Saioa (1.418)

ASCENSIÓN DESDE LANZ

CRESTA CABECERA DEL RÍO ELZARRAIN, CON EL XURIAIN (1.410)

Para algunos, el Saioa es la cumbre importante más occidental del Pirineo. Pero eso se dice de varias montañas: depende de dónde se coloque el listón de la importancia. Lo cierto es que estamos ante el pico más alto del cordal que cierra el Baztán por el sur, separándolo de los valles de Basaburua y Ultzama. Se trata de la típica cúpula verde de esta región de montes redondeados, en los que la hierba cubre las culminaciones donde no llegan los densos hayedos de vertientes y barrancos. Siendo su altitud moderada, la presencia humana en toda esta montaña ha sido intensa desde antiguo, dejando una densa red de caminos que facilita las ascensiones. En días claros, esta cima es un buen mirador sobre los extremos de las cordilleras Pirenaica y Cantábrica, que tan cerca se encuentran.

Partiendo de Lanz, la ruta comienza remontando el juvenil Río Elzarrain, para encaramarse al cordal que forma su cabecera a la primera ocasión. Luego, recorre la cuerda visitando sus cimas principales y acaba descendiendo por el Arroyo Txorrostarri, tributario de la anterior corriente. En la confluencia, se encuentran los itinerarios de subida y bajada.

Pese a la nube que cubre la cima, puede apreciarse el relieve suave del Saioa en esta vista desde el sur

SITUACIÓN:

  • Zona: Pirineo Vasco - Navarro
  • Unidad: Montes de Basaburua y Ultzama
  • Base de partida: Lanz (Navarra)

ACCESO: Lanz está 21 km al norte de Pamplona, por Olagüe. Puedes calcular un itinerario desde tu lugar de origen al punto de partida de la ruta en el siguiente link a GoogleMaps.

OTROS DATOS:

  • Cota mínima / máxima: 634 / 1.418
  • Mi tiempo efectivo: 5h33
  • Mi tiempo total: 6h36
  • Dificultades: Ninguna. Los pocos tramos sin camino son obvios y cómodos.
  • Track para descargar en Wikiloc

Mapa tomado del visor Iberpix. ©INSTITUTO GEOGRÁFICO NACIONAL DE ESPAÑA

LA RUTA: Salir de Lanz por el camino de Irumugeta y seguirlo hasta estar bajo el collado donde alcanza la cuerda. Tomar allí a la izquierda (SO) el desvío que se encarama por las laderas del Algorrieta y, cerca de la cima, dejarlo por la izquierda (SO) para alcanzar el pico. Seguir a continuación el cordal a la izquierda (NE) para hacer cumbre en el Saioa.

Bajar por la herbosa loma SE para continuar el cresteo, pasando por el Xuriain, hasta estar encima del collado donde nacen el arroyo homónimo y el de Txorrostarri. Dejarse entonces caer a la izquierda (S) entre las hayas hasta la horcada y tomar el camino que, al SO, sigue la segunda de dichas corrientes por su vertiente derecha. Tras cruzar un torrente, tomar a la izquierda (S) una senda estrecha y borrosa. La salida de la misma era muy poco visible pero me la encontré marcada por un hito y ramas. Al llegar a la Borda de Xinborne, girar en el cruce a la izquierda (SO) para regresar a Lanz.

Croquis de la ruta sobre ©GOOGLE EARTH

COMENTARIOS: Ésta no es la forma más corta de subir al Saioa; tampoco es la más dura, ni se trata de un itinerario original. Es una opción intermedia, que, en una caminata cómoda y carente de obstáculos, combina tramos por bosque y cresta. Sobre el mapa, me pareció atractiva. Por desgracia las nubes bajas me dejaron sin panorama, aunque me quedó el consuelo del ambiente mágico de la niebla en el hayedo silencioso.

RELATO GRÁFICO:

En Lanz, aparqué en una plazoleta junto al extremo norte del pueblo, que abandoné por una pista, prolongación de la calle que lo atraviesa, la cual remonta el vallecito de Elzarrain.

La vía, con restos de empedrado, recibe el nombre de camino de Irumugeta, en alusión al encuentro de términos (Lanz, Baztán, Aritzu), que se produce sobre la cresta suroeste del Saioa. Caminaba bajo un cielo oculto por la panza baja y oscura de las nubes pero, en ausencia de signos amenazantes, tenía la esperanza de que, a lo largo de la mañana, levantara la cubierta. Avanzaba sobre todo entre campos, aunque,...

... de vez en cuando, el camino se asomaba al río. También, dejé atrás varios desvíos, que no eran indudablemente la ruta principal.

Tras cruzar un par de veces la corriente, por sendos puentes, el arbolado a mi alrededor fue aumentando en densidad y porte y,...

... ya me encontraba en pleno bosque cuando llegué al cruce junto a la Borda de Xinborne (Xinborneko Borda). Aquí cerraría el itinerario a la bajada. Ahora, tiré a la izquierda (NO),...

... pasando a remontar un barranco anónimo tributario del Elzarrain. Mantenía el suave ascenso que llevaba desde el principio, ahora a través de un denso hayedo, al que la bruma dotaba de un misterio adicional.

Siguió un largo tramo por el camino de Irumugeta, en que sería prolijo dar cuenta de todas las bifurcaciones y desvíos que encontré. Baste decir que, en cada cruce, proseguí por el camino más marcado y, en caso de igualdad de condiciones, por el de subida, sin hacer caso de las distintas flechas y señales, unas talladas en la corteza de los árboles, otras pintadas, que iba encontrando.

Con esa simple regla, fui remontando la vertiente meridional del largo cordal que separa el Baztán de la Cuenca de Pamplona, sobre el cual se alza la cumbre del día. La andadura fue reposada, sin sobresaltos y en absoluto silencio, así que pude recrearme en el entorno. Puede que a quien haya nacido aquí no le llame tanto la atención, pero yo nunca me cansaré de mirar el dibujo caprichoso de las ramas desnudas contra la niebla.

Hacia los 1.060 m de altitud, pasando bajo el collado de cota 1.107, que separa los picos de Algorrieta y Okolin, dejé el camino tomando a la izquierda (SO) un carril que se encarama por la ladera del primero. Al poco llegué a una bifurcación, donde giré a la derecha (N) para continuar la remontada. El fondo blanquecino tras las hayas anunciaba cresta.

Cuando calculé estar en la vertical del pico Algorrieta, dejé el camino por la izquierda (O), para remontar directamente la ladera, primero por terreno despejado bajo las hayas y luego por una breve pedrera, hasta...

... llegar a la cima, marcada con un hito de piedras... ¡sin buzón! Caso raro en estas tierras, donde se lo colocan a cualquier cosa que sobresalga más del metro del terreno circundante. Allí seguía la niebla, sin visos de aclarar pese al ventarrón que me recibió al llegar, el cual, si ya se vino anunciando en los últimos metros de subida, no me sacudió (literal) con toda su fuerza hasta el descreste.

En esas condiciones, paré lo mínimo: barrita, trago y seguir. Girando a la derecha, tomé al nordeste la loma, que se presentaba herbosa, jalonada de lajas de piedra y libre de obstáculos. La visibilidad era muy limitada pero, lo bueno de las crestas en estas situaciones es que es difícil perderse. Una bajada breve y suave...

... me llevó hasta el siguiente collado, en cuyas cercanías se materializó un nítido trazo de senda bajo mis pies. Aquí, como en el resto de horcadas que pasaría, aclaró bastante la bruma, aunque la visibilidad seguía siendo escasa.

Al pasar por el punto más bajo del collado, observé que se había formado un decorativo estanque.

A continuación, vino una subida, más prolongada pero tan suave como la bajada previa. No tardé en verme de nuevo envuelto en niebla densa.

El paso por Irumugeta me lo marcó una concentración de mugarris, en alguno de los cuales se podían distinguir aún la inicial del municipio en cuestión grabadas en las caras.

Más arriba, mojones más modestos jalonaban la divisoria. Me vinieron bien, pues el trazo se difuminaba a veces y la loma se hizo tan ancha que llegó a ser difícil distinguir su curvatura.

Y, casi por sorpresa, se materializó ante mí el buzón del Okolin. Ni que decir tiene que, en esas condiciones de visibilidad casi nula y viento fuerte, apenas me detuve.

Más allá del extenso domo cimero, me encontré con que la cresta estaba marcada por estacas con marcas de GR. También vinieron bien ese día. Fuera de la loma, lo único que se veía, o mejor adivinaba, eran las siluetas sombrías de los árboles más altos del hayedo.

Como ya sucediera antes, la atmósfera se aclaró algo al paso por el siguiente collado. 

Si a mi derecha, vertiente sur, seguía la visibilidad casi nula, al otro lado, el sol iluminaba las laderas que caen al Baztán.

Aquí, hay que seguir a toda cresta, sin hacer caso de las estacas, ya que el GR rodea la cumbre del Saioa por el sur.

En esta subida final a la mayor altura del día, tuve el primero de los pocos encuentros de la jornada: las siluetas de cuatro montañeros se dibujaron en la bruma.

Al ganar altura, apareció una tira de nieve. Poca cosa, pero no me la esperaba en una altitud tan baja.

Y, poco después, hice cumbre en el Saioa. Aquí sí que me detuve, aprovechando el precario resguardo del cubo de hormigón del vértice, para tomar un bocado y un trago. Pero, en cinco minutos, estaba...

... bajando por el poco definido lomo sureste, que unos modestos hitos me ayudaron a seguir.

En el collado de Sagardegi, salí casi completamente de las nubes.

Incluso llegué a ver un buen trozo de cielo azul sobre el Puerto de Artesiaga y el Arrakarte.

Al otro lado, el panorama se mantenía sombrío. Lo que sí vi fueron las estacas del GR, que volví a encontrar.

Éste prosigue por lo alto de la loma que sube hacia el Xuriain, mi siguiente objetivo, así que lo seguí. El límite de las nubes estaba por aquí y, de vez en cuando, llegaba a descubrirse incluso la cumbre de éste.

No así Saioa, cuya cima permaneció oculta a mi espalda mientras ascendía.

Hacia media subida, pasé junto a una sima protegida por una valla y, poco después, perdí de nuevo la visibilidad casi por completo, al tiempo que la cresta volvía a perder definición. Menos mal que había traza de paso, muy borrosa pero suficiente. Tras un rellano de terreno muy karstificado y algo confuso,...

... el terreno se empinó y me encontré llevando a mi derecha la valla que cierra la Turbera de Xuriain. Y, enseguida, la cima homónima, donde aflora una pequeña pedrera. Casi la única. Proseguí al suroeste, con la referencia de la cerca. 

Cuando ésta acabó, alcancé el límite de un hayedo que trepaba por la vertiente norte (derecha) justo hasta la cresta.

Además, me vino bien, pues los árboles me protegieron del viento. Éste, de todas formas, ya no volvió a golpearme como en la parte más alta del cresteo.

A poco de pasar un pequeño alto anónimo (cota 1.343),...

... la traza me llevó a bajar unos metros por la vertiente derecha y, luego, a seguir una cerca. Cuando ésta es atravesada por...

... un buen camino, lo tomé a la izquierda (S), dando enseguida con...

... otra pista, en mejor condición aún. Allí giré de nuevo a la izquierda (SE).

Caminando por este estupendo carril, como el ambiente era más agradable, paré para recuperar fuerzas. Aunque transcurría el camino por lo alto de una loma, la menor altitud y la barrera de los árboles a ambos lados protegían del viento.

Al girar al camino a la derecha para tomar dirección suroeste, lo dejé por el exterior de la curva, a fin de seguir el teórico trazado del GR. No vi salir ninguna senda ni marcas pero me asomé a...

... la ladera que caía a ese lado y, viento terreno favorable, despejado bajo los árboles y no muy empinado, me deslicé por él.

No tardé en llegar a una pista horizontal. Se trata de la que pasa por el collado donde nacen los arroyos de Xuriain y Txorrostarri, el cual estaba pocos metros a la izquierda (SE), del lugar por donde salí al carril. En la horcada, la pista hace una curva a la derecha y yo...

... me salí por el interior (E) para tomar el camino que desciende el curso del Arroyo de Txorrostarri. Su arranque está destruido, pero enseguida...

... se aclara. Al principio, caminé casi horizontal por la vertiente derecha del barranco. Al poco de pasar una torrentera, el camino se divide en dos y proseguí por la izquierda (SE), emprendiendo una breve bajada.

Poco después, un hito y unas ramas colocadas ad hoc señalan el lugar en que sale una senda borrosa a la izquierda (SE), la cual baja unos metros y enseguida...

... vuelve a avanzar, más clara, en horizontal entre las hayas.

Esta parte de la ruta es muy pintoresca por lo denso del bosque y los varios torrentes que se cruzan, parecidos pero...

... cada uno con su personalidad.

El cauce principal quedaba muy abajo a la izquierda y las modestas corrientes se perdían de vista entre los troncos. Todos llevaban agua...

... menos uno, pero incluso ése tenía su encanto.

Pasado el límite entre Aritzu y Lanz, marcado por el correspondiente mojón,...

... me encontré con el más curioso de los torrentes: pocos metros por debajo de la senda, la corriente desaparecía por un sumidero en mitad del bosque.

La senda, estrecha pero siempre clara, mantenía un ligero descenso, alternando tramos por laderas más bien suaves y anchas, con otros en que...

... se abalconaba sobre el invisible cauce de Txorrostarri.

El final del tramo agreste se fue anunciando precisamente cuando empecé a distinguir la corriente de agua.

Poco después, efectivamente, llegaba a la confluencia con el Arroyo Elzarrain, que crucé por un puentecillo para seguir luego, por camino ancho pero malo, durante un corto tramo, al cabo del cual...

... me encontré junto a la Borda de Xinborne y el camino de Irumugeta. Tomando éste a la izquierda (SE), sólo me quedó...

... deshacer la parte inicial de la ruta para llegar a Lanz. Terreno conocido pero ahora soleado bajo un cielo azul. Finalmente, el día había despejado, sí... pero un poco tarde.

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