Croquis
de la ruta sobre ©GOOGLE EARTH
COMENTARIOS: Ruta muy
bonita y variada, con un par de peros. El primero es que, en el acceso al
collado de Peñachana, perdí la traza. Y lo mismo de ahí a la cumbre. Es posible
que la haya y que estuviera tapada por la nieve. Lo cual no sería grave si el
terreno no fuera tan incómodo y la nieve, que siendo más consistente hubiera
facilitado las cosas, no estuviera tan blanda que tapaba los cantos y matojos,
sin impedir irlos pisando. Por otra parte, esta alternativa a la “normal”
permite un recorrido por el karst que merece la pena.
El segundo pero está en la
continuación hasta el Collado Busbigre, en vez de bajar desde el collado
(1.691) entre el pico del mismo nombre y la cota secundaria (1.708). Esto, si
bien permite realizar buena parte de la bajada por un carril muy cómodo y
panorámico, es a costa de un descenso bravío, poco agradable. Encontré bandas
de matorral muy denso; escalones de tierra y cantos que, sin oponer dificultad,
obligaban a tener cuidado, y, entre ellos, pendientes fuertes de hierba que,
con su glaseado de nieve, resbalaban lo suyo. Y, aquí, estoy seguro de que no
hay traza. No estoy seguro de que fuera buena idea. Pero aquí queda.
RELATO GRÁFICO:
Así de
claro estaba el día cuando aparqué a la entrada de Villa de Sub, con el Pico
Ferreirúa destacando al otro lado del valle.
Comencé
por subir, a través de las callejuelas del pueblo hasta lo alto del mismo, de
donde salen dos caminos. Tomé el de la izquierda (NO), pasando a…
…
atravesar la ladera, ascendiendo en suave diagonal. Al poco, el carril de
cemento acabó y seguí por la derecha (N), tomando…
… una
senda que continúa ganando altura.
Al llegar
a una amplia vaguada en el paraje de La Cima, la senda, muy borrosa ya, giró
para encarar la pendiente.
La nieve
que había, escasa e inconsistente, no ayudaba a seguir la traza y, fuera de la misma,
el terreno era incómodo.
Atravesé
un par de bandas de roca por sendos estrechos, donde el camino se aclaraba e
incluso había hitos marcando el paso.
Salí de
la vaguada a una ladera abierta, donde la senda volvió a aclararse y giró para
ascender más suavemente en diagonal.
Podía
haber remontado la pendiente a mi derecha para alcanzar el llano culminante de
la sierra. No lo hice, pues pensé que la senda iría buscando una subida más
cómoda. No fue así, pero no adelantemos. De momento, iba atravesando la ladera,
viendo…
… el
valle y el Cordal de la Mesa a mi izquierda.
Si miraba
atrás, podía ver cómo iban asomando, poco a poco, las crestas del Macizo de
Ubiña, con la peña que le da nombre y los Picos del Fontán a la derecha.
La
travesía acabó al dar vista al valle del Teverga; allí, giré a la derecha (NE)
para…
…
remontar el lomo de La Peña. Si hay algún tipo de traza, fui incapaz de dar con
ella. Y la subida, con dos dedos de nieve fresca cubriendo todos esos cantos y…
…
matojos, fue incómoda y laboriosa. Aunque sin dificultad. La vista atrás, hacia
las vertientes del Cordal de La Mesa era impresionante. Y, en éstas, comenzaron
a caer copitos de nieve. Con lo despejado que estaba cuando salí.
Pero, en
ausencia de viento y con una temperatura fresca pero no fría, no se estaba mal.
Además, a partir de cierta altura, el terreno se hizo algo más regular,
facilitando la progresión. Y, también, la contemplación del panorama, sombrío
pero bonito, tanto a mi izquierda, hacia las crestas de la parte de Teverga,
como al lado contrario, hacia…
… las
Ubiñas y el Pico de la Ferreirúa, que enmarcaban el Puerto de la Ventana y el
Val de San Pedro.
Así,
llegué a la collada (1.623) que se abre junto a Peñachana, donde me reencontré
momentáneamente con el camino, que está incluso afirmado con piedras (se ve en
la foto) al rodear el par de dolinas que allí hay. Es lo que tienen los puntos
de paso obligado; luego, al salir del estrecho, volvería a perderlo enseguida.
También, la vista de la cumbre, que llegué a vislumbrar un momento (es el
último pico a la derecha del horizonte más lejano). Al otro lado del paso, se
abrió…
… ante mí
la Vallada de Calmeirín. Girando a la derecha (E), pasé a…
…
atravesar la ladera, procurando perder la menor altura. Pero lo incómodo del
terreno, acabó por hacerme descender al fondo del barranco para…
… ganar
por terreno más cómodo otra collada, al norte de la cota marcada como 1.674 en
el mapa, desde la cual…
… se
veían así la vallada baja Peñachana y el horizonte occidental.
Por
delante, un complejo terreno kárstico, lleno de ondulaciones. Había dejado de
ver la Peña Saleras, pero, sabiendo que debía de estar al sureste, me mantuve
en esa dirección en lo posible. La nieve cubría los huecos entre guijarros,
pero sin sostener mi peso, haciendo la progresión penosa. Al atravesar la
collada, vi...
… un tubo
que subía a la izquierda, en cuyo fondo había una capa de nieve más regular. Lo
remonté, yendo a salir a…
… lo alto
de un lomo junto al Pico de Candipuercu, desde donde volví a ver la cumbre. A
partir de ahí, fue dirigirme hacia ella.
A mi
izquierda, apareció el resto del llano culminante de esta sierra. Mientras
tanto, había dejado de nevar y…
… las
nubes se retiraban poco a poco. El propio terreno me llevó a subir primero la
punta oeste (1.772), desde la cual…
… tenía
este panorama mirando atrás, antes de…
…
atravesar la ligera depresión que la separa de la cima principal de Peña
Saleras. Desde el hito, descubrí al otro lado…
… el
hueco del Collado de la Ventana entre el Morro Negro y el Pico de la Ferreirúa
a la derecha y, al otro lado, el…
… Macizo
de Ubiña, a la izquierda del cual…
…
destacaba Peña Rueda. Siguiendo el giro, las nubes cubrían las montañas en el
arco oriental hasta…
… que se
abrían al norte, dejando ver una brillante Sierra de Aramo.
Al
noroeste, la punta secundario por la que había llegado, tapaba casi toda la
perspectiva. Más a la izquierda, sí que…
… llegaba
a verse la Peñachana, como referencia de mi ruta. Muy a lo lejos, como
enmarcado por las nubes, se veía el Cornón de Peñarubia (centro de la foto). En
fin, acaba la vuelta…
… de
horizonte en las crestas de Babia, donde, además de los de antes, llegaba a
identificar la Calabazosa, Peña Orniz o los Bígaros. Delante, tenía el inicio
del regreso, por el ancho lomo que, al sur (derecha al llegar) se proyectaba
hacia el Calmeirín.
Aquí, por
fin, terreno cómodo, ya que, bajo la capa de nieve reciente, había otra más
dura, ideal para caminar. Tras despedirme de la cumbre al paso por el
Calmeirín, fui…
…
perdiendo altura al otro lado, con las Ubiñas delante. En la cota 1.769, al
incrementarse la pendiente, giré a la derecha (SO)…
… para
bajar con más comodidad. Recuperé dirección, girando a la izquierda (SE),
cuando vi terreno cómodo.
Además,
me encontré una huella, que guiaría y facilitaría mis pasos un trecho.
Siguiéndola, me dirigí a la arista suroeste del Pico Busbigre, que alcancé en ese
collado (1.694) a cuyo través se divisa Peña Rueda. Al final, con nevada y
nubes, el día estaba siendo bonito. En fin; llegando a la cuerda, la seguía a
la izquierda (NE).
Desde
aquí, volvía a ver la cumbre a la izquierda.
Y,
mirando atrás, las montañas de Babia, cada vez más soleadas.
Aunque el
filo de la arista es agudo, en ningún momento me encontré pasajes expuestos. Al
paso por la cota 1.729, pude…
… ver el
Collado Busbigre, donde dejaría el cresteo, por delante del Macizo de Ubiña. Al
lado contrario, otra…
…
perspectiva de la cumbre.
La huella
me llevó por el flanco izquierdo de la arista, en un trazado…
… cómodo
y poco expuesto, como se ve en esta mirada atrás.
Ya en el
Pico Busbigre, mirada final a Peña Saleras, antes de…
…
descender por la cuerda que caía a la derecha (SE), hacia una cota intermedia
(1.708) y el Collado Busbigre. El terreno hasta aquélla fue muy cómodo.
Hay una
bonita perspectiva de la Sierra de Aramo desde…
… la
horcada intermedia, donde las huellas que seguía dejaron la cuerda para bajar a
la derecha. Debería haberlas seguida, pero, como me había propuesto llegar al
Collado Busbigre, seguí por lo alto. Ya llegando a la cota (1.708) antes
citada, me encontré una banda de matorral muy denso y sin huecos.
Al otro
lado, una bajada más empinada de lo que me había parecido hasta entonces.
Además, alternaba matorral y pequeños escalones inestables, todo ello…
…
cubierto por nieve inconsistente. Sin haber dificultad técnica, el descenso
tuve que tomarlo con precaución y…
… llegó a
ponerse delicado, por resbaladizo, en algunos momentos. Pues, en esa fuerte
pendiente, cuando faltaba la nieve, lo que había era hierba mojada y barro
arcilloso. Así que, por hermosas que fueran las vistas de las Ubiñas, fue un
alivio fue llegar al Collado Busbigre para dejar allí la cuerda por la derecha,
tomando…
… el
camino que lo atraviesa, reconocible pese a la nieve. Al separarme de la
divisoria, vi a mi izquierda…
… esta
bonita imagen del extremo de la cresta de las Ubiñas, del Ranchón a su final en
Campo Faya.
Al perder
altitud, la nieve desapareció, mientras descendía bajo las paredes que
sostienen el llano cimero. Al otro lado, a…
… mi
izquierda, iba descubriéndose la cabecera del Val de San Pedro. Pasada una
collada (1.319), …
… atajé
una curva de la pista y, poco después, junto a unos carteles…
… la dejé
definitivamente por una senda estrecha, empinada y asquerosamente embarrada,
por la cual…
… acabé
de descender hasta Villa de Sub, donde llegué con el ambiente casi tan soleado
como al salir.
Aupa Luiso!
ResponderEliminarPreciosa zona de la Asturias más recóndita. Interesante ascensión por si misma y por la maravilla de vistas que ofrece. Las veces que he estado en Teverga siempre me ha llamado la atención este cordal calizo desde Peña Sobia al Saleras. Sus fuertes pendientes, su desnivel, su salvaje belleza. Te hace girar bien el cuello desde abajo. Con nieve le da un plus que seguro disfrutaste mucho.
Por fin puedo ver una vertiente que desconocía y tenía ganas de observar y que me parece increíble: Los más de 1000 m. de desnivel que separan el Pico Campu Faya de las camperas altas de la aldea de Bueida. 1 km de salvaje vertiente norte. No creo que sea muy frecuentada...
Se ve bien Peña Rueda y esa última foto de la mesa con las vistas del valle... es para enmarcar. Qué no lo sepa mucha gente, je, je.
Un abrazo
Gracias por el comentario Alfredo. Y nada que añadir; el día, pese a los cambios del tiempo, terminó más que positivamente.
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