COMENTARIOS: La ascensión
no presenta otros obstáculos que desarrollarse en parte sin camino ni señales.
Pero no se echan mucho de menos: el terreno es cómodo, despejado o con un
matorral de escasa densidad. Tanto la loma como el barranco de Valhondillo son
amplios y no excesivamente empinados y, además, ¿quién necesita hitos para
recorrer accidentes de ese tipo? En el tramo de bosque tras dejar la pista, la
orientación se complica un poco, pues el lomo es aquí tan amplio y suave, que
se llega a perder la sensación de la pendiente, pero no es grave desviarse un
poco; al final, cuando la cuerda se define más, el terreno acaba por llevarnos
de vuelta al buen camino.
RELATO
GRÁFICO:
Al fondo del pequeño aparcamiento, sale un sendero al sureste. Por él comencé la excursión, descendiendo, junto a un torrente, hacia el fondo del valle.
Llegando al Lozoya, desemboqué en la pista forestal que sigue su curso y la tomé a la izquierda (E). Tras seguirla brevemente en suave bajada, ...

... tomé
a la derecha un desvío que va a cruzar el río por el Puente de la Angostura, al
otro lado del cual hay un cruce. Continué por la misma pista (SE), pasando a...
... y
comencé a remontar gradualmente, en amplias lazadas, la vertiente septentrional
de la Cuerda Larga. Durante este trayecto, crucé varios arroyos, entre ellos...
... el de
Valhondillo, por dos veces, la segunda junto a un depósito de agua. Tras ese
segundo cruce, en el siguiente lomo, dejé la pista por la izquierda (SO),
para...
...
comenzar a remontar la Loma de Valhondillo, que no en otra me hallaba, la cual
asciende hasta la cumbre misma. Al principio, caminaba entre los pinos, sin
senda ni hitos pero por terreno cómodo e indudable. De vez en cuando, surgían
de la hierba modestas pilas de bloques y me fijé que siempre estaban en la
divisoria. No es mala referencia.
Cuando
paré a tomar un bocado, aproveché para encaramarme a uno de estos canchos, lo
que me permitió ganar los metros justos para ver Peñalara sobre los árboles.
La
subida, aunque agradable, se hacía algo monótona en un terreno tan regular y
con el bosque limitando las vistas. Por otra parte, había momentos, como éste
en que miro atrás, en que la pendiente era tan escasa y el lomo tan amplio, que
se perdía totalmente la sensación de cresta y era difícil seguir la divisoria.
Lo más destacado de este tramo, el cruce de una pista.
Cuando
los árboles empezaron a clarear, sin embargo, la arista se definió y apareció
el matorral, haciendo la progresión menos confortable, pero facilitando la
orientación y amenizando la marcha con vistas como ésta primera perspectiva del
Arroyo de Valhondillo, por donde bajaría luego.
Sobre el
mismo, empezaban a distinguir crestas de la Cuerda Larga: Najarra y
Bailanderos.
Al otro
lado, Peñalara seguía presidiendo el paisaje, mostrando ahora con claridad la
vertiente de la Laguna Grande.
El
ascenso proseguía constante por esta Loma de Valhondillo, amplia, suave y
regular, poblada de un matorral abundante, sin llegar a estorbar el paso.
Mirando
atrás, el Valle del Lozoya se iba descubriendo, encajado entre los dos cordales
de Guadarrama.
Llegando
cerca de un cabezo anónimo cotado en el mapa como 2.083, que es la única
prominencia de todo este lomo, comenzó a asomar la cumbre de las Cabezas de
Hierro.
Al llegar
a la cota, se descubrió también, a mi derecha, el grupo del Montón de Trigo y
la Mujer Muerta, invisible hasta ese momento.
Al otro
lado, la Cuerda Larga se veía ya cercana.
Esa cota
(2.083) apenas tiene bajada, antes de acometer la subida final (aún quedaban
300 m de desnivel) a la cumbre, primero entre matorral y luego por pedrera.
Curiosamente,
ese piornal, algo más denso pero de menos altura que hasta entonces, estaba
atravesado por un trazo bastante claro, único que vi durante toda la remontada
de la loma y que...
... desapareció
al llegar al canchal. Éste resultó bastante más cómodo de lo esperable, tanto
por la pinta que tenía visto desde abajo, como por la experiencia en estos
montes. Éste estaba formado por cantos mayormente planos y muy estables.
Para
entonces, había ido asomando la Pedriza, y hasta el Cerro de San Pedro, por
encima de la Cuerda Larga.
Al otro
lado, bajo Peñalara, se distinguían ahora las praderas del Puerto de Cotos.
Al llegar
a la antecima, un respiro para mirar atrás, hacia el Valle del Lozoya, pues...
... a
continuación el terreno se tiende y aparece la cumbre al extremo de un lomo
horizontal. A la derecha, se veían también las cimas de la mitad occidental de
la Cuerda Larga.
Aquí las
tenemos desde el Hito; de cerca a lejos, la Cabeza Menor, con la Maliciosa a la
izquierda; Valdemartín, que casi tapa las Guarramillas, y Siete Picos muy al
fondo, junto a una Mujer Muerta cubierta de nubes.
Llevando
la vista al sur, de la llanura madrileña apenas se distinguía nada, más allá de
las estribaciones serranas que la enmarcaban: a la derecha, la Cuerda de los
Porrones y, a la izquierda, la Pedriza, con...
... su
mundo de riscos.
Para
regresar, tomé a la izquierda (E) la Cuerda Larga, recorrida por un buen
sendero, como corresponde a una de las rutas más populares de la sierra. Al
terminar la bajada de la Cabeza Mayor en el Collado de la Peña de los Vaqueros,
dejé la senda por a la izquierda (NE), para buscar, en la ancha vaguada
herbosa,...
... los
hitos que marcan el descenso del Arroyo de Valhondillo.
Aunque el
terreno es muy cómodo y suave (y delicioso, dicho sea de paso) al principio, es
conveniente no perderlos mucho de vistas, pues...
... luego
vienen zonas más estrechas y abruptas, que los hitos evitan ganando altura por
la ladera. Además, en los tramos de matorral, ayudan a encontrar los trazos
para pasar con más comodidad.
Un par de
veces, los hitos me dirigieron a bajadas intensas por torrenteras para volver
junto al cauce.
Así,
entre rellanos y resaltes, con sus praditos y pequeños saltos de agua, fue
transcurriendo la bajada.
Al pasar
la cota 1.900, apareció al fondo el Valle del Lozoya, dominado por los picos
del Nevero y Reajo Alto. Se anunciaba el final. Para entonces, por cierto, el
incierto trazo discontinuo que, al principio, marcaban los hitos, se había
transformada en una senda pasable, y así seguiría hasta dar con las pista del
inicio.
Poco
después, tras pasar junto a unos llamativos riscos, ...
...
llegué al bosque, tras lo cual no tardé mucho en...
... topar
con el extremo de una pista forestal. Se trata del final de la que había
utilizado al principio, pero, para evitar un considerable rodeo, es mejor no
tomarla. En lugar de eso, bajé a la derecha (S), por...
... la
continuación de la senda, la cual cruza aquí el Arroyo de Valhondillo por un
vado preparado con grandes bloques.
Enseguida,
pasé junto al Tejo de Barondillo, ejemplar notable de esa especie, al que se
calculan entre 1.500 y 1.800 años de edad.
La bajada
por la senda continuó a través del pinar, cruzando algunos torrentes, hasta...
Topar con
la pista del inicio, precisamente junto al segundo cruce del Valhondillo, aquél
del depósito de agua. Aquí, aunque se puede seguir por senda, sí tomé la pista
para regresar, concretamente a la derecha (NE), pues la distancia que se ahorra
no merece la pena. Y ya sólo me quedó deshacer el camino de la ida para regresar
al aparcamiento de la M-604 de donde había partido.
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