nombre.
A mi
derecha, podía ver ya la cresta que va al Mariola: tiene buen aspecto.
A través
del Col du Mail, que separa el Mont Roig del Pico de la Roia de Mollás, fue
asomando el Maubèrme y otras crestas aranesas.
Según
ganaba altura, se fueron descubriendo las superficies de los lagos de la
Gallina, bajo la cresta que pensaba recorrer, del Mont Roig al Ventolau. Aún no
sabían que no llegaría a éste.
El
terreno se fue haciendo aún más cómodo, y la progresión más relajada, llegando
al...
... Pic
de la Roia de Mollàs, en cuya cima me recibieron unos cuantos amigos ilustres:
al culminar, se descubrieron, junto al Maubèrme, Moredo, Barlonguera y....
... el Mont
Valier.
Girándome
a la derecha, veía correr al norte el valle de Salat, en cuya parte baja,
persistía la niebla.
Al este,
las crestas pallaresas se extendían en líneas sucesivas, sobre el valle de
Tavascán.
La cima
está un poquito desplazada al sur de la divisoria, así que lo primero fue
situarme en ésta y girar a la izquierda (O) y seguirla, pasando a...
...
descender por una arista estrecha, de mediana pendiente y con algunas
prominencias, pero comodísima, hacia el Col du Mail. Había una traza en la
hierba que definía una bajada más directa de la cumbre, a través de la
vertiente meridional, pero preferí mantenerme en la cresta, por disfrutar del
paisaje.
Al
desplazarme, aparecieron en la lejanía occidental los macizos de la Maladeta y
Posets, por el hueco entre la masa del Mont Roig y el albo Moredo.
Tras la
horcada, el terreno mantuvo la misma tónica, al tiempo aérea y cómoda, aunque
ahora subiendo.
Al ganar
altura, al volverme, el Pico de la Roia de Mollàs ofrecía un bonito aspecto.
El
terreno se tornó algo más agudo y pedregoso al paso por el Pico del Estanyet,
apenas un hombro donde la arista del Mont Roig se allana por unos metros. A
continuación, en el entronque de un contrafuerte proyectado al norte, forma un
amplio rellano pedregoso antes de volver a erguirse en la subida definitiva
hacia la punta norte. En esa plataforma, aparecieron una clara traza y
abundantes hitos, que me acompañarían ya hasta la cumbre.
Para
entonces, la vista hacia el valle de Salat, d donde habían desaparecido las
nubes bajas, había mejorado e incluso distinguía las casitas de Salau.
A la
salida del rellano, la cresta se transforma, durante unos 15 metros, en una
arista de bloques empinada pero llena de agarres (I), en la que hube de usar de
las manos.
Tras el
resalte, el terreno se tendió y pasé a caminar por una especie de pasarela
rocosa, de pendiente moderada y regular, que me llevó a...
... la
Punta Norte del Mont Roig o Mont Rouch de France (no sé por qué, pues todas las
puntas son fronterizas). Volviéndome, sobre la cresta recorrida y los picos de
Montarenho y Mariola, veía ahora las cumbres de Trois Seigneurs y la Montagne
de Tabe, allá en la Cerdaña.
Continuando
hacia la cumbre, hube de trasponer un profundo tajo de unos 30 m, al que
descendí...
... por
una empinada rampa de grava, hierba y lajas sueltas. Al otro lado, superé un
corto resalte escalonado, apenas cuatro metros, para trepar a continuación
siguiendo una definida arista que sube a la izquierda,...
...
llevándola a la derecha, por roca inclinada y muy cincelada (I). En lo alto de
este tramo, me encontré...
... en un
cambio de pendiente, a partir del cual la cresta se tiende hasta el Mont Roig.
Aunque aún se presenta estrecha y...
... con
algunas irregularidades, puede pasarse caminando.
El
panorama al este es fantástico, tanto hacia la cresta divisoria como...
... hacia
las montañas del Pallars Sobirà.
A mis
pies, los lagos de la Gallina se escalonaban bajo el Ventolau.
Al
suroeste, las montañas de Aigües Tortes, los Besiberris y la Maladeta llenaban
el horizonte por encima del cercano Pico de la Tartera. Como seguro que desde
allí se ven mejor, me dirigí hacia el mismo siguiendo...
... la
loma mixta de hierba y roca sin otra dificultad que...
... el
paso de la horcada intermedia, que presenta un resalte fácil (I+) de apenas
tres metros y escasa exposición.
Luego,
sólo me quedó caminar brevemente por una anchísima y suave loma hasta el Pic de
la Tartera, o Mont Roig Sur, donde está emplazado el vértice geodésico.
Desde
allí, queda a la vista la cara oeste, la más abrupta, del Mont Roig.
Pero,
para tener las mejores panorámicas, hay que ir un poco más lejos, siguiendo la
cresta al sur hasta un hombro donde se yergue un gran hito de piedras.
Destaca
la visión del Pic de Moredo, hacia el que apunta el vallecito de Comamala. A
sus flancos, marcaban el horizonte la barrera norte aranesa y los grandes
macizos del Pirineo Central:...
... los
Besiberris,...
... las
Maladetas,...
...
Posets y Perdiguero.
Girándome
al sur, tenía a mis pies los laguitos de la Tartera, dominados por el Cap de la
Pala de l’Abell, y, más lejos las montañas de Aigües Tortes, del Montsent de
Pallars al Colomers, pasando por...
...
Peguera y Subenuix.
Al
sureste, la cresta continuaba hacia el Ventolau por los picos de la Gallina,
presentando enseguida una caída importante. Para evitarla, bajé hacia la
izquierda (E), por...
... una mediana
pendiente descompuesta, hacia la gran rampa de pedrera que conforma la cara
sureste del pico. Una vez en su centro, me dejé deslizar a la derecha (S)
hacia...
... un
rellano al pie de la collada que se abre entre el Mont Roig y el Pic de la
Gallina.
Al perder
altura, se elevó a mi derecha el resalte meridional del Pic de la Tartera: una
vertiginosa pared de roca, que ponía un marco espectacular a las montañas del
fondo. Y entonces, sentí un fuerte dolor en el abductor derecho. Parecía un
tirón, por extraño que pueda parecer en un músculo que ya estaba más que
caliente. Me detuve, me apliqué un analgésico y esperé unos minutos. Cuando
remitió el dolor, continué la bajada.
Viendo
que la pierna funcionaba bien, decidí seguir el cresteo y, antes de acabar el
descenso, cuando el terreno me pareció propicio, derivé a la derecha para
encaramarme a la Collada del Mont Roig y continuar hacia el Pic de la Gallina
por el lomo, que presentó primero pendientes suaves y, luego, más intensas pero
sin pasar de moderadas.
Al ganar
altura, el Pic de la Tartera iba descubriendo su cara más tremenda.
Llegando
al final, la cresta se transformó en una tendida arista rocosa carente de
obstáculos. Las perspectivas más notables desde el Pic de la Gallina eran:...
...
mirando atrás, el Mont Roig;...
... al
este, Mariola, Certascán y la Pica de Estats entre otros, y...
... al
sureste, el Ventolau sobre el Estany Major de la Gallina.
Al
continuar por la cresta al sur, hacia el Pic Inferior, me encontré ante...
... un
profundo corte. Los primeros diez metros, los descendí con cuidado por una
rampa de piedra suelta y hierba a la izquierda de la arista, alcanzando al cabo
una plataforma de donde caían sendos tubos a ambos lados de una prominencia
rocosa. Por la pinta, me decidí por la de la derecha (O), que presentaba...
... una
zona herbosa, empinada pero cómoda, en su lado izquierdo. Tras descender por
ella un centenar de metros, cuando desapareció el crestón de roca, giré a ese
lado (S) para trasponer un morro sobre...
... los
Estanyets de la Tartera y frente a las montañas aranesas, apareciendo a
continuación...
... sobre
la vaguada que cae al este del Collet de la Gallina. Terminé de descender al
fondo pedregoso de la misma por terreno herboso empinado, con un corto y fácil
destrepe final (I), para remontar luego el tubo hasta la horcada. Allí, retomé
a la derecha (SO) la cresta, que...
... era
al principio un amplio y suave lomo herboso trufado de peñas.
Al
volverme tras ganar cierta altura, tuve una buena visión de la arista
meridional del Pic de la Gallina y no podría decir si hice bien con el rodeo
por el oeste, fácil pero incómodo y un poco expuesto, o si debía haber
destrepado directamente, pues el terreno parece empinado pero seguro.
En fin;
tras la zona suave, la cresta se tornó rocosa al ir llegando cerca de la
cumbre.
Primero,
me encontré un resalte empinado de 10 m, lleno de apoyos (I). Luego, tras un
prolongado tramo pedregoso más tendido, en que se pueden evitar además los
obstáculos por una repisa a la derecha, vino...
... un
paso final horizontal, con una horcada de roca lisa afilada pero que,
realmente, era mucho más impresionante que difícil y se puede pasar caminando
con un poco de decisión.
Así
llegué a la cumbre del Pic Inferior de la Gallina. La pierna derecha me había
respondido bien, en general tras el tirón pero, sobre todo en la última subida,
la noté resentida y me dio un par de “toques de aviso”. Aquí, temiendo que esta
anécdota acabara en una lesión más seria, decidí dejar la cresta en el
siguiente collado. Me faltaba el Ventolau, pero el cresteo realizado tampoco
estaba mal.
La vista
al oeste era amplísima, con los glaciares en torno al Aneto destacando entre el
mar de montañas descarnadas. Entre el Moredo y el Maubèrme, llegaba ahora a
distinguir unas formas confusas: el Macizo de Néouvielle.
Bajando
la vista a ese lado, podía contemplar los lagos escalonados del Ríu de la Gola,
ocultos hasta poco antes por la Serra Mitjana.
También
miré al este el Certascán y la Pica pues, poco después, me los ocultarían las
cretas cercanas.
Para
descender, tomé la cresta que salía al sureste, hacia el Ventolau. Ya desde el
principio, se presentaba afilada y escabrosa, aunque sin grandes obstáculos:
más incómoda que difícil o expuesta.
Al llegar
a un profundo corte, destrepé (I) a la derecha hasta una cercana repisa herbosa,
empinada y paralela a ala arista, por la que continué bajando hasta una
terraza...
... más
amplia y llana que se veía por debajo. Ésta se prolongaba hasta el Coll de
Calberante, desde el que...
... el
Pic Inferior de la Gallina presenta un aspecto de lo más altivo y airoso,
realmente atractivo.
Por allí
pasa la senda de la Alta Ruta Pirenaica y me incorporé a ella, tomándola a la
izquierda (E), para bajar, a través de pendientes herbosas, hacia el Estany
Major de la Gallina. Ante mis ojos, por encima de la lámina azul oscuro del
ibón, se elevaba...
... un
magnífico Turó de Mariola.
Mientras
bordeaba el lago por el oeste, bajo el Pic Inferior de la Gallina, la senda fue
haciéndose cada vez más clara.
Luego, tras
dejarlo atrás y pasar dos estanques más pequeños, alcancé la barrera que cierra
este escalón lacustre y...
...
descubrí el resto de lagos que se alinean bajo el Pic de la Gallina y el Mont
Roig. El trazo, no siempre claro, pero señalado con hitos y pintura, me llevó a
una bajada intensa por...
...
terraza herbosas entre resaltes de roca por los que se despeñaba el torrente.
Éste corría a mi derecha, al principio, pero luego lo crucé.
Justo a
continuación, estuve manteniendo cota un corto trecho para evitar una zona
abrupta, girando a continuación a la izquierda para volver a bajar por un tubo
herboso que me dejó al borde del Estany de Dalt de la Gallina. Allí, nuevo giro
para tomar...
... el
eje del valle, que ya prácticamente no dejaría. Siguiendo siempre la ruta
marcada, bordeé por la derecha el Estany Mitjà, tras el cual traspuse un lomo
y...
... me
encontré con otra zona compleja con resaltes y rellanos, en los cuales...
... el
agua se remansaba en caprichosos meandros entre cascada y cascada.
Al final
de la misma, apareció la mancha plateada del refugio junto al Estany Inferior.
Para llegar al mismo, bordeé el lago por la derecha y, al llegar al...
...
desagüe, lo crucé aprovechando unas piedras sobresalientes, colocadas
obviamente a propósito.
Desde el Refugi
del Mont Roig, me dominaba la cumbre que visité esa mañana. Tras recoger
algunas cosas que había dejado allí, continué...
...
bajando, hacia el Estany de la Llavera para...
...
retornar por terreno conocido, pues el recorrido era la aproximación del día
anterior, hasta la Plana del Faio. El único cambio fue que, esta vez, no perdí
la senda entre las pletas del Arenal y el Fangassal, pero eso ya está explicado
antes. Por cierto: lo de la pierna no fue nada.
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