Croquis
de la ruta sobre ©GOOGLE EARTH
COMENTARIOS: Desde que se
balizó y acondicionó el sendero que remonta el lomo nororiental de La Sagra
desde Las Santas hasta la misma cumbre, esta ruta se ha convertido en habitual,
en detrimento de la del Collado de las Víboras desde el de Abajo, igualmente
fácil y más breve, pero menos clara en su inicio. La mayoría realiza el
recorrido de ida y vuelta o con la pequeña variante de bajada que hace el PR.
Buscando como siempre subir y bajar por sitios distintos para conocer más
aspectos de la montaña (¡dos rutas en una!), decidí continuar por la cuerda
hasta una buena bajada, para volver rodeando la base del monte. Mi primera idea
fue hacerlo por el sur, más lógico por la curvatura de la cresta. Pero el
nombre del Bosque Vertical me atrajo y
quise ir a conocerlo (luego, no fue para tanto). Eso me obligaba a hacer la
vuelta por el norte.
La ruta es
una prolongada caminata, que no se hace larga por la amenidad del paisaje. No
presenta la menor dificultad, salvo tener claro hacia dónde ir en los cruces
durante el faldeo, que está sin balizar pero cuenta con referencias claras. La
mejor de ellas es la inmensa mole de La Sagra, que debe de dominarnos a la
derecha todo el tiempo.
RELATO GRÁFICO:
Del
propio aparcamiento de la Ermita de las Santas Mártires del Monte, arranca el sendero
balizado PR-A 231, que llega a la misma cumbre de La Sagra, cuya antecima
oriental se veía ya desde el inicio. Siguiendo las señales blanquiamarillas,
pasé ante la puerta del templo y remonté una breve ladera por donde el agua
corre por unas piletas escalonadas, hasta…
… salir a
una pista forestal. Tomándola a la derecha (NE) alcancé pronto el lomo de la
montaña junto al Cortijo de la Torre. Al noreste, llamaba la atención la
abrupta geología de los Castellones alzándose sobre un paisaje alomado. Más a
la derecha, se iba mostrando también una cresta importante: la de las Cabras,
en la Sierra de Taibilla.
Mirando
atrás, al sur, se veía la boca del valle de las Santas, por donde corre el Río
Huéscar entre unas lomas boscosas, que maravillan en medio de esta árida
comarca.
Sobrepasada
la casa, en la siguiente curva, dejé la pista por un sendero que sale a la
izquierda (SO) y asciende siguiendo la cuerda de la sierra.
Aunque
con algún corto tramo empinado, la subida está muy suavizada a base de lazadas.
Además de claramente señalada. Al salir a otra pista, la tomé a la izquierda
(O) y…
… al
bifurcarse al poco, continué por la derecha (N).
Hacia los
1.440 m de altitud, la pista hace una curva a la derecha y deja de subir y el
PR se bifurca. Como se ve, hay quien llega hasta aquí en coche, reduciendo el
desnivel en casi 200 metros pero, si se quiere hacer la ruta circular por el
Bosque Vertical, no interesa. Un cartel indicaba curiosamente que por las dos
ramas de la bifurcación se va a La Sagra; bien, la de la derecha, por la pista,
es una variante del PR que atraviesa por la vertiente norte y vuelve al lomo
más arriba, en el Collado de las Víboras. Yo preferí la opción más directa, por
la cuerda, y fui por la izquierda; es decir, subiendo recto (NO) por la senda
que allí se desgaja.

Esta
vereda es más estrecha pero está muy clara y bien trazada y la remontada es
cómoda. Y posiblemente más bonita, no sólo por la mayor integración en el
bosque; al ganar altitud, fueron asomando riscos sobre las copas de los pinos,
conformando el típico paisaje subbético. Siempre he dicho que, por estas
sierras, la naturaleza se hace jardinera. Aunque la densa vegetación impedía
ver el panorama hacia el valle, ocasionalmente…
… un
hueco en el ramaje permitía echar un vistazo. Un ejemplo: dos de los peñones de
los Miravetes, bellamente enmarcados por follajes de pino y encina.
Entre los
1.550 y 1.600 m de altitud, llegué a un claro en el que, a la derecha de la
senda, una roca se destacaba sobre la pendiente. Encaramándome a la misma, tuve
una buena visión del horizonte nororiental, quebrado por las crestas de Las
Cabras, Los Obispos y Mojantes, especialmente airoso este último, sobre algunos
cerros menores.
Al noroeste,
junto a las torres de Miravete, la árida Cuerda de la Guillimona.
De vuelta
a la senda, ésta se encuentra con otra que corta transversal la ladera al pie
de los riscos del Peñón Grande de la Peguera, sobre los que asomaba de nuevo la
antecima de La Sagra. Siguiendo siempre las marcas del PR, giré a la izquierda
(SE) para…
…
proseguir la subida a través del bosque. En esta zona, incluso alguien se
entretuvo en colocar piedras limitando la senda. Un auténtico paseo.
A mi espalda,
más allá del característico Morrón de los Lobos, que se alza sobre el valle de
Las Santas, iba asomando la Sierra de María.
La
vegetación se aclaró al llegar al Collado de las Víboras, ya a 1.850 m de
altitud. Allí aparece la subida final y más recia hasta la cresta: los 450 m de
desnivel hasta la antecima oriental. A la izquierda, …
… el
panorama meridional aparecía más abierto, mostrando ya los cordales sucesivos
de María y Orce, entre el más cercano de las sierras de Montilla y Jurena y el
lejanísimo de los Filabres, donde destacaba picuda, a pesar de estar a 80 km,
la Tetica de Bacares.
A partir
de este collado, se acabó la soledad, pues en el mismo se encuentra esta ruta
con la más frecuentada del Collado de Abajo. Tras cruzar la amplia horcada,
reemprendí la subida por el lomo. A mi espalda, el panorama oriental era cada
vez más impresionante, sumándose a las crestas ya mencionadas las sierras de
Pedro Ponce y Espuña, a la izquierda, y del Gigante, a la derecha, que flanqueaban
el Morrón de los Lobos.
Si la
subida era ahora empinada y pedregosa, seguía siendo cómoda, merced a la buena
senda. Hay algunos pequeños escalones de roca pero ninguno requirió más que
levantar bien la pierna.
Al oeste,
se iban descubriendo las sierras del Segura, destacando la Cuerda de la Linde y
las Banderillas. Más cerca, me llamaron la atención unos curiosos estratos
ojivales en la ladera de enfrente.
Algo más
a la derecha, al noroeste, destacaban en el horizonte las siluetas de las
Palomas y el Almorchón, este último un pico de altitud modesta pero airoso como
pocos por aquí.
El
principal accidente de la ruta es un resalte, hacia los 2.250 m de altitud, que
la senda cruza por un pasillo, empinado pero libre de obstáculos. A la salida
del mismo, me fijé en que, al este, más allá de las sierras de Moratalla y
Mojantes, a través del hueco…
… entre
las reconocibles siluetas del Cerro de los Odres y la Peña del Reloj, se
llegaban a distinguir las siluetas nebulosas de las montañas del norte de
Murcia; posiblemente, crestas de las zonas de Ricote y La Pila.
A
continuación, la senda me llevó, camino de la cumbre aún invisible, a la
vertiente norte para rodear la antecima (2.304) y el hombro orientales. En medio,
pasé sobre…
… el
Embudo, gran cóncavo hoy reseco pero que, con nieve, se convierte en la ruta
invernal fácil y espectacular que había utilizado en anteriores visitas.
Al paso
por el citado hombro oriental, descubrí por fin el hito cimero. Pero, antes de
dirigirme al mismo, me desvié a la izquierda (SE) de la senda y remonté la
breve rampa pedregosa que me separaba de la cuerda.
Este
mínimo rodeo se justifica por el impresionante panorama que se divisa desde
esta punta y que, desde la cumbre, queda limitado por la propia arista. El arco de montañas que, de
la Guillimona al Gigante, limita el extenso altiplano en que convergen las
provincias de Granada, Almería y Murcia.
Al otro
lado, Ya sólo me quedaba recorrer un corto tramo de cuerda ancha y pedregosa
hasta el hito cimero. A la izquierda se descubría Sierra Nevada, donde…
…
destacaban el Mulhacén y el Veleta, mostrando este último el Corral, su única
vertiente bravía.
Desde la
cumbre, el horizonte al sur mostraba, más allá de los modestos cordales que
rodean Huéscar, la larga línea que forman las sierras del Gigante, María y
Orce, junto al más lejano de las de los Filabres y Baza. Por desgracia, el humo
de una quema o un incendio (no llegué a saberlo) enturbiaba este amplio
panorama.
Al otro
lado, al norte, el color apagado y el aspecto plano ocultaban la verdadera
naturaleza, tan verde y compleja, de las sierras de Cazorla, Segura y Las
Villas. Junto a crestas ya vistas, llegaba a distinguirse ahora, malamente, es
cierto, cerca del extremo izquierdo de la foto, …
… las
siluetas imprecisas del grupo del Pico Cabañas y de la Empanada, flanqueando el
más cercano Tornajuelos.
Reemprendí
la marcha continuando por la cresta al suroeste, muy concurrida en ese momento.
Pronto volvería la soledad, al dejar las rutas más usuales. De momento, seguía
contando con senda, pero sin marcar como PR. En el horizonte occidental, más
allá de Sierra Nevada, había aparecido el bulto de la Sierra Arana. Más cerca,
a la izquierda, me llamó también la atención las formas atractivas de una
serrezuela acastillada. Marmolance se llama. Tomo nota. Y, entre ésta y Sierra
Nevada, la sombra aislada del Jabalcón me traía buenos recuerdos. En fin, lo
dejo, que aún tengo que bajar.
Tras un
primer tramo de suave pendiente, pasé…
… un
hombro tras el que la cuerda se ensancha y empina, asomando la quebrada cresta
de la Sagra Chica que, si no hubiera una senda tan clara y pisada, puede servir
de referencia. Por cierto, mirando el mapa, me enteré que el cerro que se ve
entre la misma y el embalse de detrás, chaparro y arrugado, se llama Moncayo.
Para pregunta de Trivial montañero.
El
descenso fue rápido por esta fuerte pendiente pedregosa, dulcificada por una
senda clara y bien trazada. Y pronto, empecé a ver, a la derecha, los pinos de
la vertiente del Bosque Vertical.
Antes,
llegué obviamente al collado que se abre entre las dos Sagras. Desde ahí se
veía muy bien la cresta de la Sagra Chica, que dicen que es asunto de
escaladores pero, vista de cerca, creo que es accesible si uno no se empeña en
tragarse todos los pasos por derecho. Creo que otro día habrá que tantearla
pues subir por ahí puede ser interesante para completar toda la cresta de la
sierra. En fin, un poquito antes de llegar a la horcada, bajé por la vaguada derecha (N), siguiendo…
… la
senda a través del pinar. Éste es muy empinado y hermoso pero igual lo de
Bosque Vertical es un poco exagerado, a no ser que…
… el
nombre se refiera a los árboles que crecen en las grietas de los riscos de la
Sagra Chica. Este fenómeno, por otra parte, no es raro en la montaña subbética
y no es el más espectacular que he visto. En todo caso, si el paraje no es
impresionante, es bonito.
El
descenso seguía rápido y cómodo y no tardé en dejar atrás la cresta, que veía
sobresalir de las copas si miraba atrás al paso por algún claro.
Al
remitir la pendiente, aparecieron hitos, algunos de gran mérito, marcando el
camino. Al desembocar en un carril más ancho, los mismos me llevaron a la
izquierda (NO) y enseguida a la derecha (N), volviendo a caminar por vereda
estrecha pero clara.
Tras un
tramo entre denso arbolado, desemboqué en una pista ancha y deteriorada, sobre la
que se veían los roquedos de La Sagra.
Girando a
la izquierda (O), continué bajando y, al doblar un casi imperceptible morro,
apareció…
… el
Collado Blanco, con su cortijo, allí acabaría la bajada como tal, para pasar al
faldeo de la vertiente norte. Sin llegar a la horcada, el carril que seguía…
…
desembocó en otro, que tomé a la derecha (N), hacia donde se veía el Cerro del
Almirez y su collado, siempre guiado por los hitos.
Caminaba
ahora por un breve tramo despejado, entre prados y matorrales, con La Sagra
dominándome a la derecha y…
… las
laderas meridionales de la Sierra del Segura al otro lado, más allá del
vallecito del Río Raigadas, que, al remontarlo, me llevaría hasta el Collado de
Abajo.
En el
collado (1.547) junto al Almirez, volví al bosque y se acabaron las
panorámicas, salvo al pasar por algún eventual hueco en el arbolado. También
desaparecieron a partir de ahí los hitos y comencé a prestar más atención a la
orientación en los cruces.
Al
cruzarme con otra pista, hice un doble giro izquierda (O) - derecha (NE), para
continuar el faldeo. Aquí, un claro más amplio, me permitió ver La Sagra, ahora
con más amplitud.
También,
a veces el tajo de la pista en el bosque dejaba ver los roquedos superiores. En
este tramo, dejé de lado algún desvío; fui siempre siguiendo la pista con mejor
pinta y manteniendo más o menos cota, pues estaba a menos de 1.450 m, algo por
debajo de la altitud del collado que había de cruzar.
Esto fue así
hasta que el carril hizo una curva a la izquierda cerca del Cortijo del
castillo, que no se llega a ver. En el vértice de la misma, tomé a la derecha
(N)…
… una
estrecha senda, que el mapa llama Camino de los Cortijos Nuevos.
La vereda
se ensanchó por un momento, al llegar una pista, que crucé recto (NE),
siguiendo por trazo estrecho. Los pinos se mezclaban aquí con encinas y sabinas
de menor porte, lo que me permitía ver algo de panorama, como esta bonita vista
de los Miravetes y la afilada Loma de Montilla.
Poco
después, desemboqué en una pista frente a los Cortijos Nuevos de la Sierra que,
ahora sí, tomé a la derecha (SE), para continuar el faldeo de La Sagra.
A la
vista del cerrillo acotado en el mapa como (1.495), desemboqué en el carril de
acceso, de cemento, a otro cortijo, que dejé a la derecha. Tomándolo a la
izquierda (NE), crucé un arroyo y atravesé el collado de la cota citada, yendo
a salir a un terreno despejado junto a otra casa. Acababa ya la remontada del Raigadas
y…
…
apareció ante mí el Collado de Abajo. Al llegar a la carretera, la seguí unos
metros a la derecha (NE), justo hasta pasar el cambio de rasante. A la derecha,
…
… La
Sagra lo dominaba todo, mostrando su característico Embudo.
Como
decía, pasé el cambio de rasante, de donde sale una pista cerrada y prohibida
al paso. En vez de esa vía, tomé a la derecha (E) otro camino menos visible
pero cuyo arranque se percibía amarillento más allá del prado que bordea la
carretera.
Se trata
del llamado Camino de los Cuartos, que desciende suavemente por la vertiente
derecha del naciente Río Huéscar, que constituye la vaguada occidental del
collado y que me llevaría a completar el faldeo hasta Las Santas. El denso
pinar volvió a limitarme la vista hacia el monte, excepto…
… al paso
por unos pocos huecos. De uno a otro, La Sagra se mostraba cambiante pero
siempre bella.
Al llegar
a una zona de campos cultivados, la pista me llevó por la linde del bosque,
hasta que la tira de terreno roturado…
… acabó
contra unos matorrales. Y el carril también. Fijándome, vi un hueco en el
frente vegetal (tercio derecho de la foto) y, asomándome al mismo, un trazo
estrecho pero claro que cruzaba un arroyuelo.
Lo seguí y
desemboqué en un carril que, tomado a la izquierda (NE), me condujo a los pocos
metros a una pista mejor, que tomé a la derecha (SE).
Por ella
proseguí el faldeo, viendo ahora a la izquierda, que tenía despejada, el
contraste entre la reseca cresta de la Guillimona y la vegetación cercana.
Cuando el
carril se bifurca, seguí por la izquierda (NE).
Desde el
claro que abre la bifurcación, se divisé de nuevo La Sagra que mostraba ahora
su lomo nororiental, por donde había subido, anunciando la cercanía del final.
Más
señales de que estaba cerrando el circuito: delante, se descubrió el Morrón de
los Lobos, el pico aquél que dominaba la boca del valle de Las Santas.
El
vallecito en sí, apareció al llegar junto al Cortijo de la Torre, donde me
reencontré con las estacas del PR-A 321.
Pisaba terreno conocido de esa mañana y ya sólo me quedó deshacer el poco
camino que me quedaba hasta…
… la
Ermita de las Santas Mártires del Monte. Desde los últimos metros, podía ver detrás,
mejor ahora con la luz vespertina, este hermosísimo valle de Las Santas que
abre el Río Huéscar.
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